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'Cuando la vida te da un martillo', de Kate Tempest, o cómo el lirismo de 'todo a cien' puede estropear una buena novela

El libro es un sí pero no, un intermitente roto, un solomillo de primera servido con patatas fritas de anteayer.

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El libro es un sí pero no, un intermitente roto, un solomillo de primera servido con patatas fritas de anteayer.
Portada del libro | Sexto Piso

La rapera, poeta y dramaturga Kate Tempest (Brockley, Londres, 1985) ha practicado en su primera novela, Cuando la vida te da un martillo (Sexto Piso, 2017), un ejercicio fallido de brillantez. El libro es un sí pero no, un intermitente roto, un solomillo de primera servido con patatas fritas de anteayer. Pocas veces he leído una obra con una calidad tan esquizofrénica.

Me explico. Cuando la vida te da un martillo ofrece un relato y un retrato caleidoscópico, poético y crudo del Londres que no se ve en las postales y de sus habitantes. A Tempest se le ha comparado con Janis Joplin –según leo en la cubierta–; yo la encuentro más prima –lejana, eso sí– de Henry Miller y Dickens. El suburbio, la marginalidad, la alta suciedad, la supervivencia, la frustración o los amores de difícil digestión aparecen muy bien reflejados en la novela.

Cuando patina –y, en ocasiones, se estrella– la autora es cuando abusa, en vano, de lirismo manierista. Tempest ofrece frases brillantes –"La ciudad bosteza y se cruje los nudillos"–, pero el abuso de la metáfora, a veces, proporciona productos de todo a cien: "El maniquí tiene pintados dos ojos que no parpadean desde los que las mira fijamente mientras es arrastrado". Sobre unos ojos, escribe: "Los de ella, azules y vertiginosos como el viento". Cuando leí esto, recordé aquello que decía Krahe sobre el "Blowin’ in the wind" de Dylan: "La respuesta está soplando en el viento… Yo es que no hablo viento".

Cuando intenta hacer denuncia política, Tempest cae en lo cutre, en lo tuitero. El desenlace de la historia del padre de Becky, una especie de Pablo Iglesias de los noventa, es un campo minado de topicazos. O lo que afirma Leon cuando lee un periódico: "Yo creo que está todo montado por ellos, ya lo he dicho y lo repetiré. Es todo un montaje hecho a propósito, ¿no crees? Quieren meternos miedo para poder arrebatarnos nuestras libertades. (…) Al fin y al cabo, se trata de tenernos a todos controlados". Ojo: no critico a la novela por ser más o menos de izquierdas –lo es– o de derechas, sino por la pobre ejecución de la autora a la hora de estampar su ideología en ella.

Además, Tempest se torna barojiana metiendo una pila de personajes innecesarios, que poco o nada aportan a la trama general, y que, en no pocas ocasiones, son unos cenizos. Pérez de Ayala dijo que "las novelas de Baroja son como un tranvía. Los personajes entran y salen, se suben y se bajan sin que sepamos adónde van ni quiénes son". Algo así también ocurre en Cuando la vida te da un martillo: cuando acierta la autora es cuando se centra en un personaje y lo desarrolla con –cierta– exhaustividad, dando tiempo al lector a asentarse en la trama –también abusa de los zigzags temporales–.

En definitiva, Cuando la vida te da un martillo es una novela que, con un poquito menos de farfolla y pretensiones, y con algo más de sencillez y vertebración, hubiera podido ser un gran libro. Tempest sabe escribir, tiene estilo y, en ocasiones, teje bien historias, pero se ha excedido en sus pretensiones y, por ello, el lector, a veces, se pierde, se aburre y se desespera. Da rabia opinar esto sabiendo que la autora tiene talento literario, pero es lo que hay.

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