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El descrédito de la firma nacional y el PSOE 'state of mind'

Este carnaval de amoralidades y perversiones, que hasta los izquierdistas y socialistas más disciplinados ya no pueden tragar sin vomitar, conduce directamente a la basura de la Historia.

Este carnaval de amoralidades y perversiones, que hasta los izquierdistas y socialistas más disciplinados ya no pueden tragar sin vomitar, conduce directamente a la basura de la Historia.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez (c), llega a la foto de familia de la cumbre de la OTAN que se celebra este miércoles en La Haya, Países Bajos. | EFE

En el mercado de autógrafos, el valor de la firma de Pedro Sánchez se cree que está entre 150 y 200 euros (he leído que en eBay se sitúa en torno a 169 dólares, pero se aclara que aún no se ha vendido ninguna). Claro que no se trata de su precio en el zoco de rúbricas. Se trata de su valor legal, político y diplomático.

Que la palabra de Sánchez, como se ha demostrado, no valga un pimiento, no significa que su firma, la que estampa en documentos oficiales, valga lo mismo. Al contrario, vale porque su firma nos representa en tanto que es nuestro Presidente del Gobierno. Vale y por eso, si la ignora, la maltrata o la falsea, nos desacredita como nación.

Ahora, Sánchez quiere que su firma valga tanto como su palabra. Lo hemos visto en la Cumbre de la OTAN firmar un acuerdo que menciona con claridad el destino del 5% del PIB para gastos de defensa en su conjunto y decir al poco rato en una rueda de prensa, que él no había firmado eso. Testigos hemos sido del agudo cachondeo retórico de la Meloni – todos han firmado el mismo documento jura -, y del ingenuo cabreo planetario de Trump y los suyos al anunciar el Puto Amo (del mundo aún no) que su firma está, pero que no va a cumplir lo firmado.

La firma de alguien, del más insignificante de los mortales, no es una broma ni una bagatela. Identifica su voluntad, exhibe su deseo, certifica su autoría y su propiedad, informa de su intención, anuncia a los cuatro vientos su compromiso de cumplir lo que le antecede en cualquier documento. En todo sistema legal, por primitivo o zafio que sea, la firma de alguien es sagrada, desde para testar, ingresar o sacar dinero, consentir operaciones quirúrgicas o casarse, a esos otros cientos de actos sociales de la vida, como comprarse una casa o donar órganos.

Tan importante es la signatura de cualquiera que, con el tiempo, ha dado en llamarse "firmas" a las empresas, extendiendo el significado de su actividad comercial a una manera de expresión de su identidad. De ahí que la firma sea una clave del éxito o el fracaso. Una buena "firma" es la que tiene crédito, la que consigue que se confíe en ella y venda lo que produce y una mala firma es lo contrario. Sánchez ha decidido que la firma de España, no es la de él cuando firma como presidente del Gobierno, no valga nada.

¿Sabía lo que firmaba? Pues claro. Firmar como en un barbecho, sin saber lo que se firma, no es lo suyo. Lo suyo es mentir a todo el mundo todo el tiempo. (Tal hazaña, ¿no era imposible?) Parece que no, por ahora. Esto es, Sánchez puede rubricar lo que le pongan por delante, incluso un papel en blanco, porque, amo del doble juego y el engaño, firmará lo que se quiera porque luego hará lo que le salga de los gemelos de abajo. Como lo del 5 por ciento es para 2035, que lo cumpla otro mientras lo interpretan los exégetas.

Esta vez la cosa estaba apretada para la trola. Por una parte, tenía que firmar lo del 5 por ciento porque quedarse aislado de verdad en Occidente es un problema, tanto si cree en ello como si se es un caballo de Troya de otros palacios lejanos o no tanto. Fuera del juego, no se juega y si no se juega no se puede ganar nada. Por eso, había que estampar la rúbrica en el papelito. Inevitable, máxime siendo alguien que ha no mucho aspiraba a la cúpula de la OTAN.

