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Un libro para disfrutar

Acabo de embaularme un libro fascinante: 'Y el verbo se hizo polvo', de Isaías Lafuente.

Amando de Miguel
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Acabo de embaularme un libro fascinante: Y el verbo se hizo polvo, de Isaías Lafuente. El título es doblemente provocativo por la polisemia de verbo y de polvo. Su contenido es más o menos el de esta seccioncilla de Libertad Digital: la divagación divertida sobre los disparates del lenguaje público. En ambos casos se añaden especulaciones sobre el habla y la significación del castellano. Puede verse también mi último libro, Hablando pronto y mal (también Espasa). Tanto me fascinó el libro de don Isaías que me lo leí entero en los viajes que tuve que hacer en el metro madrileño. Además, me pasé dos veces de estación. No me suele ocurrir y es una buena señal del interés que puede suscitar el libro de don Isaías.

Ya es raro que yo pueda estar de acuerdo con un autor, digamos al 80% de sus afirmaciones. Este es el caso. Me alegra y me tranquiliza la coincidencia. Eso indica que se va imponiendo una doctrina sobre los errores y deslices que cometen los hombres públicos cuando peroran en castellano. Lo que ocurre es que a mí no me interesa solo sentenciar lo que está bien o está mal dicho, sino algo más peliagudo. A saber, averiguar por qué se habla de esta o de la otra manera. Vamos a ver si discutimos un poco.

Don Isaías atribuye a la ignorancia la expresión Hacienda pública, pues que, dice él, "el carácter público es esencial a la Hacienda". El argumento es circular cuando nos referimos a una institución. Pero, si la ponemos con minúscula, claro que hay haciendas privadas, por lo mismo que tenemos un Patrimonio Público y patrimonios privados. Por otra parte, no está dicho que el pleonasmo (la repetición de sentidos) sea siempre un defecto. Por ejemplo, ¡Dios! puede ser una exclamación, pero aún más intensa lo es decir "¡Dios mío!". Todavía cabe un barroco "¡Dios mío y del amor hermoso!".

Otro pleonasmo que rechaza el autor es el de "persona humana". Insisto en lo anterior. Tiene más fuerza que la simple persona. Por otra parte, tenemos las personas divinas y las personas jurídicas. Luego está bien que digamos "persona humana" cuando queremos destacar la especial dignidad de los individuos.

'Y el verbo se hizo polvo', de Isaías Lafuente (Planeta)

Otro concepto al que se opone el autor es el de llamar "descubrimiento" al de América por Colón y los conquistadores posteriores. La razón, según don Isaías, es que esa operación fue realmente la de "apropiarse de los nuevos territorios, dominar a su pobladores y hacerse con sus riquezas". Claro es que ocurrió todo eso, aunque en menor medida que lo que se puede decir de las colonias inglesas, francesas, belgas u holandesas. La diferencia está, además, en la revolución que supuso alterar la imagen que tenían los europeos del tamaño de la Tierra a partir del descubrimiento de América.

Se abrió así la época de los descubrimientos cruzando los océanos, con el precedente de los portugueses. Más aún, la Corona de Castilla levantó nuevas ciudades en América (más grandiosas que las de la metrópoli), llevó la imprenta y las universidades y propagó el cristianismo. No se puede decir otro tanto de todas las colonizaciones. Por lo mismo, los romanos conquistaron Hispania para llevarse las riquezas y sojuzgar a los indígenas, pero nos dejaron una lengua de comunicación y el Derecho.

Lo sorprendente de la lectura de este interesante libro es que me ha dado el pálpito de que el autor es de izquierdas. Curiosa asociación, cuando en ningún momento se hace explícita, ni tiene por qué hacerlo. En cuyo, caso yo debo de ser de derechas. Tratamos los dos más o menos lo mismo, y sin embargo nuestra ideología se vierte en nuestras apreciaciones, que pretenden ser asépticas. Me deja pensativo. Eso es lo mejor que se puede decir de un libro.

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