
Sin necesidad de entrar en comparaciones, lo que trata de hacer en clave de horror juvenil Vive dentro, producida por los productores de Déjame salir y Nosotros, no debe de distanciarse mucho de lo que logró transmitir El Exorcista: convertir las claves de una tradición cultural, en aquel caso la católica, en motivo de horror, de reverso tenebroso de esa fuerza interna que parece diluida incluso en nuestro ADN.
La película de Bishal Dutta viene a representar esa cuota de terror anclado en la religión, solo que esta vez hindú, con un nuevo "genio de la botella" (sin duda, el hallazgo más logrado de la película) que representa la principal problemática de la película, la vivida por su protagonista Sam, que debate entre asimilarse al grupo de chavalas americanas de su instituto o bien preservar las ancestrales tradiciones de su cultura y su familia.
Una tesis interesante que el director trata de plasmar recurriendo a los modismos de ese cine de terror con cierta pretensión de profundidad como, precisamente, el representado por Jordan Peele (responsable de las películas que se referencian arriba) o la productora A24, que ha contribuido sobremanera al género con las muy divisivas películas etiquetadas como "terror elevado". Ese estilo acaba pagándolo un poco caro Vive dentro, en el fondo otra variación "teen" de Stranger Things con monstruo de por medio que, precisamente, goza de sus mejores momentos cuando no trata de mantener esa actitud elegante, profunda, fría.
Vive dentro nunca se sale del tópico del cine de maldiciones, pero cuando lo representa bien y abraza sin complejos lo fantástico se anota secuencias exitosas: el acoso a la profesora en los pasillos del instituto es uno de ellos, pero también cuentan como tal ese fenomenal momento con los ojos brillando dentro del armario y, desde luego, el estupendo diseño de la bestia, donde el director Dutta ya no puede disimular más su amor por Pesadilla en Elm Street y se decide a mostrar un monstruo con un diseño extraordinariamente terrorífico. A la película, bastante pasable, le pedía el cuerpo un poco de fiesta, pero cae en la contradicción de reivindicar la alegría bollywoodiense manteniendo ella misma una actitud demasiado mustia.

