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Juan Manuel González

Crítica: 'Jack Ryan. Operación Sombra', con Chris Pine

La recuperación del personaje de Tom Clancy es correcta, pero no pone toda la carne en el asador.

Juan Manuel González
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En pocas películas es tan evidente el momento en el que todo se tambalea como en esta Jack Ryan: Operación Sombra, nuevo intento de Paramount de resucitar la franquicia del personaje creado por Tom Clancy para sus novelas de espionaje en una cinta que, tras empezar bastante bien, amenaza con venirse abajo según cierta subtrama sentimental se erige como motor del relato. El Jack Ryan encarnado por el juvenil Chris Pine se reencarna en un policía de los mercados, infiltrado en los despachos de Wall Street y ojo avizor de posibles movimientos de capital que precedan a un ataque terrorista en el mundo post 11-S. La película recicla postulados de la Guerra Fría en clave económica, al fin y al cabo una buena idea para traer de nuevo los fantasmas de siempre, y encima se las arregla para respetar la letra escrita de Clancy en una aventura que reubica de manera sólida y honesta al personaje en un relato de toques iniciáticos sin degradarse cayendo en lo adolescente.

Dicho de otro modo, nunca habíamos visto en pantalla a Ryan como analista de bolsa (disculpen, pero no recuerdo ni un solo plano de La Suma de todos los Miedos, anterior intento de resucitar la franquicia con Ben Affleck), un motivo argumental bastante bien traído y que en la nueva versión sirve de percha a una narrativa escueta, debedora de la franquicia Bourne en su arquitectura y en la que Branagh se erige como un director con oficio para la acción y el ritmo trepidante.

Pero retomando las líneas del principio, todo amenaza con estallar según la prometida de Ryan, interpretada a su manera habitual por Keira Knightley, toma las riendas del relato y sustituye la intriga inicial por un Mentiras Arriesgadas de saldo y baratillo. Lo que durante los primeros cuarenta minutos parecía un sobrio ejercicio de acción y suspense tecnológico, escasamente original pero tremendamente entretenido, se hunde durante veinte temibles minutos en el abismo de los mohínes de su inefable prota femenina, sin que Branagh disponga de diálogos y personajes a los que aferrarse.

Por suerte, la película más tarde recobra el aliento, y de qué manera. La persecución de coches en Moscú y el desenlace de la historia en suelo estadounidense (que recuerda a la larga escena del atentado en Miami de la excelsa Casino Royale) nos presentan a un Branagh con genuino pulso para el suspense y la acción, que además se lo pasa en grande como villano de la historia (atención a la escena de la bombilla) y que sabe moverse en los modos y maneras del thriller actual. Y sí, ahí está Kevin Costner manteniendo su status y felizmente reciclado en un secundario de lujo en proyectos de envergadura.

Apenas cien minutos dura esta Jack Ryan: Operación Sombra, película que se nos antoja un tanto básica una vez comparada con excelentes espectáculos como La caza del Octubre Rojo y Peligro Inminente, y en la que Paramount no parece que haya puesto toda la carne en el asador, como demuestran los muy mesurados 60 millones de dólares de presupuesto. Pero la buena labor de tres de sus protagonistas, sus escasas pretensiones (pese a sus aciertos de planteamiento) y el oficio que despliega en su concepción un tanto "old school" de la acción (no faltará quien acuse al inglés de pesetero) deja buen sabor de boca.

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