
Hace más de cien años que el lince boreal (Lynx lynx) desapareció de los bosques españoles, especialmente de la cordillera pirenaica tras la caza del último ejemplar conocido en el Ripollés (Gerona) en 1930. Hoy, sin embargo, un proyecto impulsado por la Asociación Lince Boreal quiere explorar seriamente la posibilidad de recuperar este magnífico felino y temible depredador en nuestros montes y valles.
El lince boreal es uno de los grandes felinos europeos: mide entre 80 y 130 cm de largo, con una altura de 60 a 75 cm y un peso que suele oscilar entre 18 y 30 kg. Su cuerpo es robusto, con patas largas que le ayudan a moverse con sigilo por bosques de coníferas de Escandinavia, pasando por los bosques siberianos, de Europa Central y el este de Asia.
Su pelaje va desde tonos rojizos hasta grisáceos, salpicado de manchas que le ayudan a camuflarse entre la vegetación. Sus ojos tienen un bello e intimidante tono dorado y sus características orejas terminan en esos "pinceles" negros que también se ven en el lince ibérico.
Vida, caza y territorio: el día a día del lince boreal
Más que un simple cazador, el lince boreal es un depredador sigiloso que aprovecha el amanecer o el atardecer para emboscar a sus presas. Gracias a su agudo oído y su excelente visión, puede acechar a ungulados (corzos, ciervos, rebecos) y pequeños mamíferos. Se acerca con sigilo, ejecuta un salto rápido y preciso y mata por asfixia a grandes presas o rompe la columna vertebral de las pequeñas.
Los linces boreales son animales solitarios que defienden amplios territorios propios y solo se juntan para reproducirse. La época de apareamiento llega con el invierno, y las hembras pueden dar a luz a entre uno y cinco cachorros por camada.
‘Primo’ del lince ibérico
En España estamos más familiarizados con otro miembro de la familia: el lince ibérico (Lynx pardinus). Todo apunta a que ambos linces convivieron en el norte de España en el pasado, hace cientos o miles de años, aunque no hay pruebas definitivas que lo demuestren, según el Ministerio para la Transición Ecológica.
Sin embargo, algunos científicos creen que no solo convivieron, sino que llegaron a cruzarse entre ellos de forma relativamente frecuente hace unos 3.000 años.
Es decir, que pudo haber linces ‘mezclados’ genéticamente entre boreales e ibéricos en la antigüedad.
Con el paso del tiempo, el lince ibérico quedó "aislado" al sur de la Península Ibérica, mientras el lince boreal emigraba hacia el norte hasta desaparecer por completo. Al separarse geográficamente, dejaron de encontrarse y, por tanto, ya no hubo cruces entre ambas especies.

¿Volver a ver linces en los Pirineos?
El lince boreal desapareció en España debido a la caza y la pérdida de hábitat. Varias asociaciones conservacionistas han planteado la posibilidad de evaluar la reintroducción del lince boreal en zonas como el Parque Natural del Alto Pirineo catalán.
En algunos de estos planes se contempla incluso liberar ejemplares nativos del este de Europa, aunque inicialmente con medidas como la castración para evitar una reproducción no controlada mientras se evalúan los efectos ecológicos.
La Asociación Lince Boreal impulsa esta iniciativa que no acaba de convencer a algunos científicos y asociaciones animalistas. Dudan acerca de cómo encajaría un nuevo depredador en los ecosistemas actuales del norte de España, donde el lobo y el oso ya tienen su territorio.
También se han planteado dudas acerca de si recuperar al lince boreal puede poner en peligro al lince ibérico después de todos los esfuerzos por salvarlo de la extinción. Si existe la sospecha de que ambos linces pudieron hibridarse en el pasado, es posible que vuelva a suceder provocando la desaparición del ibérico.
Por último, la introducción de un nuevo depredador en las zonas rurales del norte de Cataluña también puede suponer un conflicto con los humanos y la actividad ganadera y cinegética, lo que o que reaviva el debate sobre hasta qué punto estos proyectos pueden impulsarse sin un respaldo social amplio en las zonas afectadas.


