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Amando de Miguel

Cómo se escribe un artículo

Algunos lectores me solicitan la receta para componer artículos de opinión, que son algo más que mensajes telemáticos.

Amando de Miguel
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Son muchos los curiosos lectores que me felicitan por esta facundia que Dios me ha dado para ensartar un artículo tras otro sin despeinarme. Llevo practicando esta operación más de medio siglo y habrán salido de mi bolígrafo (pues escribo siempre a mano) algunos miles de artículos periodísticos. Antes eran de papel, hoy digitales.

Algunos lectores me solicitan la receta para componer artículos de opinión, que son algo más que mensajes telemáticos. Puede que sirvan estas líneas como prontuario de urgencia para quien quiera escribir un texto interesante con más de 140 caracteres.

La primera providencia es que pueden escribir todos los que hayan superado la escuela en edad obligatoria. Es cuestión de ponerse a ello. Por lo mismo, todos somos capaces de pintar, como se demuestra en la dedicación favorita de los escolares de las primeras letras.

Aunque pueda parecer extraño, lo primero que tiene que hacer el escritor en ciernes es buscar un título, que corresponda, aunque solo sea de forma aproximada, a la idea que tiene en la cabeza. Mis iniciales artículos periodísticos fueron para el efímero y polémico diario Madrid de hace más de medio siglo. Los títulos de mis primeras contribuciones sonaban más bien a ensayos de un estudiante de sociología. Menos mal que el joven subdirector del Madrid, Miguel Ángel Gozalo, entró al quite y me enseñó a titular.

Recuerdo un consejo de redacción del Madrid en el que se discutía el título y el contenido de un artículo de Rafael Calvo Serer: "Retirarse a tiempo: no al general De Gaulle". Yo propuse un título más expeditivo: "Retirarse a tiempo: no al general". No se me hizo caso; menos mal. La pieza salió con el título propuesto. Aun así, todo el mundo entendió que se refería a Franco, aunque solo se hablaba del general De Gaulle. El artículo provocó el cierre del periódico.

Otra cosa que aprendí en el Madrid fue a componer frases cortas, un empeño que se rebela contra la tradición barroca de nuestro idioma. Más tarde me impuse una norma cuasi deportiva: las frases no deben sobrepasar las 30 palabras. No me puedo quejar de tal disciplina.

Bien está incluir algunas citas de otros autores, siempre que sean verdaderas autoridades. Naturalmente, la cita debe ser corta e ir entrecomillada, salvo que el texto sea sobradamente conocido. El desliz puede prosperar cuando el autor del artículo aspire a ser presidente del Gobierno o presidente del Senado. Siempre queda bien dejar caer algún nombre propio para estimular la curiosidad del lector.

La lengua castellana posee muchos recursos, como la riqueza de los artículos o la eufonía de los polisílabos. Pero acarrea el inconveniente de la monotonía de ciertos términos (por ejemplo, los terminados en -on). Lo cual induce a que se cuelen rimas no deseadas en la prosa. Hay que evitar tales ripios con la consulta a un diccionario de sinónimos. Pero conviene recordar que no suele haber dos palabras que signifiquen exactamente lo mismo.

Acabo de escribir "exactamente lo mismo". ¿No se podría haber eliminado el adverbio? Pues no. A pesar de la reiteración que suelen transmitir los adverbios, no es posible evitarlos del todo; proporcionan sutiles matices. Pero cuidado con los excesos. Por ejemplo, "única y exclusivamente" suena adocenado.

Una peculiaridad del castellano es la utilidad de los verbos auxiliares, como ser, estar, haber. También aquí hay que evitar el abuso. Siempre que sea posible, deben sustituirse esos verbos por otros. De lo contrario, la pieza puede resultar tediosa.

Un error de sintaxis muy común es hoy la influencia desmedida del inglés. Por ejemplo, recurrir al verbo advertir en lugar de reconocer. O. también, confundir requisitos con requerimientos. Se trata de un pequeño vicio que se suele dar más en los escritores que no saben inglés.

Hasta aquí las recomendaciones respecto a la forma, que importa mucho. Pero todavía resulta más necesario el contenido. Por desgracia, aquí no se pueden sintetizar muchas reglas. El consejo de oro es que se debe huir de las ideas mostrencas, lo que repite el pueblo sobre el asunto que nos impele a escribir. Esto es, se impone buscar un punto de originalidad, aunque sin narcisismos ni excentricidades. Tampoco es cuestión de llevar la contraria a todo el mundo o dárselas de original. El Mediterráneo ya está descubierto. Aunque siempre cabe un toque personal. Déjese que surja de manera libre, espontánea. Cuéntense las líneas anteriores y el artículo estará hecho, como en el famoso soneto de Lope.

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