Para un Manifiesto de las Persas
Cualquier parecido con el mujerismo neocomunista que domina en España y en buena parte de la izquierda occidental, ni siquiera alcanza la entidad de coincidencia.
Nada que ver este propósito con el anunciado por aquellos conservadores españoles, añorantes del absolutismo monárquico, que elaboraron el Manifiesto de los Persas. No se trataba entonces de los persas reales sino de utilizar algunas de sus conductas históricas para fustigar al primer liberalismo patrio. Por ejemplo, aquella que narraba que, tras morir un Rey, destinaban cinco días al desenfreno, al caos, a los asesinatos, robos y anarquías hasta añorar de nuevo el orden y la Ley del monarca sucesor.
Tampoco nada que ver con las Cartas Persas de Montesquieu ni otros intentos literarios que exhiben "persas" en sus títulos. De lo que se trata es de ofrecer un homenaje a las mujeres persas – ya sé que es más correcto llamarlas iraníes, pero me gusta recordar de donde proceden -, etnia mayoritaria de un país en el que entre árabes y turcos apenas sobrepasan el 20 por ciento del total. De su sufrimiento, saldrán algunas ideas para que un futuro manifiesto de estas mujeres sea posible en libertad.
Como es sabido, el régimen tiránico del Sha Reza Pahlevi, si bien laico, nada islamista y prooccidental - por el estilo, aunque en menor grado, de la Turquía de Atatürk -, fue derrocado en plena Guerra Fría por la revolución de 1979. Gracias a la alianza de los ayatolás, dirigidos por un imán Jomeini aupado por la prensa internacional, y el partido comunista Tudeh, el mayoritario entonces en Irán, el golpe fue aplaudido por la izquierda europea prosoviética y prochina y sus intelectuales[i].
El entusiasmo de estos peones europeos, que destacaban su anti-imperialismo y su rechazo a Estados Unidos, duró muy poco porque la estrategia de los más que totalitarios clérigos fue demoledora. Se apoyaron en las izquierdas para agitar la movilización ciudadana y lograr el poder. Ya en el gobierno neutralizaron sus armas universitarias, sus resortes civiles y sociales y su presencia en los organismos del Estado. Finalmente, desencadenaron la fase represiva, juicios televisados y primeras ejecuciones y encarcelamientos hasta el comienzo del exterminio final en 1988 y la imposición de la teocracia del terror islamista. Sumisión o muerte.
Para decirlo con claridad, el desprestigio de la izquierda marxista, prorrusa o prochina, en la oposición iraní es intenso. Fueron ellos los que dejaron entrar, y apoderarse de la nación, a la tiranía clerical islámica y han sido ellos, por obediencia a las consignas de sus centros de poder, los que consagraron la legitimidad de la dictadura de los ayatolás. De hecho, olvidaron el más simple de los feminismos, los derechos civiles, la separación Iglesia-Estado y la exigencia de una democracia liberal básica, entre muchas otras cosas que ahora emergen. Se sometieron.
Por ello, el faro ideológico de las mujeres iraníes (o persas) procede de otras fuentes. Una de ellas, y una de las esenciales, es la que vamos a considerar en este artículo. Se trata de Narges Mohammadi, galardonada con el premio Nobel de la Paz en 2023 y detenida, una vez más y con violencia, por el régimen islámico el pasado mes de diciembre, tras haber sido excarcelada debido a graves problemas de salud, en 2024.
Tortura blanca se titula el libro que publicó originalmente en persa en 2020 y que llegó a España en 2023. El libro se compone de doce entrevistas a mujeres encarceladas por la tiranía iraní con las que coincidió en su travesía penitenciaria. El prólogo lo escribió la también premio Nobel (2003), primera iraní y musulmana (reformista), en recibirlo, Shirin Ebadi, juez y presidenta de tribunal por oposición que fue relegada a tareas administrativas por una teocracia chiita que prohibió que cualquier mujer pudiera ser juez en Irán.
Para que nos hagamos una idea, "tortura blanca" se refiere a "la privación sensorial tal y como se practica en Irán. La tortura blanca despoja a los presos de todo estímulo sensorial durante largos periodos y se aplica, junto con el aislamiento y los interrogatorios, a presos políticos y de conciencia. El Estado a menudo procede a encarcelamientos sin juicio formal previo, de manera que el recluso es consciente de que, al estar en prisión sin haber sido juzgado, no existe ningún tribunal imparcial al que recurrir."
