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Análisis de 'Tom Clancy's Ghost Recon-Wildlands'

En la nueva entrega de la saga Tom Clancy's Ghost Recon tendrá que luchar contra un peligroso cártel del narcotráfico boliviano.

Víctor Moyano / Elsotanoperdido
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Resulta interesante comprobar como cada vez más juegos clásicos se adaptan y reformulan hacia entornos completamente abiertos. Videojuegos tan característicos como The Legend of Zelda o Metal Gear Solid han apostado, en sus respectivas últimas entregas, por este tipo de mundos sin barreras que ofrecen al jugador total libertad para explorar a su ritmo. La última iteración destacada en este sentido viene de la mano de Ubisoft, que ya domina la materia gracias a su experiencia en franquicias como Assassin’s Creed o Watch Dogs, presentando su último Tom Clancy's Ghost Recon en una Bolivia completamente explorable y abierta.

Tom Clancy's Ghost Recon - Wildlands es el nombre de la última superproducción de la firma francesa, que nos invita a dejar la estética futurista para trasladarnos unos años más adelante, donde Bolivia es controlada por el narcotráfico. Siguiendo la estela de Pablo Escobar aparece en escena El Sueño, un hombre cuyo objetivo no es otro que el de convertir a su país en el mayor productor y exportador de cocaína del mundo. Como era de esperar, sólo nosotros, agentes entrenados por el gobierno de Estados Unidos, podemos detener tal amenaza mundial. ¿Preparados para derrocar el cártel más peligroso de un futuro inmediato? Veamos qué nos ofrecen estas tierras salvajes.

Bolivia respira plata o plomo

La trama argumental de Wildlands destapa todo su arsenal narrativo durante la secuencia introductoria del juego. La historia es simple, pero tiene la suficiente profundidad como para que busquemos la muerte de cada uno de los componentes del cártel hasta llegar a su comandante supremo, El Sueño. Como adelantábamos, aquí el jugador encarna a un agente de operaciones especiales que podemos diseñar en un pequeño –pero potente– editor de personaje. Seleccionar entre hombre y mujer, algunas caras y, sobre todo, mucha ropa de tipo militar –camuflajes incluidos– son algunos de los elementos presentes en el editor.

Nada más llegar a Bolivia nos topamos con la facción rebelde del territorio, que busca desesperadamente ayuda militar para hacer frente a la organización. Sin embargo, sólo cuatro de los mejores agentes de Estados Unidos son asignados a la misión, por lo que el escepticismo entre los rebeldes crece, y además de acabar con el cártel, habrá que ganarse la confianza del pueblo boliviano, ya levantado en armas. De esta manera, las misiones principales tienen el propósito de ir desvelando elementos de la trama, como objetivos del organigrama del cártel, las fábricas de cocaína, etcétera; mientras que las misiones secundarias nos ayudan a acceder a más suministros y potencia bélica superior para la rebelión.

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Tendrás que enfrentarte con un peligroso cártel.

La estructura de misiones no cambia y es exactamente idéntica a los demás títulos de la compañía: el mapa está abierto y dividido en regiones que hay que ir explorando en función del progreso logrado. Cada parte del mapa cuenta con una serie de misiones de dificultad variable, y, pese a que la curva de dificultad está bien ajustada, siempre podemos acceder a la más complicada a riesgo de terminar en una fosa común. La elección, en este punto, corre a cargo del jugador.

Se introducen además elementos propios de los juegos de rol. En forma de árbol de habilidades, y, a medida que vayamos completando misiones y encargos, el jugador es recompensado con una serie de puntos de habilidad y suministros con los que potenciar sus habilidades. Por ejemplo, siempre tenemos disponible un dron aéreo para explorar el entorno y marcar a los enemigos antes de pasar a la ofensiva, pero, este utensilio, durante los primeros compases de la aventura, cuenta con muy poca batería –tiempo de uso– y cobertura –distancia que puede recorrer desde nuestra posición–. Así, a través del árbol podemos aumentar las capacidades del gadget. También podemos aumentar la resistencia del personaje, la cantidad de enemigos que podemos marcar para formar un ataque conjunto, mejorar nuestra habilidad con las armas, etcétera. Desarrollar al personaje en sintonía con nuestro estilo de juego es importante, pero más aún es la necesidad de ir acompañado de un pelotón equilibrado, cada uno con sus propias virtudes y defectos, en el estupendo modo multijugador.

