
De un tiempo a esta parte, parece haber indicios de que algo se mueve en las entretelas de una España sometida al más virulento ataque múltiple conocido desde 1978. Nada casual, con la precisión de una metodología negra que diría Gustavo Bueno (exagerar y omitir, dos formas oscuras de mentir), desde 2004 muy artera y sibilinamente, y desde 2018 a cara descubierta, el desguace final de una de las naciones más antiguas y fecundas de Europa ha sido reconocido como deseo y planeado con maña.
Digo final porque lo que ha sido la nación española y su extensión por otros continentes lleva siendo objeto de ataques fraguados desde hace mucho. Era de esperar, en buena medida. Que Francia, Inglaterra, Holanda y algunos otros actores políticos se empeñaran en destruir a España y su dominio mundial entra dentro de la lógica maquiavélica de la política internacional. La leyenda negra, fruto de esa estrategia de poder, tuvo un gran éxito y de hecho, hizo y hace un daño notable a la imagen de España en el mundo.
Si se repara en lo que todavía era y significaba España a finales del siglo XVIII y lo que terminó siendo a finales del siglo XIX, se percata uno de la envergadura de la gran operación antiespañola urdida siglos atrás que combinaba ataques económicos, políticos, militares, religiosos y culturales para conseguir la desmembración de las Españas, la continental europea y las nuevas en el mundo, todas ellas emergentes desde 1492.
Tras 1898, la demolición pareció haberse detenido, al menos en lo que respecta a sus enemigos exteriores. Ya había poco que derribar. Tan debilitada quedó la nación que prácticamente desapareció del mapa del poder internacional. Por ello resultaba innecesario que los agentes a sueldo escribieran nuevos capítulos ennegrecedores de la historia de España.
Nadie se esperaba que una nueva ofensiva antiespañola procediera del interior de la propia nación. Nunca antes izquierdas y derechas, por usar estos términos desgastados para designar a conservadores y liberales, habían discrepado en cuanto al valor y entidad de la Patria común aunque sí sobre la forma de engrandecerla y modernizarla.
Dos movimientos históricamente recientes, pero muy cimentados ideológicamente, confluyeron en servir de cauce a una nueva ofensiva con potencia suficiente para producir, no ya la pérdida de poder, sino el propio desgarro de la nación. Por una parte, el internacionalismo de raíz marxista que desvalorizaba la idea de España como nación. Por la otra, los nanonacionalismos de impulso regionalista que ansiaban desgajarse del tronco común por diferentes razones e intereses.
A ello quisiera añadir la inexplicable contribución de una parte de la Iglesia católica, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, rescatando las demasías nigrolegendarias, ampliadas ahora al origen y resultado de la Guerra Civil. Resulta difícil de entender sectores de una jerarquía que había sido salvada del asesinato masivo por el franquismo, rolaban a voceros de las tesis de quienes, de haber podido, hubieran sido sus verdugos.
Tras la transición del franquismo a la democracia, con todos sus defectos, pareció que España era por fin una cosa de todos, incluso de los comunistas. Pero fue un espejismo. Bien pronto se vio que los separatismos volvían a la carga y que los comunistas de todas clases empezaban a redefinir su interpretación de lo ocurrido tras la muerte de Franco.
Frente a la idea de superación del pasado de todos mediante una escrupulosa convivencia democrática, revivió el viejo mantra de las dos Españas. Según la nueva interpretación, inspirada sobre todo por ETA, la Transición fue en realidad una rendición de los herederos del derrotado y viejo Frente Popular.
Si es cierto que hubo amnistía y libertades civiles, su costo fue la impunidad de los rectores del franquismo, su rey impuesto y la continuidad de numerosas piezas del viejo régimen. De este modo, la Constitución de 1978 ya no se aceptaba como marco de convivencia sino como "candado" para cualquier tipo de reformas que pretendan ir más allá de ese marco.
La sorpresa saltó cuando el PSOE, uno de los partidos sustentadores de la Transición y el desarrollador de primeras y numerosas leyes derivadas de la Constitución, viró de manera inesperada a favor de quienes deseaban dinamitar la Transición, transformar el olvido y el perdón mutuo en memoria agresiva del pasado y dar paso al troceo de la nación y del Estado en un proceso de disgregación regional. Los gobiernos de Zapatero, de Rajoy (por omisión) y Pedro Sánchez fueron los aceleradores necesarios de la crisis nacional que vivimos.
Sin embargo, algo ocurre en el seno profundo de la sociedad española. Estamos siendo testigos de una cierta sublevación cultural. Desde las "resurrecciones" de la Semana Santa y los toros a la reacción contra las Leyendas Negras y el silencio prevaricador sobre hechos muy relevantes de la Historia de España desde el siglo XV - la escuela de Salamanca, por poner un solo ejemplo -, y, desde luego, sobre el "relato" de la Guerra Civil y sus antecedentes y consecuentes, parece emerger una conciencia crítica que, sin negar los errores, destaca los aciertos de la gran nación española.