Pero claro la firma tenía que ser de mentirijilla, o eso hay que hacer creer a alguno de sus socios de gobierno, porque en otro caso, a este gobierno acorralado por escándalos no lo salvaría ni el Séptimo de Caballería al que, por cierto, han cabreado del todo con la jugarreta de decir que el 5 por ciento, bueno, sí, pero en el papel, porque en realidad será el 2,1 por ciento, como han proclamado a coro los comunistas y los bilduetarras.

El galgo de Paiporta y, ahora, en su correría de La Haya, ha salido huyendo de su propia firma e incluso de la firma del Rey en la Constitución, y de los padres constituyentes y de los votantes. Ya hay amnistía, escandalosamente, pero la ha perpetrado mientras nos distraía con su firma del 5 por ciento y Puigdemont con sus siete magníficos votos le puede conceder la tranquilidad hasta 2027 si el pozo negro de fango y bajezas que le tienen sitiado y amenazado toca fondo de una vez. ¿Dónde hay que firmar se estará diciendo? Si las promesas electorales se hacen para no ser cumplidas, las firmas se estampan para estafar a los creyentes.

He ahí, pues, que, para no perder a la otra parte de sus creyentes, la de la izquierda, era esencial mostrar que la firma de la OTAN era un paripé, para lo cual nuestro Periquito de los Malotes ha optado por presentarse como un pacifista, un antimilitarista, un amante de la paz, un franciscano político, agobiado por el destino fatal que pobres y víctimas sufren en las guerras. No, las de ETA no, que esas no lo son ya porque como los asesinos han dejado de matar ya no están ejecutadas. Las de Ucrania tampoco, ni las de Kosovo ni tantas otras.

Este carnaval de amoralidades y perversiones, que hasta los izquierdistas y socialistas más disciplinados ya no pueden tragar sin vomitar, conduce directamente a la basura de la Historia, pero antes tendrá tiempo, con la ayuda de unos fieles a los que la razón abandonó hace mucho, de servir al señor de sus anillos – hay apuestas para certificar quién es el tal-, que le insiste en que resista hasta la destrucción final de España, objetivo nigrolegendario que sigue en pie porque los españoles nos resistimos a salir del mapamundi.

Lo cierto es que mientras aquí su partido defecaba todo tipo de corrupción, desde el de la esposa a la del hermano, desde la de los cómplices del Peugeot a la de su Fiscalía o la de los piratas intermedios a su servicio o bajo su orden, muchos, creyentes y no creyentes de su manual y su maquillaje, juzgaron concluido su ciclo, le dieron por muerto y enterrado y decidieron que su funeral era cuestión de tiempo. Ya no podía hacer más daño. Ja. Ni siquiera le ha importado dañar la marca España e incluso a la OTAN.

En una pirueta, tal vez improvisada pero eficazmente ilusionista, ha transformado en sólo unos días, su gorigori en un guirigay que le devuelve de nuevo el aplauso de la mayoría monstruosa que parecía haber perdido. Ahora, convertido en príncipe de la paz y retador del Imperio, se envuelve con la púrpura de la soberanía nacional el mismísimo día en que se la carga haciendo que los enemigos de España y de la legalidad sean autoamnistiados por el Tribunal Constitucional presidido por Sánchez Pumpido, perdón, Conde, ¿en qué estaría yo pensando?

Se ha permitido poner en jaque a la OTAN en su propio territorio y ha conseguido que el mismo Trump le proporcione la coartada pacifista: Sánchez se niega a pagar, ergo lo arancelo. Por si fuera poco, consigue zurcir a derecha e izquierda, amnistía de por medio, a su monstruo político frankensteiniano. Ahora sólo le quedan unas tuercas que apretar para librarse de las puñetas y quien sabe si descabellará a la nación con un certero verduguillazo.

La pregunta es: ¿Quiénes son esos devotos que logran con sus rezos y sus votos que Sánchez dure y dure como el conejo de las pilas? ¿Quiénes son los que no rezan ni votan, pero permiten que las urnas tengan sabor a fango desde hace tanto? ¿Quiénes son/somos los que no nos atrevemos a llamar a las cosas por su verdadero nombre y no denunciamos que esta democracia y la Constitución que la rige tiene agujeros por donde se cuelan el cesarismo, el saqueo y la desvertebración nacional?

