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Mónica Carrillo: "Puedo entender un silencio o una omisión, pero no la mentira"

La presentadora publica La vida desnuda, su tercera novela, galardonada con el Premio Azorín.

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La presentadora publica La vida desnuda, su tercera novela, galardonada con el Premio Azorín.
Mónica Carrillo, escritora y periodista. | María Villanueva

Es una de las caras más conocidas de los informativos españoles y posee una legión de seguidores en redes sociales, a los que conquista diariamente con sus microcuentos. Hace un par de años quiso además colarse en las librerías. Tras Olvidé decirte quiero y La luz de Candela, asegura que llega para quedarse. Hablamos con Mónica Carrillo (Elche, 1976) a propósito de La vida desnuda (Planeta), su última novela, galardonada el pasado 5 de marzo con el Premio Azorín. "Mientras el público lo perciba con gusto, yo estaré aquí esperando. Habrá novelas para rato", sostiene.

"Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta", dijo Gabriel García Márquez a su biógrafo. La presentadora de informativos de Antena 3 toma prestada esta frase como punto de partida para el viaje que emprenderá Gala, su protagonista. "Creo que es saludable tener una vida pública, que exponemos a todos, la parte que se percibe de nosotros; la privada, a la que tienen acceso nuestro círculo más íntimo; y luego nuestra vida secreta, a la que nadie tiene acceso a no ser que tú des permiso para que entren". En esta última parcela se guarda lo inconfesable, aquello que protegemos por "tabú, presión social o presiones familiares". "Yo controlo hasta donde puedo lo que expongo", asegura la autora.

La vida desnuda comienza con una llamada de Mauro, el hermano de Gala, para decirle que su abuela Rosario está en el hospital y debe ir a Madrid para despedirse de ella. No será solo un viaje físico, sino que Gala sufrirá un choque emocional muy potente. Desempolvará secretos familiares y descubrirá que nada es lo que parece. "Ese reencuentro familiar será una catarsis, Gala no saldrá indemne de ese viaje y cambiará su manera de percibir la vida. Tendrá muchas conversaciones, con desconocidos, con su padre, con su tía, con su hermano, charlas en las que se desnudan ante ella y esas palabras desmontarán sus planteamientos".

"Sobre mis hombros llevaba una carga pensada que acumulaba la tristeza de aquella última conversación, la pena por no haber sabido salvar esa historia que tan feliz me había hecho y la culpa por todos los errores que me torpedeaban la mente como bombas de racimo"

Gala acumula unas dosis de culpa y tristeza asombrosas para la edad que tiene, losas que no le permiten avanzar. "Está en un momento vital complicado porque en lo emocional y en lo profesional no acaba de encontrar su sitio. Acaba de romper con su novio y está llena de contradicciones. Es rebelde, pero quiere agradar a su familia. Muchas veces los secretos responden a la culpa, es un tema muy interesante".

"El sufrimiento es un gran seductor. Nos ronda, nos zarandea, flirtea con nosotros y nos hace sentir especiales". (Pág. 171).

El amor, la felicidad, la honestidad y las apariencias dan forma a esta novela coral, en la que hay tantas perspectivas como personajes: "Me encanta que la novela haga reflexionar sobre el amor. Quiero que traslade al lector la angustia, los temores y los momentos de felicidad de Gala. El amor es tan complejo que llevamos intentando explicarlo desde que existimos. Esa es su magia. Estamos en la búsqueda incesante de la felicidad".

Consejera del amor

La tía Julia, que guarda un gran secreto, se abre paso en estas páginas como la gran consejera del amor. "Es la hermana del padre de Gala. Era una figura que estaba ahí, nadie se había cuestionado su pasado ni sus silencios. Gala descubre su historia y es un gran aprendizaje. Le abre los ojos a la felicidad, que no es otra cosa que nuestras ansias, lo que buscamos toda la vida".

Mónica Carrillo ha tirado de su propia cosecha para crear unos intensos diálogos sobre cuestiones muy íntimas del corazón. "Todo responde a mis propias reflexiones. El gran reto de esta novela era poder empatizar con cada personaje. Yo he sido muy observadora desde niña y, al final, no hay mejor forma de nutrirse que observar la realidad. Sumas todo lo que lees, las películas que ves, la música que oyes, todo cuenta. Con todo eso me voy poniendo en situación y para mí es un ejercicio fantástico. La ficción me permite ponerme en otras pieles. Viniendo del periodismo, que solo narras la realidad, tener esa libertad es buenísimo. Todo está bajo mi prisma".

Mónica Carrillo describe situaciones que, a priori, serían moralmente juzgables, pero con una sensibilidad que, ante el lector, no hay buenos ni malos: "Hay personajes que están dispuestos a cruzar ciertas líneas y otros que no. Lo he planteado con una honestidad brutal, tratando de comprender a todos los personajes. Todo responde a una realidad y a su prisma. El lector va entendiendo, que no justificando, sus realidades".

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Mónica Carrillo | María Villanueva

"Las palabras son valiosas, hay que darle valor al sentido de las palabras, hay que revalorizar la verdad y la honestidad", insiste la presentadora. "Me gusta cuidar las palabras, mimar el lenguaje y darle la importancia que tiene. No me gusta malgastar las palabras, hay que decir las cosas cuando se sienten, ni manosearlas ni desprestigiarlas. Tenemos que ser exigentes. Tengo un sentido de la justicia, de la verdad y la lealtad muy acusado desde niña. Me persigue y eso lo plasmo en las novelas. Puedo entender un silencio o la omisión, pero no entiendo la mentira".

Como escritora, Carrillo se deshace de su versión de periodista. "Cuando di el salto de hablar de la realidad a escribir ficción, tuve un diálogo conmigo misma y me dije que no quería estar encorsetada. Si escribes, lo haces con total libertad, no poniéndome límites. Me da lo mismo si es una escena sexual, emocional o traumática. No me pongo límites ni prejuicios".

El valor de nuestros mayores

La novela muestra un gran cariño hacia nuestros abuelos en un momento muy oportuno, coincidiendo con una crisis sanitaria en la que muchos mayores han muerto solos: "Me conmueve que mi novela ponga en valor a los mayores y ponga en valor a las despedidas. La crisis sanitaria ha sido agravada por el aislamiento, la soledad de la enfermedad. Ha sido durísimo", asegura apesadumbrada.

Carrillo explica que ha vivido la pandemia desde dos perspectivas, como ciudadana, con "ese miedo, incertidumbre y tristeza" que todos hemos sentido, pero también como periodista: "He tenido que contar, de manera continuada en el tiempo, malas noticias. A lo largo de mi carrera he contado muchos sucesos, algunos que han paralizado el país, el atentado de Barcelona en directo, por ejemplo, con la responsabilidad de saber que podía haber familias que se estaban enterando por mí. Eso es muy duro, pero lo tengo asumido. Esta vez, la crisis ha sido sostenida en el tiempo. Volvías a trabajar y otra vez era una cifra devastadora de personas fallecidas, no era nada alentador. Ha sido muy duro".

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