
La imagen del pulgar hacia abajo como sentencia de muerte en los combates de gladiadores no es fiel a la historia romana. Su origen no está en las prácticas de la Antigüedad, sino en una interpretación artística posterior que acabó imponiéndose en la cultura popular.
La confusión procede del cuadro Pollice verso, pintado en 1872 por el artista francés Jean-Léon Gérôme. La obra representa a los espectadores de un anfiteatro señalando con el pulgar hacia abajo al gladiador vencido, una escena que durante décadas se ha asumido como reflejo de un gesto real.
La expresión pollice verso significa "con el pulgar girado", pero las fuentes romanas no describen la dirección concreta del gesto. Pese a ello, la fuerza visual del cuadro fijó la idea de que bajar el pulgar equivalía a pedir la muerte del combatiente.
Esta interpretación artística se consolidó en el imaginario colectivo y fue reforzada más tarde por el cine, especialmente tras el estreno de Gladiator en el año 2000.
El gesto vinculado a la ejecución
Los estudios históricos apuntan a que el gesto relacionado con la ejecución era el pulgar hacia arriba, una señal que evocaba el movimiento de desenvainar o clavar una espada. Era, por tanto, una indicación visual coherente con la decisión de acabar con la vida del gladiador derrotado.
Por el contrario, el pulgar hacia abajo o escondido habría expresado clemencia, indicando que el arma debía permanecer envainada y que el combatiente podía ser perdonado.
El papel del público en la arena
Aunque el público participaba en el ritual del combate mediante gestos, la decisión final no dependía solo de la grada. Intervenían el organizador del espectáculo, la trayectoria del gladiador y su comportamiento durante el enfrentamiento.
La simplificación posterior transformó este complejo sistema de señales en un símbolo único y erróneo que ha perdurado hasta hoy.

