Estados Unidos abandona la OMS tras acusarla de servir a intereses políticos
Washington formaliza su salida de la agencia sanitaria de la ONU alegando su gestión fallida de la pandemia.
El Gobierno de Trump culmina el proceso iniciado en 2025, corta toda financiación y acusa a la OMS de someterse a presiones políticas.
El 22 de enero de 2026, el Gobierno de Estados Unidos completó formalmente su retirada de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dando por finalizada su participación institucional, operativa y financiera en el organismo. La decisión, ejecutada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Departamento de Estado, se fundamenta en el diagnóstico de que la OMS actuó de manera negligente durante la pandemia de COVID-19 y que no ha introducido reformas suficientes para garantizar su independencia y eficacia.
Fin de la participación estadounidense
Según la declaración conjunta del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y el secretario de Estado, Marco Rubio, la retirada se justifica por "el mal manejo de la pandemia por parte de la OMS", su negativa a adoptar reformas internas y su "incapacidad para mantener independencia frente a la influencia política indebida de algunos de sus Estados miembros". Ambos responsables señalaron que el objetivo es proteger la salud del pueblo estadounidense mediante acuerdos bilaterales directos.
Desde que el presidente Donald Trump firmó la orden ejecutiva EO 14155 el 20 de enero de 2025, Estados Unidos ha dejado de financiar la OMS, ha retirado a todo su personal, ha interrumpido cientos de colaboraciones técnicas y ha cesado su participación en órganos de gobernanza de la organización. En promedio, las contribuciones de EE.UU. a la OMS superaban los 680 millones de dólares anuales, lo que representaba más del 20 % del presupuesto operativo del organismo.
Acusaciones de opacidad y politización
El Gobierno estadounidense argumenta que la OMS retrasó la declaración de emergencia mundial y propagación de la COVID-19, restando importancia durante semanas a la transmisión entre humanos y el contagio asintomático, pese a tener ya evidencias. Durante ese periodo, el liderazgo de la OMS elogió públicamente la respuesta de China, lo que, según Washington, contribuyó a un desfase crítico en la reacción global.
Otro de los puntos de fricción ha sido el informe final del organismo sobre los orígenes del virus. El Gobierno de EE.UU. critica que dicho informe rechazó sin pruebas concluyentes la posibilidad de un accidente de laboratorio, mientras China negó el acceso a datos genéticos clave y detalles sobre las condiciones de bioseguridad en el Instituto de Virología de Wuhan.
Reacción de la OMS: "Una decisión que deja al mundo menos seguro"
Dos días después del anuncio estadounidense, la OMS publicó una declaración oficial en la que lamenta la decisión y la califica de perjudicial tanto para EE.UU. como para el resto del mundo. La organización defiende su actuación durante la pandemia, asegura haber actuado con rapidez y transparencia, y rechaza las acusaciones de politización. El texto destaca que la OMS "no recomendó confinamientos ni vacunaciones obligatorias", sino que proporcionó pautas generales para que cada Estado adoptara sus propias decisiones.
La OMS insiste en que su labor ha sido reconocida por numerosos Estados miembros y que continuará funcionando con el respaldo de los 193 países restantes. Asimismo, recuerda que Estados Unidos fue miembro fundador del organismo en 1948 y que su papel fue clave en hitos como la erradicación de la viruela o la lucha contra la polio y el VIH.
Consecuencias operativas y financieras
La retirada de Estados Unidos implica una pérdida significativa de recursos para la organización, que ya ha comenzado a recortar su estructura interna. Según fuentes institucionales, la OMS se verá forzada a reducir su equipo directivo y podría despedir a una cuarta parte de su personal global antes de mediados de 2026.
Washington, por su parte, ha señalado que mantendrá su liderazgo global en salud pública mediante alianzas directas con países y organizaciones no gubernamentales. Entre los planes anunciados se encuentra la creación de nuevos acuerdos bilaterales para vigilancia epidemiológica, intercambio de datos y respuesta a brotes infecciosos.
Controversia sobre el pago de cuotas pendientes
Un punto no resuelto es el de las cuotas financieras. Estados Unidos debe aproximadamente 260 millones de dólares correspondientes al periodo 2024-2025. Sin embargo, el Gobierno sostiene que no existe obligación legal de saldar esa deuda antes de la retirada y ha anunciado que no abonará los importes pendientes. La OMS, por su parte, ha planteado el asunto ante el Consejo Ejecutivo que se reúne en febrero, y podría elevarlo a la Asamblea Mundial de la Salud en mayo.
Desde el punto de vista legal, el conflicto gira en torno a los estatutos de la OMS y la interpretación del compromiso financiero de los países miembros. Varios expertos advierten que la organización carece de mecanismos efectivos para exigir el pago de esas cuotas.
Estados Unidos propone un nuevo modelo
El Gobierno estadounidense ha defendido que su salida de la OMS responde a la necesidad de establecer un modelo de cooperación sanitaria más eficaz, transparente y centrado en resultados, al margen de estructuras burocráticas. El nuevo enfoque será liderado por el Centro de Salud Global de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), con presencia en más de 60 países.
Washington promete que seguirá liderando salud global, pero por otra vía: acuerdos directos con países, sector privado, ONG y entidades religiosas. Menos "gran catedral multilateral", más "red de acuerdos bilaterales con sello propio".
La OMS, por su parte, insiste en que la cooperación coordinada es indispensable y deja la puerta abierta a un eventual regreso estadounidense.
Y así queda el escenario: dos relatos, una institución con menos caja y un mundo mirando el ticket.
Porque la realidad, hoy, es esta: Estados Unidos se levanta, se pone el abrigo… y en Ginebra se quedan mirando la factura.
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