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CRÍTICA DE ESTRENOS

'Song Sung Blue: Canción para dos', o el sentido y divertido musical de Hugh Jackman y Kate Hudson

Craig Brewer dirige este relato sentimental sobre una pareja de imitadores de Neil Diamond, rescatando el cine romántico más clásico y lacrimógeno.

Craig Brewer dirige este relato sentimental sobre una pareja de imitadores de Neil Diamond, rescatando el cine romántico más clásico y lacrimógeno.
Song sung blue | Universal

Craig Brewer, director de curiosa carrera (ha firmado comedias, cine de temática negra y "noir" como Black Snake Moan, Hustle & Flow, comedias afroamericanas como El Rey de Zamunda y musicales como el remake de Footloose) ha dado en Song Sung Blue: Canción para dos un verdadero… do de pecho. Y sí, es un chiste, y muy malo, pero peor era jugar con la escala de color de sus protagonistas.

Brewer, responsable del guion y de la dirección de este vehículo para el lucimiento absoluto de dos todoterreno como Hugh Jackman y la nunca bien valorada Kate Hudson, ha realizado aquí una pequeña gran obra de cine blanco, por su condición de puro y duro relato sentimental, y por -en efecto- abordar sin vergüenza y con trazas épicas la lucha interna y externa de esa "white trash" de la América Profunda, o esa clase obrera un tanto extravagante que puebla bares de carretera, clubes de estriptis o conciertos de música country, que la película mira con evidente afecto y admiración si uno sabe mirar a través de su humor descarnado.

Claro que lo que es en verdad Song Sung Blue, la historia (real) de una pareja de imitadores de Neil Diamond que logró llegar a lo más alto, es una muestra inesperada de una práctica en extinción en Hollywood como es la de cine "tearjerker", una película sentimental y romántica concebida para reír y bailar y finalmente, lamentar algunos de los acontecimientos que reserva al destino a sus protagonistas que antaño quizá podrían haber protagonizado Burt Reynolds y Dolly Parton. Una práctica que en los últimos años ha necesitado vestirse de biopic de prestigio o bien retrato afectado de minorías raciales para funcionar, y solo ocasionalmente y tirando a mal.

Brewer, al contrario, no tiene vergüenza alguna a la hora de perseguir la catarsis del espectador de manera descarada, pero sabe divertirlo por el camino con un sentido del humor entre negro y extravagante y unos números musicales constantes y amenos que dan credibilidad humana al film. Song Sung Blue arroja también algunas nociones muy interesantes sobre expresión artística, sobre esa cultura arrinconada basada en la nostalgia y la imitación (en este caso, canciones de Neil Diamond) pero que, quizá como la propia película, también puede ser una muestra de arte realizada con amor y talento.

En Song Sung Blue, pese a no ser un film especialmente original, hay de las dos cosas, como también una notable habilidad a la hora de mezclar comedia y drama. Hugh Jackman utiliza la película para abordar registros evidentes pero con un patetismo desconocido, mientras Jim Belushi (en el segundo estreno de esta semana que cuenta con él: ver La cronología del agua) demuestra que siempre fue más actor de lo que se presumió. Aunque esta versión más divertida y menos pretenciosa de Ha nacido una estrella no quiere ser es un comentario meta y cultural sobre música folk y country, no puede evitar tratar de comprenderse a sí misma a través de la lucha constante de sus protagonistas, de su amarga pero no del todo descreída visión del sueño americano y lo que todavía prevalece de él.

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