Y sigue la presentación: "La tortura blanca se aplica mediante la estructura arquitectónica de la prisión, el comportamiento de los funcionarios y las preguntas de los interrogadores. Se controla la luz de la celda para que el cuerpo no distinga el día de la noche y se alteren los patrones de sueño. A los presos se les vendan los ojos al salir de la celda…El único olor de la celda suele ser el de un retrete fétido que no se limpia nunca para menoscabar el sentido olfativo. Se les sirve siempre la misma comida tibia e insípida…" Todo ello provoca en los presos una extrema ansiedad, aturde y trastorna el cuerpo por completo.
Doce entrevistas a presas, mujeres iraníes defensora de los derechos humanos, las libertades democráticas y los derechos de la mujer, conforman este libro en que cuentan cómo fue su tortura, blanca siempre, y a veces, más que negra.
Ella misma narra así su primera estancia en la cárcel en 2001: "No sabía dónde me encontraba ni qué me esperaba. El desasosiego causado por aquel lugar y el desconocimiento de lo que podía pasarme en el futuro me afectaban como un veneno mortal. Me preguntaba: ¿es posible tratar así a un ser humano? ¿Qué pasa con nuestros derechos de respirar, andar e ir al baño libremente y de escuchar la voz de otra persona y hablar con ella?"
En su segundo encarcelamiento de 2010, "compartí la celda por unos días con una chica llamada Zeinab Jalalian Ella era de Kurdistán. Un día vi la cicatriz de una herida en su cabeza y le pregunté si le había pasado algo. Me dijo que había estado muchos meses —si no me equivoco, seis meses— en las celdas de Kurdistán. Cuando fue detenida, un interrogador la golpeó en la cabeza con un tubo de hierro fundido causándole una rotura profunda en el cráneo. La llevaron al hospital y después la devolvieron a la cárcel." Sigue cumpliendo pena de cadena perpetua tras serle conmutada la pena de muerte por la presión internacional.
Nigara Afsharzadeh (1978), ciudadana de Turkmenistán, fue detenida en 2014 acusada de espionaje y condenada a cinco años de prisión. Cuando la llevaron a la cárcel de Teherán su compañía fueron las cucarachas. "En el momento de mi detención pesaba setenta kilos y solo en los primeros meses bajé a cincuenta y tres. Pasado algún tiempo empezó a salir de mis pezones un líquido de color negro y todavía sigo con ese problema. Desde los primeros meses sufrí de insomnio y ansiedad." Tiene dos hijos y su ex marido le tendió la trampa que llevó a su cautiverio.
Y añade: "Un día, uno de los interrogadores usó un pañuelo de papel para limpiarse la nariz. Después tiró el papel al suelo y me dijo: «Las mujeres son como este pañuelo de papel, se las usa y después se las tira a la basura". Y así le exigieron describir cómo practicaba el sexo con miel con una ex pareja.
Atena Daemi (1988) fue arrestada el 30 de octubre de 2014 y acusada de ofender al "líder supremo" y conspiración contra la seguridad nacional. Siete años de cárcel, dos de ellos por la ofensa. "Cada dos días podía usar la ducha. Era una sala con una cámara encima de la puerta…Cuando estaba en el baño siempre tenía la preocupación de estar siendo grabada… Antes de poder ir al servicio…tenía que sacar un papel por debajo de la puerta pequeña para que, al verlo, me abrieran. Muchas veces tardaban horas en venir y decían que no podíamos llamar a la puerta."
Zahra Zehtabchi (1969), socióloga, fue detenida con su familia en 2013 acusada de vínculos con los Muyahidines del Pueblo de Irán. Doce años de cárcel. "Yo pasé catorce meses en una celda de aislamiento, de los cuales me interrogaron durante tres meses." Posteriormente, "me enteré de que habían agredido a mi esposo, y lo triste es que él no tenía nada que ver con actividades políticas…"
"Aquella noche en el centro de detención de Vozara…me llevaron al corredor de interrogatorios desde el pabellón de mujeres, y esperaba al interrogador cuando de repente llegó, agarró mi chador y lo tiró violentamente al suelo. Luego me empujó dentro del cuarto de interrogatorios y empezó a amenazarme y a insultarme. Dijo que en unos días traerían a diez miembros de mi familia…Decía que había conseguido la sentencia de mi muerte desde hacía tiempo. Ni siquiera me permitía hablar", relata.
