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Alemania da por agotada la vía empresarial del FCAS y cree que sólo una reunión de Merz, Macron y Sánchez puede salvarlo

Pistorius ha admitido que la decisión final sobre el caza europeo se tomará al más alto nivel político tras meses de bloqueo industrial.

Pistorius ha admitido que la decisión final sobre el caza europeo se tomará al más alto nivel político tras meses de bloqueo industrial.
Infografía del programa FCAS. | Airbus

El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, ha reconocido que el futuro del programa europeo de combate aéreo FCAS depende ya directamente de los líderes de Alemania, Francia y España. Según ha explicado en las últimas horas, serán Friedrich Merz, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez quienes desbloqueen o no un proyecto estratégico que acumula meses de tensiones entre las industrias implicadas.

Pistorius ha realizado estas declaraciones antes de la reunión de ministros de Defensa de la UE, donde el asunto sobrevoló los encuentros bilaterales. El ministro ha evitado dar por hecho el fracaso del programa, pero ha admitido que el margen técnico está agotado y que la decisión pasa ahora al plano estrictamente político. "La solución está en manos de los jefes de Gobierno", ha venido a resumir.

El Future Combat Air System (FCAS) es el mayor proyecto militar europeo en desarrollo. Su objetivo es crear un sistema de combate aéreo de sexta generación que sustituya a los actuales Rafale y Eurofighter en torno a 2040. El programa no solo contempla un nuevo caza tripulado, sino también drones acompañantes, sistemas de mando avanzados y capacidades de combate en red.

El coste estimado supera los 100.000 millones de euros, lo que lo convierte en una piedra angular de la llamada autonomía estratégica europea. Sin embargo, las disputas entre las empresas líderes de Francia (Dassault Aviation) y Alemania (Airbus) –con la española Indra como observadora de la trifulca– han ralentizado el desarrollo. Las diferencias se centran en el reparto de tareas, el liderazgo en el diseño del avión y la propiedad intelectual.

Francia ha defendido que Dassault debe liderar el diseño del aparato, mientras Alemania ha exigido una mayor participación de Airbus. España, como socio menor pero estratégico, ha tratado de garantizar su peso industrial a través de Indra, especialmente en el desarrollo de sensores y sistemas de combate colaborativo. Las fricciones han hecho salta por los aires los primeros calendarios previstos.

El reconocimiento público de Pistorius ha confirmado que el desacuerdo ha superado el ámbito técnico y empresarial. Berlín teme que un fracaso del FCAS dañe la credibilidad de la cooperación industrial europea en defensa, justo en un momento en el que la UE insiste en reforzar sus capacidades militares propias ante la incertidumbre geopolítica y la presión rusa en el flanco oriental.

Desde París se ha defendido que el proyecto sigue siendo prioritario, mientras que en Madrid se insiste en que deben respetarse los compromisos firmados. La reunión entre Merz, Macron y Sánchez se perfila ahora como decisiva para evitar un colapso del programa o, en su defecto, rediseñarlo bajo nuevas condiciones políticas e industriales.

La decisión no es menor: el FCAS simboliza la ambición europea de competir tecnológicamente con Estados Unidos y China en el ámbito aeroespacial militar. Si los tres líderes logran desbloquear el proyecto, enviarán un mensaje de unidad estratégica. Si fracasan, Europa podría ver debilitada una de sus apuestas más ambiciosas en materia de defensa común.

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