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De todas las personalidades que han definido el cine americano comercial de los últimos años, probablemente una de las más controvertidas sea la de Judd Apatow. Primero, por tratarse de un artesano dedicado exclusivamente a la comedia, género tradicional e injustamente situado por detrás de gestas, digamos, más dramáticas. Y segundo, y aún más importante, por codificar un estilo basado en el humor cafre, deslenguado e incorrecto, totalmente alejado de las buenas costumbres... aunque en el fondo sus cintas siempre tengan un corazón romántico y hasta convencional.

Ahora, con el estreno de La boda de mi mejor amiga, el gran éxito sorpresa de la cartelera americana de los últimos meses –la cinta producida por Apatow lleva amasados 256 millones de dólares sobre un presupuesto de 32, cifra ridícula por aquellos lares -, el productor y director prueba suerte con un sector del público que hasta ahora le era ajeno casi por definición: las mujeres. Y es que una de las críticas que las testosterónicas comedias de Apatow han tenido que encajar más a menudo es su misoginia, la nula definición de los personajes femeninos en sus historias, siempre limitados al rol de objetos de deseo o incluso villanas de la función.

Pese a suplir una de su carencias, la pregunta sigue siendo si hay algo detrás de sus películas, o si se trata simplemente de artefactos de humor sin más trasfondo. Virgen a los 40, Supersalidos, El reportero, Pasados de vueltas, Dewey Cox, Superfumados, Paso de tí... muchas de ellas han sido títulos de poco éxito en España -me pregunto si habrá influido la paupérrima política seguida en la traducción de sus títulos-, pero fuera de nuestras fronteras han resultado en verdaderos fenómenos sociológicos, logrando el status de títulos de culto y grandes cantidades de dinero en la taquilla.

Y eso nos lleva directamente a la tercera característica más definitoria de Apatow. De su factoría (ya sea dirigidas, pero sobre todo producidas o escritas por él) han salido multitud de comedias, en ocasiones hasta cinco o seis por año, y casi todas durante la última década, a raíz del fenomenal éxito de su primer taquillazo, Virgen a los 40 (2005). Y como es de suponer, las que no llevan realmente su sello siguen, de todas formas, su estilo, haciendo que cualquier espectador se haya topado de bruces, quiera o no, con una comedia de su estilo. Un factor que ha sido tenido muy en cuenta por sus enemigos.

Nacido en 1967, Judd Apatow tiene 44 años. Neoyorkino y judío, empezó su trayectoria en la TV con la serie Freeks and Geeks, que tenía como protagonista a -entre otros- James Franco, protagonista de 127 horas o El origen del planeta de los simios. Pero antes de eso, Apatow fue locutor de radio de una emisora local y también un avezado organizador de eventos de stand-up comedy junto a sus compañeros de universidad.

Activo twittero –Apatow no cesa de escribir comentarios sobre lo que ve, hace u oye, a toda la comunidad hollywoodiense-, está casado con Leslie Mann, actriz de comedia y secundaria en muchas de sus películas, como Lío embarazoso o su gran fracaso artístico y comercial hasta la fecha, Hazme reír (2010). Ambos se conocieron a mediados de los noventa durante el rodaje de Un loco a domicilio (1996), con Jim Carrey, cinta que Apatow estaba reescriendo.

Su salto definitivo a la fama se produjo años después con un vehículo al servicio del cómico de Saturday Night Live Will Ferrell, El reportero (2004). El filme es desconocido en España pero se ha convertido en un título casi de culto en EEUU. Aunque en ella no ejerció labores de dirección, sino de guión y producción, la película -que narra los enredos provocados por un presentador de informativos locales en los setenta, cuando una bella locutora le deja profesionalmente en segundo plano-, ya plantea muchos de los temas habituales en sus comedias, como las inseguridades sexuales masculinas ante el inevitable avance de la mujer en el ámbito laboral. Un trasfondo más social y mundano de lo aparente que, no obstante, sus abundantes detractores tachan de demasiado cándido y poco comprometido, algo que le aleja de grandes creadores en la época dorada de Hollywood.