Nazanin Zaghari-Ratcliffe (1978), iraní-británica, fue detenida en 2016 quitándole a la hija pequeña a la que daba el pecho. Acusada de espionaje, sufrió cinco años de cárcel. "Yo no iba al baño. Nos daban un barreño y un cuenco y decían que allí teníamos que asearnos", refiere. "A través de las hojas del ventilador podía saber si era de noche o de día", continúa. "Una vez lloré tanto que me caí desmayada. Otro día, en el interrogatorio, la presión que recibí me dejó tan mal que me caí de la silla", detalla.
No se rindió: "Después hice una huelga de hambre. Solo tomaba agua y leche. Una vez comí un dátil y una galleta porque me encontraba muy mal de salud. Al sexto día tuve la visita de mi familia. Mi madre se desmayó." Y algo más: "Se me caía mucho el pelo. Les pedí que permitieran que mi familia me trajera pastillas, pero los interrogadores no me lo permitieron."
Mahvash Shahriari (1952) "después de la revolución de 1979 y tras la revolución cultural, fue despedida del Ministerio por profesar la fe bahaí, que el régimen calificaba de «secta engañosa», por lo que ya no pudo ser contratada por ninguna organización gubernamental. Además, fue suspendida de sus estudios universitarios y, por un tiempo, obligada a permanecer en su casa." Detenida en 2008, se la condenó a 20 años de cárcel y se confiscaron las propiedades de su marido, del que deslizaban amenazas de muerte.
Fue encerrada en "La Perrera", una celda que "estaba en la prisión de Vakil Abad. En la zona de los servicios y los baños comunes había una puerta pequeña que tenía una ventana con malla. Desde esta puerta se accedía a un estrecho pasillo donde había dos o tres celdas, muy pequeñas, contaminadas y de mal olor, sin luz natural, con un retrete de estilo iraní en una esquina, sin tapa e infectado con excrementos secos y cucarachas vivas y muertas…"
Hengameh Shahidi (1975), periodista y feminista, fue detenida muchas veces desde 2009. Cumple condena del Tribunal Revolucionario Islámico a doce años de cárcel. "La primera vez fui detenida el 30 de junio de 2009. Tras la detención y antes del traslado a la celda de aislamiento…me agredieron y maltrataron tanto que me tuvieron que trasladar al centro sanitario del pabellón." A pesar de padecer una patología cardíaca, las funcionarias "no tuvieron consideración alguna con mi estado físico."
"Querían que confesara que colaboraba con el MI6; como había estudiado en Inglaterra decían que ya estaba en contacto desde entonces con el Gobierno británico. No daba crédito. Además, pretendían que confesara haber mantenido relaciones ilícitas con los Srs. Jatami y Karrubí[ii]", relataba. Llegaron a simular una escena de ahorcamiento en un interrogatorio. "Recrearon ese escenario. Me llevaron a un pequeño habitáculo con una cuerda de ahorcamiento", confirma.[iii]
Define las celdas de aislamiento y su tortura "blanca" como "una tortura grave y brutal, independientemente de las circunstancias de la prisionera….En 2009, además del aislamiento, sufrí palizas, soporté obscenidades y realicé huelgas de hambre. Padecí otras calamidades en las sentencias de prisión posteriores, además de las que ya sufría, y por eso me puse en huelga de hambre en varias ocasiones."
Reyhaneh Tabatabaei (1980), periodista y reformista, fue encarcelada varias veces hasta 2016. Cuenta que, en su primera detención en 2010, "En la celda había un Corán y a su lado una cucaracha muerta, les pedí que limpiaran aquello y lo hicieron." Tuvo suerte. Su interrogador sabía mucho de su vida "incluso las cafeterías a las que acudía y algunas cosas que yo había dicho en diferentes sitios. Habló de mis problemas familiares y personales, e incluso estaba informado sobre eventos familiares."
