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El profundo norte

La corrección política es más paleta que el profundo sur de desdentados tocando el banjo.

Rosa Belmonte
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Imagen de Lo que el viento se llevó | MGM

Las salas de cine suelen ser empresas privadas. Pueden decidir qué películas exhibir. Por ejemplo, sólo películas de John Ford, Hitchcock y Renoir. Sólo películas donde salga Maureen O’Hara. Sólo películas con Eleanor Parker. Sólo películas de Melissa MacCarthy haciendo el ganso. A lo mejor sería un negocio ruinoso. O no. Si uno de esos cines nicho decidiera programar sólo películas de Leni Riefenstahl habría protestas. Lo acusarían de nazi. Que se deje de poner Lo que el viento se llevó por insensible no sorprende mucho, pero desmoraliza. Que un cine de Memphis haga caso de lo que le han dicho quienes vieron la película el 11 de agosto y decida no programarla el próximo verano tiene sentido. Como un periódico que quiera dar gusto a sus lectores para que sigan siéndolo. Sobre todo cuando el Orpheum considera que su misión es "entretener, educar e ilustrar a la comunidad a la que sirve". Y que no puede exhibir una película que es insensible con una gran parte de la población local (el 64% de los habitantes de Memphis son negros). Otra cosa es que pensemos que son zoquetes perdidos. Pero no los que integran la dirección del cine sino los que escribieron esos comentarios de damisela ofendida en el otra vez tan profundo sur. Lo nuevo es que exista el profundo norte. La corrección política es más paleta que el profundo sur de desdentados tocando el banjo (tomen otro estereotipo). También es obvio que Lo que el viento se llevó enseñará a los niños lo que hay de malo en la esclavitud. El negro medio lleno o medio vacío.

Estas cosas no sorprenden porque ya estamos acostumbrados a según qué tipo de mamarrachadas. Además, ya no son sólo propias de Estados Unidos. Cuando una nueva edición de Las aventuras de Huckleberry Finn quitó la palabra nigger y la sustituyó por esclavo, Whoopi Goldberg puso el grito en el cielo. Por supuesto, ella se refería a "the n word", que nigger no se puede decir en la tele. Fue en The View, en un programa de 2011. Goldberg estaba escandalizada por la ridiculez. "Es un clásico". Y hacía referencia a las raíces. "Es de donde venimos". Con mucha vehemencia aseguraba que esas raíces deben estar ahí para enseñar qué camino hay que seguir. Uno alejado de ese pasado. Pero no se borra el pasado, demonios. Y claro que la ley de Memoria Histórica tiene mucho de eso. En Suecia no son menos ceporros. En la municipalidad de Botkyrka retiraron volúmenes de Pipi Calzaslargas, cuyos libros empezaron a publicarse en 1945, a causa de su contenido racista. Se sustituyeron por otras ediciones en las que se había cambiado el texto de Astrid Lindgren. En Pipi en los mares del Sur se había sustituido "rey de los negros" (lo era el padre de Pipi) por "rey de los mares del Sur".

He perdido la esperanza. Leyendo los comentarios en la noticia original de la retirada de Lo que el viento se llevó había muchos estadounidenses cargados de (irrazonable) razón. Que claro que no hay que poner en público esas películas con esclavos. ¿Y Raíces? Sí se podrá poner El color púrpura (1985) porque ahí todas las mujeres maltratadas por maridos y amantes van liberándose. Qué bonita es la ficción. Tampoco descartemos que películas de toda la vida se exhiban con untrigger warning, esa memez que avisa de un contenido que puede ofender. De todas maneras, más allá de que una gran parte de la sociedad se haya idiotizado y haya conseguido transmitir con éxito su idiotez a universidades o instituciones culturales (también es al revés), más allá de eso, digo, no estamos ante la quema de copias a lo Viridiana. Supongo que podremos seguir viendo ciertas películas aunque sea en un cigar bar. También supongo que Matar a un ruiseñor está en la lista de insensibles.

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