Por ello, no es de extrañar que en estos momentos de peligro para la continuidad nacional pero de esperanza en el resurgimiento de la nación común, haya quien haya propuesto un tratamiento de choque para vencer nuestros traumas hasta ahora insuperables al parecer. Se trata de la Hispanoterapia, cuyas fases y procedimientos se encuentran en el libro de Alberto Gil Ibáñez, que se titula precisamente así.
Como dice en el prólogo el profesor de Psicología Fernando Pérez del Río: "Alberto nos propone una empresa singular: someter a la Hispanidad a una suerte de psicoterapia global, no para diagnosticarla con ojos altivos, sino para reconciliarla con su verdad íntima, como si se tratara de curar a un niño herido. Una dosis de autoestima, sí, pero no de esa autoestima vacía propia de los manuales de autoayuda anglosajones, sino la que nace del reconocimiento honesto de lo que fuimos y de lo que, a pesar de todo, seguimos siendo."
Este libro, recomendable a derechas, izquierdas y centrismos varios aunque probablemente inútil para los fanáticos de visiones infusas e infalsables acerca de cualquier realidad, pretende que los españoles y todos los hispanos del mundo salgamos del estado de hispano-bobería, un estado psicológico que nos convierte en "eternos hispanobobos", víctimas fáciles de los engaños de todos nuestros enemigos que impiden desde hace siglos que la Hispanidad adquiera conciencia de su valor y potencialidad.
Algo masoquista debe haber en el extraño comportamiento hispano de "dejarse engañar reiteradamente por corruptos irredentos o a prestarse a ser mandados por cualquiera con apariencia de confianza en sí mismo —por carecer de ella como colectivo—, aunque ofrezcan síntomas evidentes de padecer el síndrome del "incompetente prepotente"". En España, sobre su propia historia nacional y en la Hispanidad sobre la historia compartida.
En este libro, minucioso y pormenorizado, pleno de referencias a las aportaciones hispánicas al mundo, se alude inicialmente a unas ideas fuerza que conviene asimilar desde el principio para zafarse de la hispano-bobería:
1.- Es preciso asumir la importancia de la Historia real porque explica cómo hemos llegado a ser lo que somos. Pero la real, no la ficticia o la inspirada por los enemigos. Conociéndola cambiará nuestra propia historia y nuestra vida.
2.-Es un paso contra el sometimiento cultural de quien nos impone su versión de nuestra historia. Hay que valorar más a nuestros antepasados contra quienes nos los han presentado como peores de lo que fueron. Esto es preciso para recuperar nuestra autoestima y autoconfianza colectivas. Somos mejores de lo que nos han hecho creer.
3.-Formamos parte de una comunidad, la hispana, que ha demostrado tener un gran talento. " Somos 500 millones de personas con una gran tradición e historia común…" pero se nos ha convencido de que todo lo que hemos hecho ha sido con trampas y abusos. Hay que construir una identidad sana con independencia de criterio.
4.-Hay que empezar a respetarnos a nosotros mismos, única manera de que los demás vuelvan a respetarnos.
5.-Hay que hacerlo juntos para ser más fuertes, llegar más lejos y posibilitar la vuelta de "lo hispano" y de los hispanos.
Además, en las tres partes fundamentales del libro, que se tejen en 12 capítulos se proponen una serie de ejercicios "hispanoterapéuticos", uno por capítulo.
En la primera parte, centrada en la revisión de la historia que se nos ha contado, se ofrecen dos ejercicios iniciales, siempre tras cerrar los ojos y respirar lenta y profundamente.
Uno: "Pregúntate por qué a estas alturas la Hispanidad sigue siendo objeto de ataques que promueven un generalizado desaliento en relación con (todo) nuestro pasado o con gran parte de nuestro presente. Pregúntate a quién beneficia este proceso. Pregúntate por qué se pone un énfasis especial en mantener a la comunidad hispánica débil y dividida. Pregúntate por qué llevamos, al menos, dos siglos sin responder a esos ataques…"
El segundo es: " ¿Cómo te sientes y qué emoción te produce cuando te dicen que eres hispano? Profundiza de dónde proviene esa sensación. Muestra gratitud a todos los que nos han permitido llegar hasta aquí. Piensa que el saldo neto de los que nos han precedido, con sus fallos y aciertos, es que nuestro nacimiento a esta vida haya sido posible."
En la segunda parte, dedicada a exponer el diagnóstico que revela los cinco síndromes de una distorsión cognitiva sobre lo hispano, se enumeran:
Tres: " … piensa cómo influyen en tu estado mental los distintos relatos que han configurado tu visión de la realidad y el mundo. En especial, los que afectan a tu condición de miembro de la comunidad hispánica. Tómate unos minutos."
