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Juan Manuel González

'Sin Límites': a mí me gustan las pastillas

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¿Qué harías si pudieras utilizar toda tu inteligencia y convertirte en un ser superior? En Sin Límites, que ya está en cines, el simpático galán Bradley Cooper interpreta a un escritor fracasado que descubre una misteriosa droga que le permite utilizar toda su capacidad cerebral. Eddie Morra, que así se llama, será capaz de acabar su libro en un día, de aprender idiomas y moverse con la Jet Set de Wall Street. Tiene en su mano la manera de arreglar su vida... ¿o será de acabar con ella?

Pese a contar con la poco habitual virtud de la originalidad e incluso el don de la eficacia, Sin Límites, vehículo al servicio del entregado Bradley Cooper, no acaba de convencer. El filme de Neil Burger (El ilusionista) toca muchos palos: desde la ciencia ficción y el thriller criminal hasta la paranoia política, pasando por la comedia de acción. El resultado es una película desconcertante, pero que acaba confundiendo la imprevisibilidad con lo injustificado.

Burger dirige la acción con agilidad y repartiendo ideas visuales afortunadas aquí y allá. Durante los primeros minutos, Sin Límites promete una buena dosis de locura y suspense, pero todo ese abanico de posibilidades se ve frustrado por un desarrollo arbitrario. A medida que el guión se abre posibilidades y hace preguntas que luego no responde, la puesta en escena de Burger se revela más insegura y menos provocadora de lo que anunciaba.

Al menos, la película exhibe una guasa notable cuando toca regodearse de la política y los tejemanejes de Wall Street casi tanto como de los matones de medio pelo que persiguen al protagonista. Un paralelismo que parece el motivo central de la cinta pero que, debido a la falta de foco del guión, nunca llega a pasar de anécdota.

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