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Juan Manuel González

'Martha Marcy May Marlene'

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Durante las últimas semanas se han estrenado varios largometrajes que podrían considerarse como la mejor vertiente del denominado cine indie norteamericano. Martha Marcy May Marlene, el debut en el largometraje de Sean Durkin, es una buena muestra de ese reverso oscuro de la América rural de la que forma parte la reciente y también notable Take Shelter, o la espléndida Winter’s Bone, estrenada hace algo más de un año en nuestro país.

Martha Marcy May Marlene centra sus miras en la crisis de identidad de una joven huérfana a raíz de su ingreso en una secta de apariencia hippy liderada por Patrick (John Hawkes, presente también en la mencionada Winter’s Bone), un indivíduo tan amable y seductor como enigmático y finalmente peligroso. Martha, que así se llama la afectada, consigue escapar de la granja donde vive con el grupo y es acogida por su hermana Lucy y su cuñado Ted. Pero la chica no consigue adaptarse a su nueva vida y sus recuerdos impiden su ingreso en el nuevo núcleo familiar...

Durkin narra la disolución de Martha alternando flashbacks que describen su vida en la secta, sometida a abusos sexuales y dudosas prácticas comunales, con escenas que muestran su convivencia -aparentemente plácida, finalmente forzada- con un nuevo núcleo familiar. El realizador dispone las piezas de la esa narración en dos tiempos con una moderación y distancia que provoca angustia, consiguiendo describir las aberraciones de la secta como algo cotidiano y la posterior fractura del núcleo familiar de la joven como una consecuencia inexorable. El resultado es un filme altamente reflexivo que explora las consecuencias de la violencia (física y psicológica) sin necesitar alzar la voz ni caer en contrastes efectistas. Al contrario, es precisamente la serenidad de Durkin a la hora de presentar los hechos la que convierte Martha Marcy May Marlene en un filme tremendamente siniestro e implacable. El realizador sabe crear desasosiego sin apenas mover la cámara del trípode mientras va apretando el cerco psicológico a su protagonista de manera sutil pero constante.

No obstante, el principal gancho de la película ha sido y será el descubrimiento de Elizabeth Olsen, una actriz a años luz de sus conocidas hermanas, tanto por su voluptuoso físico como por la emoción reprimida que es capaz de impregnar a su misterioso y distante personaje. Para que se hagan una idea, su debut en el largometraje es equiparable al descubrimiento de Jennifer Lawrence, quien tras Winter’s Bone –otro drama psicológico que plasmaba el reverso de la clásica imagen de la placidez rural y también los géneros tradicionales- está ya inmersa en una imparable trayectoria comercial con producciones como Los juegos del hambre.

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