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María Goiricelaya rompe el tabú de la muerte con una oda a los cuidados paliativos

La Dramática Errante estrena en el Teatro de la Abadía una obra que reivindica el acompañamiento digno en la etapa final de la vida.

La Dramática Errante estrena en el Teatro de la Abadía una obra que reivindica el acompañamiento digno en la etapa final de la vida.
Función 'Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán'. | Teatro Abadía

La compañía La Dramática Errante regresa al Teatro de la Abadía con una propuesta que huye de la oscuridad del luto para abrazar la luz de la vida. Bajo el título Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán, la directora y dramaturga María Goiricelaya construye un relato de superación, ternura y humanidad. La pieza, que estará en cartel hasta este domingo 8 de marzo, utiliza el Camino de Santiago como telón de fondo para abordar una realidad tan universal como silenciada: los cuidados paliativos.

La obra nace de una profunda investigación sobre la última etapa de la vida. Goiricelaya insiste en que el texto busca otorgar un "reconocimiento a todas esas personas que acompañan, sin perder la sonrisa". Para la autora, la figura del cuidador es el pilar invisible de nuestra sociedad. En el programa Kilómetro Cero, subraya que la intención no es otra que "otorgar luz a un proceso que todos vamos a transitar", huyendo del drama lacrimógeno para centrarse en la empatía. "Queremos que el espectador salga con una sensación de paz, entendiendo que el acompañamiento es el acto de amor más puro que existe", afirma la directora.

Humor frente a la tragedia

A pesar de la dureza del tema, la obra se apoya en el humor para derribar las defensas del público. La relación entre un padre y una hija sirve de hilo conductor en este "cruce de personajes e historias" que se dan cita en la ruta jacobea.

La directora defiende que la comedia es una herramienta fundamental para tratar temas trascendentales sin caer en el dogmatismo. "El humor nos permite entrar en lugares donde el drama a veces nos bloquea", explica Goiricelaya, quien ha diseñado una puesta en escena donde la emoción fluye de manera natural entre los hitos del Camino.

El montaje no solo se queda en la anécdota, sino que profundiza en el concepto de la muerte digna. La dramaturga invita a reflexionar sobre cómo nos despedimos y qué importancia le damos a la calidad de vida en sus momentos finales. "Es una historia de seres humanos enfrentándose a su propia vulnerabilidad", señala.

Con esta obra, La Dramática Errante se consolida como una de las voces más necesarias del teatro contemporáneo, capaz de transformar una consulta médica o un sendero de peregrinación en un escenario de redención y esperanza.

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