
La peste porcina africana (PPA) vuelve a encender las alarmas en Cataluña tras detectarse dos casos fuera del radio inicial del primer y único foco detectado en España. El consejero de Agricultura de la Generalidad, Òscar Ordeig, ha notificado un total de 13 nuevos casos, pero dos de ellos se han localizado en una urbanización de Molins de Rei (Barcelona). Como consecuencia directa, tanto este municipio como el colindante El Papiol pasan a formar parte de la zona de riesgo.
Aunque el foco no afecta, por ahora, a ninguna granja, el Govern no quiere confiarse. Se reforzarán los cercados perimetrales en la N-II y la B-23 y se intensificarán las batidas en un radio de 20 kilómetros alrededor de los casos detectados. La prioridad es clara: evitar que el virus dé un salto inesperado y fulmine a la ya maltrecha ganadería porcina de Cataluña y también a la del resto de España.
Mayor dispositivo y vigilancia reforzada
Los dos casos fuera del perímetro se han detectado a dos kilómetros de la zona considerada de alto riesgo. Su inclusión en este radio implica medidas contundentes: cierre total del acceso al medio natural, suspensión de la caza y paralización de trabajos forestales.
Además, queda prohibido alimentar a los jabalíes o realizar cualquier actividad que pueda favorecer su desplazamiento o dispersión. La Generalidad también veta la manipulación o retirada de elementos de contención y control biológico y pide que se avise al 112 ante la aparición de cualquier jabalí muerto o moribundo.
El Govern ha ampliado el dispositivo de actuación en consonancia con la nueva zona de riesgo. Se refuerzan los controles y la vigilancia sobre el terreno. El dispositivo de seguridad sigue activo y, desde la semana pasada, se realizan capturas en colaboración con ayuntamientos y colectivos de cazadores, que se intensificarán en los próximos días. Ordeig ha pedido "no bajar la guardia" y seguir de forma estricta las indicaciones de los expertos para impedir que la enfermedad se extienda a nuevas áreas.
Un virus "distinto" que preocupa a medio plazo
El virus detectado en Cataluña presenta, según los técnicos, una "firma genética diferencial" y un comportamiento distinto al de los brotes más agresivos registrados en otros países europeos. Es decir, podría no ser especialmente virulento. Pero ahí reside precisamente la preocupación.
Un virus menos agresivo puede resultar más difícil de detectar y erradicar, porque se mueve despacio y puede permanecer más tiempo circulando entre la fauna silvestre, especialmente los jabalíes, según ha señalado el primer informe elaborado por el Comité científico creado tras la aparición del brote.
El documento subraya que una menor virulencia puede incluso aumentar el riesgo a medio plazo, al "prolongar el periodo infeccioso y favorecer la persistencia en fauna silvestre". En otras palabras, no se trataría de un estallido inmediato, sino de una amenaza silenciosa que obligaría a mantener durante más tiempo —y con mayor coste— los planes de vigilancia y control.
Por ahora, la enfermedad no ha saltado a explotaciones ganaderas, pero el hecho de que el foco haya traspasado el primer perímetro de seguridad confirma que la batalla contra la PPA no está en absoluto ganada.



