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El 'muro' de febrero: por qué te sientes agotado y sin ánimo en esta época del año

La escasez de luz natural desploma la serotonina y eleva la melatonina, causando fatiga y apatía en esta etapa de transición estacional.

Pixabay/CC/crlamgeorgia

La primera semana de febrero suele sentirse como un tramo especialmente duro del año. De hecho, no es solo una percepción subjetiva sino que psicólogos y especialistas en salud mental señalan que en estos días confluyen factores biológicos y emocionales que intensifican el cansancio, la apatía y la sensación de desánimo. Es lo que muchas personas describen como el verdadero "muro" del invierno.

El motivo es que, tras la intensidad de las fiestas navideñas y la vuelta a la rutina de enero, febrero aparece como un periodo de transición en el que la primavera aún parece lejana. A nivel emocional, se diluye el impulso de los propósitos de año nuevo y se instala una sensación de monotonía que puede afectar al estado de ánimo.

Menos luz, más impacto en el cuerpo

Uno de los elementos clave es la falta de luz solar acumulada durante los meses anteriores. Los días cortos y, a menudo, nublados alteran los ritmos biológicos internos. Recordemos que la menor exposición a la luz natural se asocia con una reducción en la producción de serotonina, neurotransmisor relacionado con el bienestar, y con un aumento de melatonina, hormona vinculada al sueño. El resultado puede ser una mayor somnolencia, fatiga y dificultad para mantener la energía diaria.

Este fenómeno está relacionado con el trastorno afectivo estacional (TAE), una forma de depresión vinculada a los cambios de estación. Sus síntomas pueden incluir cansancio persistente, apatía, aumento del apetito —especialmente por carbohidratos— y tendencia al aislamiento.

El efecto acumulativo del invierno

A comienzos de febrero, el cuerpo y la mente ya arrastran varias semanas de frío, menor actividad al aire libre y menos contacto con la luz natural. Este desgaste progresivo contribuye a que la motivación disminuya y que tareas cotidianas se perciban como más pesadas.

Además, factores sociales y económicos pueden influir. El final de las celebraciones, la llamada "cuesta de enero" y la presión por retomar el ritmo habitual pueden generar estrés añadido. El clima frío también favorece pasar más tiempo en interiores, reduciendo la actividad física y las interacciones sociales, dos elementos importantes para el equilibrio emocional.

Estrategias para atravesar el "muro"

Aunque este bajón es frecuente, existen medidas sencillas que pueden ayudar a sobrellevarlo. Una de las más recomendadas es maximizar la exposición a la luz natural. Salir a caminar durante las horas centrales del día, aunque el cielo esté cubierto, y mantener los espacios interiores bien iluminados puede contribuir a regular el reloj biológico.

La actividad física regular también juega un papel fundamental. El ejercicio favorece la liberación de endorfinas y mejora el estado de ánimo, además de ayudar a combatir la sensación de letargo. No es necesario un entrenamiento intenso; movimientos suaves y constantes pueden ser suficientes para notar mejoría.

Mantener la vida social activa es otro factor protector. Quedar con amigos, compartir actividades o simplemente conversar ayuda a reducir la sensación de aislamiento. A nivel emocional, sentirse acompañado y conectado con otras personas actúa como amortiguador frente al estrés.

Cuidar el cuerpo para cuidar la mente

La alimentación equilibrada y el descanso adecuado también influyen. Optar por comidas que aporten energía de forma sostenida y evitar excesos puede ayudar a mantener niveles más estables de vitalidad. Respetar horarios de sueño regulares favorece la regulación de los ritmos circadianos.

En casos en los que los síntomas sean intensos o persistentes, puede ser recomendable buscar ayuda profesional. La terapia psicológica o tratamientos como la fototerapia han mostrado utilidad en personas con trastorno afectivo estacional.

Entender que este malestar tiene una base física y temporal puede aliviar parte de la carga emocional. Febrero, aunque se sienta largo, es un mes de transición. Poco a poco, los días se alargan y la luz gana terreno, marcando el inicio de la salida natural de este tramo más exigente del invierno.

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