Su salto a la dirección cinematográfica fue Virgen a los 40 (2006), que lanzó a la fama mundial al cómico televisivo Steve Carell. La película narra los intentos de madurar de un cuarentón poco ambicioso, aficionado al coleccionismo de juguetes y que nunca ha tenido relaciones con mujeres. Y es que otro de los escenarios que plantean las cintas de Apatow es el de la dificultad de crecer. Sus personajes masculinos siempre, por definición, sufren el denominado síndrome de Peter Pan, es decir, se trata de adultos irresponsables y ensimismados incapaces de asumir roles e integrarse en una sociedad exigente.

Después de ella llegó Lío embarazoso (2007), sobre la inesperada paternidad del manta que interpretaba Seth Rogen después de una noche de borrachera con una joven de éxito. Ambos éxitos de taquilla y de crítica, elegidas como de las mejores cintas del año por muchos profesionales del sector, e incluso -la segunda de ellas- elegida como uno de los mejores 10 filmes del año por el American Film Institute.

Simultáneamente a ésta Apatow estrenó Supersalidos (Superbad), basada en un guión de Seth Rogen y Evan Goldberg escrito para que el primero lo interpretase. No pudo, ya era demasiado mayor (fue escrito para diez años atrás), y dejó su papel al aún más orondo Jonah Hill, que protagonizó la película junto a Michael Cera. Un relato iniciático que adopta los estereotipos de comedias adolescentes de los ochenta... para hacer una película aún más soez y contemporánea que, sorprendentemente, deriva en un nostálgico retrato de una amistad infantil a punto de acabarse.

A lo largo de los años, Apatow ha ido reuniendo a una nueva generación de intérpretes cómicos –Steve Carell, Will Ferrell, Paul Rudd, Jonah Hill, Jason Segel, Michael Cera, Elizabeth Banks, Leslie Mann...- que han renovado el panorama del estrellato hollywoddiense. Todo ello a pesar de otra de las características negativas que se le han achacado a la factoría Apatow es la excesiva duración de sus películas, una característica de la que no se libran las tres anteriores –sus mejores aportaciones hasta la fecha- y también La boda de mi mejor amiga, sin duda el nuevo logro de su curriculum. Todas ellas se extienden hasta casi los 125 minutos de duración, algo que resiente el ritmo de sus historias, fundamentadas siempre en las actuaciones y los diálogos más que en tramas excesivamente complejas.

Tras ellos, vinieron una larga serie de reacciones negativas de la crítica hacia sus filmes, convertidos ya en cliché y acusados de caer en diversos estereotipos sociales. Sin embargo, ahora Apatow parece haberse reconciliado de nuevo con ese colectivo y con el público gracias a La boda de mi mejor amiga, verdadero compendio de las virtudes y defectos de su cine. El filme protagonizado y coescrito por una brillantísima Kristen Wiig ha logrado el poco habitual consenso total. Además del beneplácito del público, su calificación se alza hasta un 7,4 en Rotten Tomatoes y un 7,6 en Metacritics. El veterano Roger Ebert, del Chicago Sun Times, le ha dado 3,5 de 4 estrellas. Universal, aún llenando sus arcas gracias al poco habitual boca oreja que ha beneficiado al filme, ya ha anunciado que habrá secuela.

Parece demostrado que tras el gamberrismo de Judd Apatow existen preocupaciones mayores. Aunque su locuacidad sea ya cliché, temas como la amistad, la paternidad, el matrimonio, las relaciones –o la falta de ellas-, la falta de expectativas y esperanzas de las narcisistas nuevas generaciones, sometidas a una sociedad esquizofrénica y angustiante, están latentes y a flor de piel en forma de alegres píldoras de entretenimiento de masas, sin afectados pesimismos ni subrayados pretenciosos. Ya saben el tópico: al final, quizá los payasos sean los más tristes de todo el circo... o no.

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