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Juan Manuel González

'El Caballero Oscuro: la leyenda renace'

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El Caballero Oscuro: la leyenda renace es mucho más que un filme de superhéroes. La tercera y última de las aportaciones del realizador británico Christopher Nolan (Memento, Origen) al mito del enmascarado de la editorial DC llega en medio de unos niveles de expectación que trascienden lo meramente cinematográfico. La película que vuelve a protagonizar Christian Bale es, en efecto, uno de esos fenómenos dignos de estudio por parte de expertos en sociología y marketing. En cuanto a los periodistas de cine, que tenemos un poco de todos ellos y unos cuantos pájaros más de la cuenta en la cabeza, no nos queda más que quitarnos el sombrero ante Christopher Nolan, el único director que ha sabido llevarse el material ajeno de los cómics a territorio propio, por mucho que Batman y Nolan, Nolan y Batman, parecieran hechos el uno el otro desde el principio: estoy seguro que los propios cómics no han vuelto a ser exactamente iguales después de la llegada del director, por mucho que los fans más acérrimos les moleste pensar en esos términos.

En La leyenda renace, Nolan ha potenciado, más si cabe, la seriedad del personaje y lo ha llenado de pretensiones no ya filosóficas, sino psicológicas, sociales y hasta políticas, algo que ya estaba presente en algunas de sus mejores aventuras del personaje en el papel. El cierre de su particular trilogía es un filme tan oscuro, gratuitamente complejo y a la vez épico como cabría esperar, y está bastante lejos de la colorida imaginería pop que le presuponemos a una cinta de superhéroes. En su ADN, todo ello se combina con los giros y revelaciones del puro thriller psicológico que Nolan parece llevar marcado a fuego en su retorcida mente. El autor inglés, en definitiva, parece utilizar la mitología del superhéroe para introducir sonoras digresiones sobre el Bien, el Mal y la naturaleza del miedo, esta vez en torno a una acertada variación política y sobre la anarquía social muy propia de los momentos que atravesamos.

No obstante, La leyenda renace es un filme menos redondo que El caballero oscuro, su precedente directo. En esta ocasión, existe una leve impresión de fatiga narrativa, y la necesidad de Nolan de verbalizar en boca de sus personajes todo aquello que su cámara visualiza le lleva de nuevo a caer en la sobreexposición, sin que existan esta vez coartadas tan poderosas como en la anterior cinta de la serie o la estimulante Origen. Algunos de sus modismos aparecen esta vez más forzados o ingenuos (el evocador discurso de Alfred, que Nolan recupera en el desenlace de forma apropiada, entre otros detalles), y el villano Bane y la relativa sorpresa final que oculta no resultan tan evocadores como Joker y Dos Caras. La determinación de Nolan de anclar los pies en cierta realidad reciente resta poder a la alegoría que representa, por mucho que le ayude a completar una trilogía de una riqueza temática abrumadora. La leyenda renace carece de la acción de Batman Begins y de la increíble solidez interna de la retorcida El caballero oscuro.

Pero no se vayan todavía. De alguna manera, decimos, La leyenda renace no alcanza la perfección de la anterior cinta, en la medida que tarda más en arrancar, adentrándose en territorios morales, políticos y sociales menos agradecidos y más difíciles. Pero cuando lo hace es todo un misil. Una decisión hasta cierto punto deliberada por parte de Nolan, en la medida que esta vez nos presenta a un Bruce Wayne aplastado por la vida, en un escenario apocalíptico, que tardará toda una película en alzarse. Y pese a que la acción es más débil que en las anteriores, las aportaciones de Anne Hathaway y –sobre todo- el espléndido Joseph Gordon-Levitt –de cuyo personaje no diré nada de nada- sólo pueden ser calificadas de triunfales.

La película, en definitiva, va creciendo progresivamente en intensidad hasta literalmente estallar en un largo climax que a un servidor, sin venir a cuento, le recordó en su extensión y modulación al de Aliens: el regreso, aquella joya del cine firmada por James Cameron. Ese retraso parece ser, en manos de Nolan, un elemento más para debilitarnos como espectadores y luego recompensarnos. En este sentido, la sensación de conclusión de La leyenda renace es capaz de satisfacer al más exigente, pese a los defectos de la cinta: el cúmulo de confidencias finales que el realizador desenreda en un epílogo a lo Origen, reubicando la mitología del cómic como a él le viene en gana, tiene la capacidad de poner al público en pie, cuando no de romper en aplausos.

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