Sima Kiani (1965), miembro de la comunidad bahaí, recibió una condena de cinco años de cárcel, reducida posteriormente a un año. Reside en Teherán. " Me pidieron que escribiera que estaba arrepentida y que colaboraría con el Ministerio de Inteligencia. Cuando se encontraron con mi negativa, empezaron de nuevo las amenazas, asegurando que procederían a la detención de mis amigos y familiares… Me amenazaron con que los interrogatorios se harían con los ojos vendados y contra la pared y, efectivamente, así lo hicieron."
Fatemeh Mohammadi es cristiana conversa. Detenida en 2017 por delitos contra la seguridad nacional y actividades cristianas fue detenida varias veces y encarcelada por su protesta del derribo iraní de un avión ucraniano. Fue condenada a tres meses de prisión y diez latigazos. Tiene prohibido asistir a la universidad. "Los interrogatorios eran muy duros porque me insultaban de forma horrible y vejaban a mi familia, sobre todo a mi madre y, por supuesto, a mí misma. Por ejemplo, decían que la iglesia cristiana era como un casino. Me echaban en cara que leyera la Biblia y no el Corán."
Sedigheh Moradi (1961), de la comunidad derviche sufí, fue detenida en la década de 1980 dos veces. Luego, lo fue en 2011. Tras cinco años de prisión, volvió a ser detenida en 2019 junto con su marido, Mehdi Jawas Sefat. Ahora ejerce de médica. "La segunda vez fui arrestada en agosto de 1982. Me daban continuamente golpes en la cabeza mientras me insultaban. Me resultó extraño que, junto a mi nombre y apellido, me preguntaran por mi número de zapato. Más adelante entendí por qué lo hacían."[iv]
Shokoufeh Yadollahi, (1967) de la comunidad derviche sufí, como Nazila Nouri (1968), fueron detenidas en 2018 con cien derviches más. Lo contaron así: "Eran las 3 de la madrugada cuando nos detuvieron. Nos mantuvieron en la calle hasta las 6 de la mañana. A las 7 de la mañana llegamos al Departamento de Investigación Criminal de Shapour. Allí internaron a los hombres, y a nosotras nos trasladaron a la calle Vozara. Pasamos la noche allí y después nos trasladaron a Shahr-e-Rei. Debido a los golpes y a los apaleamientos nuestras ropas estaban manchadas de sangre y mojadas por el agua que nos echaron con las mangueras de los camiones."
"Mi hijo Kiarash (de Nazila) fue arrestado conmigo. Tenía entonces veinte años. Durante mucho tiempo no supe qué le había pasado. Mi mayor preocupación era el estado de mi hijo. La primera vez que me permitieron llamar a mi marido, simplemente le pedí que me informara sobre la situación de Kiarash. Mi hijo recibió un disparo y resultó herido cuando él y yo fuimos arrestados. La última vez que me vio yo tenía mi cabeza y mi cara ensangrentadas; y vi que él tenía una herida de bala."
Marzieh Amiri (1986), periodista y defensora de los derechos de la mujer, fue detenida en 2016 y 2019 y condenada a más de 10 años de cárcel y a 148 latigazos, aunque ya se encuentra en libertad. "Me encontraba en una sala sin enseres y por allí solo transitaban hombres con máscaras en sus rostros… Era una celda pequeña. Había una lámpara que siempre estaba encendida. La maldita lámpara era tan potente que a veces pensaba que un sol punzante me atacaba los ojos."
Todo lo que se cuenta en ese libro debe servir para impulsar un Manifiesto de las mujeres iraníes, en su mayoría persas. El dolor causado por la teocracia clerical de los ayatolás es democráticamente insoportable[v], salvo para los cómplices y traidores de una izquierda sin alma que vende sus servicios al mejor postor y para los estúpidos o indiferentes de unas derechas incapaces de comprender la necesidad de defender las libertades civiles y los derechos humanos.
Ahora, cuando las calles de muchísimas poblaciones de Irán arden esperanzadas para poner fin al dominio del ayatolá y dictador Ali Jamenei, con muchos miles de muertos y heridos causados por la brutal represión, tengamos un momento de recuerdo para la joven Mahsa Amini, de 22 años, que fue arrestada por la policía moral iraní en 2022 por su manera de llevar el velo y que resultó muerta mientras estaba detenida. Su rostro inspira el futuro de Irán.
Cualquier parecido con el mujerismo neocomunista que domina en España y en buena parte de la izquierda occidental, ni siquiera alcanza la entidad de coincidencia.
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