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Grupo 7 se presenta como una alumna inesperadamente aventajada y diligente de No habrá paz para los malvados, el estupendo policiaco protagonizado por José Coronado que este mismo año recibió el Goya a la mejor película. La película de Alberto Rodríguez (7 Vírgenes) profundiza en las posibilidades temáticas abiertas por Urbizu en el thriller patrio, si bien desde una perspectiva menos árida, abiertamente comercial, en la que se explota al máximo la faceta de cinta de pura acción que proporciona la sucesión de redadas y operaciones policiales que componen el relato.

Grupo 7 es un thriller policiaco duro y realista ambientado en la ciudad de Sevilla, a finales de los ochenta y en los años previos a la Expo 92, cuando las autoridades locales impulsaron una iniciativa para expulsar el consumo de heroína de las calles del centro de la ciudad. Los responsables de ejecutar esa orden fueron un grupo especial que, aún a costa de su propia vida y su integridad como policías, consiguieron eliminar el tráfico y menudeo del centro de la ciudad... ¿pero a qué precio?

Por continuar con la comparación, Grupo 7 carece, quizá, de la ambigua moral y la tremenda oscuridad que dificultaban la digestión de la cinta de Urbizu. Pero resulta igualmente cierto que resulta igualmente turbia en su retrato de la labor policial en las calles, que destila inconformismo con los poderes políticos, y de hecho acaba resultando relevante dentro de su reivindicable veta de thriller ibérico gracias a la seca autenticidad del relato y su genuina y agobiante atmósfera urbana, virtudes que parece compartir con aquella película. Pese a recurrir a ciertos convencionalismos y la ocasional brocha gorda en el retrato de las individualidades de los protagonistas, Grupo 7 puede presumir de un extraordinario músculo a la hora de la descripción de ambientes, de un fascinante sentido de espacio y lugar a la hora de enmarcar una acción que resulta siempre ajustada y dinámica.

Una verosimilitud a la que colabora casi todo su reparto al completo. Alberto Rodríguez explota como es debido la faceta de héroe de acción de Mario Casas, la silente violencia de un excelente Antonio de la Torre, pero también parece conocer perfectamente las bondades de secundarios como Joaquín Núñez (Mateo, uno de los integrantes del grupo), o Julián Villagrán (este último como un yonqui tan vulnerable como traidor). Rodriguez, por último, filma la película con nervio y violencia, y aunque sacrifica profundidad en pos del dinamismo, crea un thriller de acción extraordinariamente absorbente y muy recomendable. Lo dicho, junto a No habrá paz para los malvados, Grupo 7 podría ser la otra cara de una misma y estupenda moneda.

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