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El invitado es el salto a Hollywood de Daniel Espinosa, joven realizador cuyo anterior thriller criminal, Dinero Fácil (Snabba Cash), basado en la novela negra de Jens Lapidus, ya indicaba que la dirección a dónde apuntaba el sueco no eran exactamente los bajos fondos de Estocolmo, sino la meca del cine americano. En la presente, Espinosa se ha entregado a un thriller de espionaje y acción dividido entre su naturaleza de derivado de la saga Bourne, la fantástica trilogía de acción que protagonizó Matt Damon para el mismo estudio, Universal, y la ambigüedad antiheroica de Training Day, filme que le reportó un Óscar a su estrella, Denzel Washington.

En esta ocasión, nos encontramos con un exespía retirado, Tobin Frost (Washington), acusado de vender secretos de Estado, y que se entrega a la embajada americana en Ciudad del Cabo, tras años desaparecido. Cuando el piso franco donde Frost es interrogado es asaltado por unos atacantes, el joven e inexperto agente Matt Weston (Reynolds) resulta el único superviviente. Weston y Frost y se ven obligados a colaborar mutuamente para sobrevivir a sus nuevos enemigos...

El invitado es, pues, un intento de su estudio por prolongar la estela de la influyente trilogía del agente desmemoriado Jason Bourne, nuevo arquetipo del thriller de espionaje y acción. Lamentablemente, Espinosa se ha encontrado de frente con las necesidades de su estrella principal, un Denzel Washington que está perfecto en su papel, pero que exige al guión y al realizador más explicaciones de las que su personaje necesitaba. El prólogo de la cinta, confeccionado para presentar a su protagonista, y organizar una perfecta persecución, resta la ambigüedad necesaria a Tobin Frost y, sobre todo, imposibilita el que hubiera sido el (perfecto, físico) arranque de la cinta: la llegada de éste al piso franco que da el título original a la película. Después, Espinosa da la impresión de perder el compás a la hora de crear la química entre los personajes de Washington y Reynolds, de encajar la trama de redención del primero, y de aprendizaje del segundo, en una misma historia, añadiendo subtramas (una sentimental, otra de implicaciones internacionales) que tratan de responder preguntas que, en realidad, nadie había hecho. Podríamos decir que en El invitado, el alma de Bourne y la de Training Day no acaban de coexistir en beneficio del relato.

No obstante, y pese a carecer el espesor y la intuición de su máximo referente, el británico Paul Greengrass (y es que la experiencia siempre es un grado a la hora de manejar los clichés), la espléndida factura del producto, para el que se ha convocado al mismo director de fotografía de la trilogía Bourne, Oliver Wood, y la labor de sus secundarios, que resuelven extraordinariamente unos personajes maniqueos (ahí están Vera Farmiga y Brendan Gleeson), resuelven la jugada a Espinosa. El invitado es, pese a lo mencionado más arriba, una cinta sólida, trepidante y atractiva, tremendamente bien filmada (atención a la persecución en coche que sigue al asalto a la casa), y que destila una clara desazón en su visión de las cloacas de los servicios secretos. Espinosa queda situado como un realizador de acción a seguir desde ya.

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