PSOE state of mind

En la película Desafío total, se trata del implante de recuerdos en la memoria humana individual[i], implante que se había convertido en un negocio. El uso de la memoria como mercancía incluso mejor que la memoria natural queda reflejado en unas líneas del autor de la novela[ii] de referencia, Philip K. Dick: "No está usted aceptando (implantes de memoria ad hoc) lo que podríamos llamar un segundo plato. La memoria real con todas sus vaguedades, omisiones, por no citar también sus distorsiones, sí que es en realidad un segundo plato."

La expresión PSOE state of mind prefiero traducirla como estado mental en modo PSOE. Es una expresión que nació en la bloguería de la red y que destaca en su reciente libro Cosas que he aprendido de gente interesante el filósofo Miguel Ángel Quintana Paz. En cierto modo, es un implante de recuerdos o desmemoria, pero así mismo de deformaciones y razonamientos defectuosos que, al tiempo que consuelan al portador proporcionándole una visión beatífica de sí mismo, lo convierten en parte de una comunidad de creyentes[iii] semejantes. Hay dos versiones. Una, la fetén y original, y la otra, la de los influidos o seducidos o abducidos por ella.

El dogma principal de la primera sienta que el creyente socialista es bueno por ser creyente y es creyente porque es bueno. Su corolario radical es que ni él ni el resto de los creyentes puede hacer daño a nadie y si alguien lo dice miente. Su corolario secundario es que la humanidad y su patria deben estarles agradecidos por existir y donarles su bondad para que vivan en plenitud. Ello les impide necesariamente escuchar y, naturalmente, pedir perdón. Esto es, estamos ante una mancia irrefutable que no se somete a prueba. Son buenos y científicos patentados de origen por ellos mismos.

Por tanto, que su fundador amenazara con atentado personal a un jefe de gobierno, que sus dirigentes promovieran un golpe de estado en 1934 contra la República, que incitaran a la Guerra Civil que perdieron, que en sus filas se fraguara el asesinato de Calvo Sotelo, que uno de sus dirigentes se quedara con el tesoro del Vita y otro mandara el oro de España a Moscú y así hasta los GAL, la corrupción generalizada desde 1990 a 1996 o la de ahora, ratera y putera, sostenida por una dictadura parlamentaria de acuerdo con los enemigos de España, son hechos ignorables o invenciones diabólicas.

Por el contrario, si hoy hay algún tipo de bienestar social, es debido a la beneficencia congénita de las almas socialistas[iv]. Es más, todo progreso social, económico o moral que haya habido o pueda haber en España ha sido y será siempre obra del socialismo, aunque los hechos sean tan contundentes como los acaecidos desde 1939 a 1975, cuando se pasó de las alpargatas y el hambre a quedar a las puertas de la Europa común y se dispuso el tránsito a una democracia.

Hay otra versión. La PSOE state of mind es la irrupción, por contaminación sistemática, del modo socialista de pensar en la mente de personas que ni son socialistas ni quieren serlo y que, sin embargo, comienzan a aceptar palabras del vocabulario socialista, conceptos e incluso razonamientos enteros, asimilándose inconscientemente a quienes quieren combatir e incluso siendo neutralizados de forma casi humillante.

Quintana Paz lo explica así: "Lo primero que hay que aclarar es que «PSOE state of mind» no significa pensar lo mismito que el PSOE o ni siquiera votar al PSOE. De hecho, el gran logro del PSOE state of mind es que consigue infiltrarse en las mentes de gente no sólo ajena a tal partido político, sino que incluso pretende oponerse a él. El problema para esas personas es que pretenden luchar contra el PSOE aceptando las reglas, los prejuicios, incluso la terminología propia del PSOE. Y, claro, entonces se les hace muy cuesta arriba

(Cayetana Álvarez de Toledo habla de un «tablero inclinado») semejante labor. Eso sí es

la PSOE state of mind."

