
Un equipo multidisciplinar de investigadores españoles ha identificado por primera vez variantes genéticas que pueden hacer a determinadas personas más susceptibles al cáncer colorrectal cuando están expuestas durante años a trihalometanos, compuestos químicos que se generan durante la desinfección del agua potable.
El trabajo publicado recientemente en la revista científica Environment International, analiza la interacción entre el genoma humano y la exposición prolongada a estos subproductos de la cloración. En el estudio ha participado el Grupo de Investigación en Interacciones Gen-Ambiente y Salud del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León.
La interacción entre genética y agua potable
Los trihalometanos pueden estar presentes en mayor o menor medida en los suministros de agua de numerosos municipios. Aunque su presencia está regulada, el estudio señala que la exposición continuada a lo largo de los años podría tener efectos distintos según la predisposición genética de cada persona.
El hallazgo permite avanzar en la comprensión de cómo factores ambientales comunes, como el agua potable tratada, pueden influir en el desarrollo de tumores en individuos con determinadas variantes genéticas, sin que se superen necesariamente los límites individuales establecidos por las autoridades sanitarias.
Datos del proyecto MCC-Spain
La investigación forma parte del proyecto epidemiológico MCC-Spain y se basa en datos de 3.137 personas procedentes de nueve provincias españolas. De ellas, 1.037 eran pacientes con cáncer colorrectal y 2.100 eran controles sanos.
La exposición a trihalometanos se reconstruyó desde los 18 años hasta dos años antes de la entrevista, lo que permitió estimar la exposición a largo plazo tanto del total de estos compuestos como de sus principales componentes: cloroformo y las formas bromadas.
Diferencias entre pacientes y controles
Aunque ninguno de los participantes superó los límites marcados por la Organización Mundial de la Salud para los compuestos individuales, los investigadores detectaron una diferencia relevante. El 22% de los pacientes con cáncer colorrectal, frente al 8,5% de los controles, había residido en zonas donde la suma total de trihalometanos en el agua superaba las recomendaciones internacionales.
Según el estudio, las áreas con niveles más elevados se concentran especialmente en la costa este de España, donde históricamente se han registrado concentraciones superiores de estos subproductos de la desinfección.
Millones de marcadores genéticos analizados
Mediante el análisis de más de 5,7 millones de marcadores genéticos, el equipo identificó tres variantes genéticas que modifican el efecto de la exposición a trihalometanos sobre el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.
Además, se detectaron variantes con un efecto específico en mujeres y en casos de cáncer de recto, lo que apunta a que la interacción entre genética y contaminantes del agua es más compleja de lo que se había descrito hasta ahora.
El papel del gen CCL2
Los investigadores también estudiaron si estas variantes influían en la expresión de otros genes. Uno de los hallazgos más relevantes fue la implicación del gen CCL2, relacionado con procesos inflamatorios.
En las personas portadoras de la variante asociada a una mayor expresión de este gen, la exposición elevada a trihalometanos se asoció con un incremento adicional del riesgo de cáncer colorrectal. El estudio señala que la combinación de inflamación, estrés celular y exposición ambiental prolongada podría contribuir al aumento del riesgo observado.
Seguridad del agua y futuras investigaciones
Los autores subrayan que los resultados deben confirmarse en otras poblaciones y que todavía no existe un mecanismo biológico definitivo que explique todas las interacciones detectadas. No obstante, destacan que se trata del primer estudio a escala genómica que demuestra que los subproductos de la desinfección del agua pueden interactuar con el ADN y modular el riesgo de cáncer.
Los investigadores recuerdan que el agua potable en España es segura y cumple la normativa vigente, aunque insisten en la importancia de mantener el control de los niveles de trihalometanos y de seguir investigando su impacto a largo plazo sobre la salud.

