Hay reuniones que, por el lugar elegido y el hermetismo, dicen tanto como por su agenda. Que Bill Gates se siente a puerta cerrada en el Four Seasons de Madrid con directivos de las eléctricas españolas para hablar del consumo de los centros de datos que piensa desplegar en España no es una anécdota de sociedad; es una señal de alarma sobre el nuevo cuello de botella de la economía digital: la falta de infraestructura actual. Según se ha publicado, el encuentro celebrado el pasado 19 de enero giró en torno a la limitada capacidad de las redes en España y Portugal ante la avalancha de proyectos asociados a centros de datos e inteligencia artificial.
Centros de datos: la nube que pesa (y quema)
El trasfondo es tan simple como incómodo. Las famosas "nubes" donde se alojan servicios como ChatGPT, Copilot, Perplexity o Gemini son algo más corpóreas y pesadas que las que vemos en el cielo. Y además son depredadoras de energía. Los miles de chips que operan en un centro de datos no solo consumen mucha electricidad, sino que la propia tecnología de semiconductores emite mucho calor al operar, lo que exige refrigeración por agua o enormes máquinas de aire acondicionado. En definitiva, consumo de electricidad descomunal al cuadrado.
Por eso, su expansión exige potencia firme y, en muchos casos, inversiones adicionales en transporte y distribución de la corriente. A esta demanda del mundo digital se suma el tan ansiado coche eléctrico como emblema de la transición. La combinación de ambos fenómenos, si se pretende a gran escala y en plazos cortos como parece, coloca a la red eléctrica en el centro de una tensión inevitable. Podemos afirmar que la red eléctrica, especialmente la española, por su ubicación geográfica estratégica, el buen clima y la seguridad del país, está soportando una verdadera alta "tensión".
El precedente que nadie quiere recordar
Y ya tenemos un precedente que debería hacernos exigir más a nuestros representantes: el gran apagón del 28 de abril de 2025 afectó a la península ibérica y mostró de forma nítida el impacto sistémico que puede tener un incidente eléctrico en las comunicaciones, la movilidad y los servicios esenciales. Informes y análisis posteriores han puesto de manifiesto las carencias de nuestra red eléctrica y la falta de voluntad —quizás por incapacidad técnica— de los actores políticos para resolver un problema que cada año va a más.
Oferta, demanda… y la factura
Pero vayamos al quid de la cuestión: con un sistema tan tensionado y las dos grandes amenazas —centros de datos y coches eléctricos—, por la mera ley de la oferta y la demanda, los españoles vamos a pagar la electricidad más cara. Mucho más. No hace falta ser Sherlock Holmes para deducirlo. En Estados Unidos se han documentado subidas muy acusadas de costes eléctricos en zonas con alta concentración de centros de datos, con incrementos de hasta un 267% en los últimos cinco años. En palabras llanas, algunos americanos están pagando casi el triple por su factura de la luz que hace cinco años.
Cuando hasta Microsoft paga
Y no es casualidad que, en 2026, Microsoft haya anunciado compromisos explícitos de "pagar su parte" para evitar que sus centros de datos incrementen las facturas locales. Nadie puede ocultar que los centros de datos, aunque muchos políticos los venden como generadores de empleo (¿mande?) y de desarrollo de la región (¿mande, mande?), son un problema allá donde son ubicados. Por no mencionar el aumento de riesgo militar en caso de ataque, al tratarse de infraestructuras críticas.
Parece que los grandes opositores a instalar centrales nucleares o aún no se han dado cuenta de que tenemos un problema similar con los centros de datos o alguien los está manteniendo con la boca cerrada para que no hagan ruido.
Bruselas lo admite, pero el problema sigue
Bruselas, además, ha reconocido el atasco con su Plan de Acción para Redes y el European Grids Package, orientados a acelerar inversiones, permisos y planificación. Y el Gobierno está trabajando en borradores normativos para exigir mayor transparencia y rendición de cuentas sobre el consumo de energía y agua de grandes instalaciones, lo que evidencia preocupación por el asunto.
El verdadero terreno de juego
La cuestión no es si España debe tener centros de datos o coches eléctricos, sino si resulta sensato perseguir un despliegue masivo como si la red fuera infinita. La reunión de Gates en Madrid apunta a una realidad: la infraestructura eléctrica se ha convertido en el verdadero terreno de juego. Y si no se fijan prioridades claras, un papel activo del gobierno para garantizar un despliegue sostenible —y no en el sentido medioambiental y de decremento de la calidad de los productos como últimamente se utiliza esta palabra— y mecanismos que impidan el aumento del coste de la luz, el desenlace más probable será el de siempre: que la ambición tecnológica termine reflejada, con retraso pero con contundencia, en nuestra factura de la luz.