Cuatro: "Pregúntate cuál es el relato que te cuentas a ti mismo... Siente de dónde surge, con qué palabras se expresa y si es realista y objetivo o falsario y exagerado…Pregúntate cuál es la imagen que tienes de tu nación, aunque no te sientas parte de ella, y del mundo hispano. Siente cómo ha llegado a formarse ese relato en tu mente y si has sido consciente de cómo has aceptado lo que contaban otros sin comprobarlo por ti mismo…"
Cinco: ¿Daría igual que nuestra familia fuera la que en su día fundó el pueblo en el que todavía viven el resto de personas con derecho a pensar por sí mismas. "¿Cómo te sentirías? Eso es lo que nos ha pasado a los hispanos. Toma consciencia de cómo tus pensamientos pueden ser manipulados según las imágenes que los presidan". Los escolásticos españoles de Salamanca debatían sin la sombra de la guillotina ilustrada al fondo. Lo que son las imágenes.
Seis: "¿Cuál fue el imperio que sucedió al romano? ¿Cuál ha sido el imperio más poderoso o exitoso? ¿Qué cultura ha cambiado, de manera más clara, el mundo a mejor? ¿Quién trajo por primera vez la igualdad, la libertad y la fraternidad? Si no has podido responder a ninguna de estas preguntas con una frase que incluya el calificativo «hispano», preocúpate. "
Siete: "Te sientes separatista o indigenista. Buscas profundizar en la división y separación del mundo hispano. ¿Quién te ha introducido esas ideas? ¿Lo ha hecho de forma honesta y desinteresada…Olvidar que eres parte de un pueblo esencialmente mestizo es una distorsión cognitiva que te impide encontrar tu ser auténtico... Abre los ojos, respira y despierta de una vez a la gran hermandad hispana."
En la parte tercera, trata de recuperar lo que llama la "hispanosofía". Para ello, aconseja cinco últimos ejercicios terapéuticos.
Ocho: Tanto si eres comunista como si eres liberal tienes que preguntarte si se puede hablar de reformas sociales y de libertad sin tener que recurrir al marxismo o al liberalismo anglosajón. A lo mejor hay bases para un humanismo hispano que incluya ambos elementos de un nuevo modo.
Nueve: " ¿Vivimos los hispanos como queremos o como quieren otros que vivamos? Proponte romper la cadena de sometimiento de dos siglos. Si tu pensamiento se ha formado por fuentes esencialmente foráneas, no lo dudes: estás manipulado. Haz hoy un firme propósito para salir del vasallaje cognitivo."
Diez: "Recuerda quién eres, no estás solo. Eres miembro de un club de talento hispano con siglos de historia. Tus antepasados viven en ti. Honra su legado. Es un deber moral y una necesidad psicológica tratar de estar a la altura de los mejores, cuya sangre y recuerdos corren por tus venas y neuronas. No defraudes su memoria ni tus posibilidades. No nos agachemos más, optemos por viajar a hombros de gigantes hispanos, tenemos de sobra."
Once: "Pregúntate qué misión da sentido a tu vida. Recuerda el ejemplo de los que te han precedido, sus valores y virtudes. ¿Cómo resuenan en tu interior? Ahora plantéate estas tres misiones: dejar tu mundo algo mejor de cómo lo encontraste, ser feliz sin hacer infelices a los demás y forjar tu carácter para superar limitaciones, sacando lo mejor de ti."
Y doce: "Imagina que eres un pequeño gusano ingenuo y miope de un solo ojo que apenas puede moverse encerrado en un lugar oscuro. Ahora, siente la necesidad de convertirte en una alada mariposa astuta y de visión panorámica…De hispanobobo te has convertido en hispanolobo… Eres miembro de un club de talento. Pregúntate, ¿qué puedes hacer hoy por la Hispanidad?...¡Despierta de una vez! ¡Somos hispanos! Sal y cómete el mundo."
Bueno. Es una reacción ante el menosprecio que sufre la Hispanidad en su conjunto y España en particular. En nuestro caso, las mismas preguntas o parecidas pueden formularse respecto a nuestro pasado más reciente. Ahora que se quiere imponer la memoria "correcta" de la Historia nacional mediante una Ley, bueno será preguntarnos si queremos seguir el camino de la propaganda o si nos decantamos por la Historia en serio, con todos sus hechos, sin deformaciones ni omisiones.
El libro acaba con veinte medidas para promover el hispanismo, que van desde la institución de una OTAN y un FBI hispánicos a una Unión Hispana de Universidades, un mercado de la cultura hispana y ligas deportivas propias, además de una administración sin complejos de la lengua española, un sector financiero hispano y un fortalecimiento de la música hispana.
A lo mejor es cierto. Tal vez a la acción sistemática impulsada para destruir lo hispánico desde hace siglos se sigue ahora la reacción popular en defensa de la identidad común ajada y, en algunos casos, casi aniquilada. Quizás estamos asistiendo a una rehispanización de España y de toda la Hispanidad y queda alguna esperanza.