Y pone un ejemplo esencial sobre el uso de un vocabulario intoxicado: "Un caso claro es el uso de la palabra ultraderecha. El PP suele aceptar la costumbre socialista de referirse a Vox como «extrema derecha». Esta terminología está cargada, pues el PSOE nunca denominaría con el feo vocablo ultraizquierda a las formaciones del otro extremo del espectro político (aquéllas con las que sí que se muestra favorable a pactar: Sumar, Podemos, Bildu...)."

O sea que no pocas veces, como saben, el PP acepta del PSOE qué es el mal y qué no. Si Vox es el mal, si pactas con él estarás pecando y siendo "malo", juicio moral que el agit-prop extenderá sin escrúpulos. Pero, para el Gobierno Frankenstein es estupendo porque logra impedir mayorías alternativas donde es posible. Es más, ¿cómo convocar elecciones si va a ganar la ultraderecha?

Es decir, "si Vox es ultraderecha y la ultraderecha (como es bien sabido) «mancha», entonces los que salen tiznados de tal terminología son los del PP, no el PSOE. Has aceptado que el PSOE reparta etiquetas que a ti te perjudican y a él le benefician: he aquí el puritito[v] PSOE state of mind."

En estos días estamos en el espectáculo internacional de un sanchismo comunismo separatismo que firma y no firma[vi] un documento para la defensa de Occidente y que, aprovecha el revuelo, para apuntalar la Ley de Amnistía en medio de un clima de corrupción institucional y política muy grave, quizá el más grave de la historia de la democracia. Hasta le arrojan a Felipe González un Amedo y un Domínguez tragándose a un Otegui,

a un Parot, a un Chapote o a un Ternera.

Verán como en la oposición, a palos en su seno gracias al PSOE state of mind, comienzan a devorar el TBO del defensor de la soberanía nacional, de su gallardía ante el diabólico Trump, de su compasión con los golpistas porque ya se sabe que no son reconciliables y del acoso derechista total a un gobierno legítimo que, como ha sentado Conde Pumpido, puede hacer con lo que quiera con la Constitución. El método es sencillo: inventando lo que no está en ella, aunque vaya contra ella, desde la dictadura de una mayoría antinatura y antinacional a la que hay que pagar por sus votos.

Concluyamos con nuestro pensador que, como nosotros, confiesa no disponer de branquias para respirar en charco tan hediondo:

"No me importa demasiado, empero. Cada día aparecen nuevas noticias sobre las
prometedoras exploraciones realizadas en el planeta Marte. Quién sabe sí, con algo de
suerte y tecnologías, no podríamos trasladarnos allí algún día algunos, y fundar una
Nueva España Marciana sin rastros (desintoxicación mediante) de microsanchismos ni
PSOE state of mind. Quién sabe si no seríamos más prósperos y felices. Quién sabe si no
nos daría igual que nuestros antiguos compatriotas nos llamaran entonces marcianos,
pues ya nos lo llaman hoy siempre que intentamos vivir ajenos a la PSOE state of mind."


[i] Zapatero ya descubrió los implantes de recuerdos en la memoria colectiva por la vía legal.

[ii] Podemos recordarlo todo por usted, 1966. Su título original es Total recall, esto es, recordarlo todo aunque con otra memoria distinta.

[iii] Creyentes, sí, que no necesitan razonamientos ni experimentos ni comprobaciones.

[iv] Que el alma de los hombres bajo el socialismo sería redentora lo creyó incluso Óscar Wilde que no reparó en la desaparición del sujeto individual que implicaba. Otro que creyó lo que no vio.

[v] En este época diminuta para el pensamiento riguroso y para la valentía política, los diminutivos como "purititos" pueden iluminar, como "ofendiditos" o "moderaditos".

[vi] La PSOE state of mind es especialista en decir y hacer una cosa y la contraria por su vocación de ocupación total de la sociedad. Un creyente puede vestirse de obispo con el culo al aire en una procesión LGBTI+ y uno de los discípulos alcaldes llevar el bastón de mando tras una Virgen Dolorosa católica en su pueblo. Importan los votos y el poder, sólo ellos.

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