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Juan Manuel González

'Attack the block'

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A los admiradores de las cintas ciencia ficción de los cincuenta y, casi por extensión, de la labor de cineastas como el norteamericano John Carpenter, no debería pasarles inadvertida la presencia en salas españolas de Attack the Block. Fiel representante de ese cine británico y de género ejemplificado principalmente, quizá, por la comedia Shaun of the Dead, de Edgar Wright (a la sazón productor de Attack the Block), la cinta del debutante Joe Cornish, uno de los guionistas del reciente Tintín de Spielberg, se sitúa a medio camino del homenaje paródico a las cintas de invasiones alienígenas, y la adaptación a la idiosincrasia británica de los postulados de los géneros de ciencia ficción y terror.

Con esto quiero decir que no hay razones para el ninguneo de una cinta como Attack the block, y menos aún vistos los agradables resultados. Su mezcla de géneros y elementos –ciencia ficción y terror- se plasma en una narrativa que, sin embargo, resulta extraordinariamente concisa y depurada. Cornish matiza en cuatro hábiles trazos a sus protagonistas, una pandilla de atracadores adolescentes con rasgos muy poco heroicos. Y pese a alguna descompensación, acierta en el irónico retrato de sus discutibles acciones y pensamientos, distanciándose de ellos cuando es necesario, pero también aportando una sorprendente comprensión cuando la película lo requiere. Cornish evita bien la demagogia, no nos vende mensajes buenistas, pero mucho menos negatividad social. El desenlace, sin contar nada del mismo, tiene ambición social e incluso cierta simbología, sin resultar farragoso o pretencioso.

A pesar de jugar con el componente paródico y el tributo a los puntales del género, el realizador británico demuestra dominar el menos es más y saber hacer mucho con muy poco (la referencia a Carpenter enunciada más arriba no era gratuita). En ausencia de unos medios extraordinarios, Cornish demuestra que, en realidad, no los necesita: en su lugar se dedica a modular la velocidad del trepidante relato, de apenas ochenta y pocos minutos, y a sacar un provecho extraordinario del acotado espacio de la acción y de la música de Steven Price. Cornish, en definitiva, no trata de vendernos la moto que no es y realiza una comedia de ciencia ficción y terror en la que no faltan momentos reseñables a nivel de puesta en escena e incluso tensión y sangre, como la épica presentación del bloque donde se desarrollará la acción, ese ralentí final que envuelve a uno de los protagonistas perseguido por la horda, o el montaje con todos los chicos armándose para hacer frente a las criaturas.

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