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'Invitación a la melancolía'

Este libro muestra las excelentes cualidades literarias de Oria y ofrece una de las propuestas más interesantes de la narrativa actual.

Luis Miguel Suárez
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Andrés Martínez Oria (Salamanca, 1950) se dio a conocer como narrador con una excelente novela, Más allá del olvido (2007), a la que siguieron El raro extravío del viajante Eterio en el pinar de Xaudella (2008), Silencio púrpura (2008) y Jardín perdido (2009), en la que se adentraba en la dramática aventura vital de la saga de los Panero, ahora ya desaparecida con la muerte de sus dos últimos representantes.

Su novela más reciente, Invitación a la melancolía, es, sin duda, su obra más ambiciosa y compleja. Concebida explícitamente como una parodia de las novelas de autoficción –tan en boga en la narrativa española actual con escritores como Javier Marías o Enrique Vila-Matas–, su desarrollo trasciende, sin embargo, ese propósito inicial. Mezcla de realidad y ficción –el propio Martínez Oria aparece en el libro como autor, personaje y narrador–, de novela, ensayo, metanovela y dietario, en ella se pone en juego un complejo entramado de planos, voces y perspectivas temporales que se entrecruzan constantemente. El autor no oculta sus modelos literarios: Anatomía de la melancolía, Tristram Shandy, Madera de boj o La saga/fuga de JB, entre otros muchos, con Unamuno y Cervantes siempre al fondo.

El punto de partida es el hallazgo, en un antiguo archivo de correos, de una carta escrita en 1948 que nunca llegó a su destino. En torno a ella se desvela una conmovedora historia de amor protagonizada por el capitán Eligio Monteamaro, personaje muy conocido en Altiva (ciudad imaginaria –pero, en buena medida, trasunto literario de Astorga– donde transcurren buena parte de los relatos de Martínez Oria). Este hilo narrativo, no obstante, se verá continuamente interrumpido por las digresiones del autor acerca de muy diversos temas, a veces ambientados con imágenes de cuadros, fotos, documentos… Entre ellas cobran especial relevancia –además de las reflexiones de teoría literaria– los fragmentos de un ensayo sobre la melancolía, en el que la disertación teórica se acompaña, a modo de ejemplo, de una interesante galería histórica de personajes melancólicos. De particular interés resultan las páginas dedicadas a Felipe V (pp. 63-81) o algunos famosos toreros (pp. 426-434).

Por otro lado, para reconstruir la historia del capitán el novelista ha de recurrir a aquellos que lo conocieron. Así tiene noticia de una peculiar tertulia de la que formaba parte Eligio Monteamaro. De aquel círculo entrañable de amigos –el "quinteto de la muerte", como se les conocía en Altiva– solo sobrevive el nonagenario Ariel Velasco. Será este anciano quien en sucesivos encuentros con el autor le vaya relatando las andanzas de Monteamaro, que luego él plasmará por escrito. Pero el relato de Ariel Velasco se desvía con frecuencia de la historia del protagonista para recuperar la voz de los otros integrantes de la tertulia y evocar aquel tiempo irremisiblemente ido. Entre ellos destaca Mauricio Tábora, pintoresco personaje que alterna los oficios de enterrador y tabernero, dotado de un notable talento para relatar anécdotas desternillantes o truculentas –género literario del que se proclama inventor– que ensarta sin orden ni concierto. De esta manera el desenlace de la historia de la carta se va demorando entre las digresiones del autor y las de Ariel Velasco, hasta quedar incluso en muchos momentos en segundo plano, sin que por ello pierda interés la lectura.

Este complejo entramado discursivo tiene un hilo conductor, un tema central que da coherencia al conjunto: la melancolía a la que alude el propio título, cuyos nexos concretos va descubriendo el lector a medida que avanza la novela. Esta atmósfera melancólica se entremezcla con el humor y la ironía, presentes, sobre todo, en las anécdotas de Mauricio Tábora; pero también en otros episodios y reflexiones del autor, que, en un recurso muy cervantino, introduce diversos comentarios sobre la propia novela e incluso sobre el resto de su obra.

En definitiva, Invitación a la melancolía muestra, una vez más, las excelentes cualidades literarias de Martínez Oria y ofrece una de las propuestas más interesantes de la narrativa actual. Es una lástima que la escasa difusión de sus libros, al margen de los grandes circuitos editoriales, le haya privado del reconocimiento que merece.

Andrés Martínez Oria, Invitación a la melancolía, SCED, León, 2014.

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