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Levantar pesas no es de culturistas: la clave para una vejez sin dependencia

Dos o tres sesiones semanales de trabajo muscular bastan para fortalecer la densidad ósea y evitar la fragilidad, superando los beneficios del cardio.

Dos o tres sesiones semanales de trabajo muscular bastan para fortalecer la densidad ósea y evitar la fragilidad, superando los beneficios del cardio.
Unsplash/Gabin Vallet

A partir de la tercera década de vida, el cuerpo humano inicia un proceso silencioso pero constante: la pérdida progresiva de masa muscular. Este fenómeno, conocido como sarcopenia, provoca que perdamos entre un 3% y un 8% de músculo por década si no hacemos nada para evitarlo. No se trata solo de verse "menos en forma", sino de una transformación profunda que afecta al metabolismo, las articulaciones y el riesgo de enfermedades crónicas.

Durante décadas, el mensaje dominante fue claro: sal a correr para cuidar tu salud. Sin embargo, la evidencia científica actual ha cambiado el foco. El entrenamiento de fuerza se ha convertido en una herramienta fundamental para preservar la salud física y funcional con el paso de los años.

La sarcopenia: el enemigo invisible

La sarcopenia no es solo un problema de personas muy mayores. De hecho, aunque su prevalencia aumenta con la edad, afecta a cerca del 30% de los mayores de 60 y a más del 50% de los mayores de 80, también aparece en adultos jóvenes sedentarios. Sus consecuencias son claras: pérdida de fuerza, dificultad para realizar tareas cotidianas, mayor riesgo de caídas y menor independencia.

¿Hay alguna manera de evitarlo? El entrenamiento de fuerza es, hoy por hoy, la única "medicina" eficaz contra este proceso. Ya sea con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal, estimular el músculo envía una señal clara al organismo: este tejido sigue siendo necesario.

Más músculo, mejor metabolismo

Uno de los grandes beneficios de mantener la fuerza muscular es su impacto directo sobre el metabolismo basal. Recordemos que el músculo es un tejido metabólicamente activo, es decir, cuanto más músculo tenemos, más calorías quemamos incluso en reposo. Esto ayuda a controlar el peso corporal y a mejorar la composición corporal, algo que el ejercicio cardiovascular por sí solo no logra con la misma eficacia.

Además, los músculos son grandes consumidores de glucosa. Por ello, al entrenar fuerza, mejora la sensibilidad a la insulina y se reduce el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión o las dislipemias.

No debemos pasar por alto que, durante años se pensó que el músculo servía únicamente para movernos. Hoy sabemos que es mucho más que eso. El músculo actúa como un auténtico órgano endocrino, capaz de liberar miocinas, unas moléculas con efectos beneficiosos en todo el organismo.

Estas sustancias ayudan a reducir la inflamación sistémica, fortalecen el sistema inmunitario y tienen efectos positivos sobre la salud cerebral y la memoria. En otras palabras, levantar pesas no solo fortalece el cuerpo, también protege el cerebro y el sistema inmune.

Huesos fuertes para el futuro

Otro beneficio clave del entrenamiento de fuerza es su impacto sobre la salud ósea. La tensión mecánica que se genera al trabajar contra resistencias estimula al hueso a fortalecerse y absorber calcio. Esto convierte al entrenamiento de fuerza en una de las mejores estrategias para prevenir la osteoporosis y las fracturas en edades avanzadas.

El exceso de cardio sin trabajo de fuerza, especialmente en personas con predisposición, puede acelerar la pérdida de densidad ósea. Por eso, los especialistas recomiendan que la fuerza sea la base del ejercicio físico en la edad adulta.

El mito de "ponerse demasiado grande"

Uno de los principales frenos al entrenamiento de fuerza es el miedo a ganar demasiado volumen muscular. La realidad es muy distinta: ganar músculo es un proceso lento y complejo, especialmente después de los 30. Lo que realmente ocurre es que se evita la fragilidad asociada al envejecimiento.

Mantener una buena base muscular no te convierte en culturista; te permite subir escaleras sin esfuerzo, evitar lesiones y conservar la autonomía con el paso de los años.

Fuerza y cardio: aliados, no rivales

Esto no significa que el ejercicio cardiovascular no sea importante. Caminar, nadar o montar en bicicleta sigue siendo excelente para la salud del corazón y los pulmones. Pero el consenso actual es claro: el entrenamiento de fuerza debe ser la base, y el cardio el complemento.

Con dos o tres sesiones semanales de 30 a 45 minutos, el entrenamiento de fuerza puede marcar la diferencia entre una vejez dependiente y una vida larga, activa y autónoma. Porque, como recuerdan los expertos, no envejecemos porque dejamos de movernos: dejamos de movernos porque envejecemos… y porque dejamos de entrenar la fuerza.

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