Sembrando el caos en cooperativo

Junto con el cambio de registro, Ubisoft ha concebido este Wildlands como título multijugador cooperativo. Como se puede comprobar nada más comenzar, el jugador forma parte de un pelotón de cuatro agentes que seguirán sus pasos y a los que se puede dirigir a través de órdenes –esperar, disparar, preparar una emboscada, etcétera–. Las órdenes son bastante simples, y, pese a que hemos sufrido varios patinazos por culpa de la inteligencia artificial –tanto de los enemigos como de nuestros compañeros–, lo cierto es que el título se puede disfrutar sin problemas en solitario.

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El mundo por explorar es inmenso.

Sin embargo, disfrutarlo en compañía de tres amigos suma enteros a la diversión. Y es que la posibilidad de recorrer Bolivia de punta a punta con amigos es sumamente placentera, y más aún si tenemos en cuenta la cantidad de vehículos –de tierra, mar y aire– que se han introducido para la ocasión. Al mismo tiempo, planificar la estrategia adecuada para llevar a cabo un rescate, por ejemplo, tiene mucho más sentido si vamos comunicándonos con nuestros amigos. Por ejemplo, uno puede ubicarse a distancia con un rifle de francotirador y cubrir el resto de miembros del equipo; mientras tanto, otro utiliza el dron para ir marcando a los enemigos; por último, los dos miembros restantes esperan órdenes para atacar conjuntamente.

Las tácticas son muy divertidas, y, aunque la gran mayoría de misiones –sobre todo secundarias- repiten los mismos esquemas jugables, las sensaciones del multijugador no podrían ser mejores. En este sentido, debemos darle un tirón de orejas al editor y desarrollador galo por insistir en algunos errores que suelen verse en sus franquicias. Y es que la inteligencia artificial de los enemigos es bastante limitada.

El país del narcotráfico

A nivel audiovisual, Tom Clancy’s Ghost Recon: Wildlands ofrece unos entornos de lo más interesantes, tanto a nivel técnico como gráfico. Desde la densa vegetación hasta los páramos más desérticos, pasando por zonas rurales, son algunos de los escenarios que veremos en Bolivia. Al mismo tiempo, disfrutar de los paisajes en helicóptero y, segundos después, comenzar una persecución a toda velocidad por tierra sin que se resienta en exceso la tasa de imágenes por segundo es una auténtica gozada. Eso sí, el control de los vehículos está bastante desfasado en comparación con otros exponentes del género. No es que sea malo, en absoluto, pero la sensación de control no está tan bien ajustada como cuando vamos a pie.

En cualquier caso, el videojuego funciona a una tasa de imágenes por segundo estable en su versión para Xbox One, con alguna pequeña ralentización cuando el caos se apodera de la aventura. Por otra parte, la mayor beneficiada ha sido la versión para PlayStation 4 Pro, con una mayor distancia de dibujado y un rendimiento que queda un poco por encima de la versión de Microsoft.

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Nuevos vehículos y armas.

Por su parte, la banda sonora pasa sin pena ni gloria, con algunas radios interesantes que amenizan los trayectos por tierra pero que no logran llegar, ni de lejos, a las emisoras vistas en Grand Theft Auto. El doblaje al castellano, eso sí, rinde a muy buen nivel, caracterizando a los personajes perfectamente –acentos incluidos– para meternos de lleno en la historia.

Conclusiones

Con Wildlands, Ubisoft propone un cambio de reglas en la serie Ghost Recon. La introducción del mundo abierto y el modo multijugador cooperativo añade nuevas y divertidas variables a la ecuación a costa de sacrificar algo de diversión en el modo para un jugador. Wildlands ha sido concebido para disfrutarse en compañía, y eso se nota desde las primeras horas de juego.

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La acción transcurre en Bolivia.

Lamentablemente el título peca, como la gran mayoría de producciones del mismo corte, de simplista en cuanto a las misiones se refiere, generando en el jugador esa sensación de "esto ya lo he hecho antes". Sin embargo, los jugadores solitarios también tienen razones suficientes como para perderse por Bolivia y divertirse al mismo tiempo.

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