L. D. / AGENCIAS.-
El torneo estaba tan finiquitado que Brooks (cuatro bajo par), en el vestuario, se desaflojaba los zapatos lamentándose de su bogey en el 18. Stewart Cink, el compañero de partido del sudafricano, también con cinco bajo par, fue el primero en cometer la torpeza de fallar el par.
El bogey ya no se lo quitaba nadie y se apresuró a acabar el metro y medio que le quedaba para no retrasar la coronación de Goosen. Pero falló. De cinco bajo par pasó a tres bajo par, al tercer puesto. La pasada noche se habrá dado cabezazos contra la pared pensando que ese putt valía el desempate.
Quedaba eso, el protocolo del desempate. Goosen tomó aire y quiso acabar como los buenos, con birdie. Pero, de momento, Retief no es de los buenos y se pasó medio metro. No dejaba de ser otro trámite, pero la bola rodó, rodó y describió una corbata. El mundo se le vino abajo al sudafricano que, aún así, tuvo arrestos para meter el ‘putt’ de vuelta y esperar que hoy tenga más vista y menos altanería.
Un mal día de golf
El final fue el sello a una emocionante jornada de mal golf, de despropósitos continuados. La empresa se había reducido a Mickelson; Sergio García; Goosen, siempre a la sombra de Els, Mediate, Cink y Brooks. El primero en descolgarse fue Sergio. Asombrosamente, el día le vino grande.
El, que ha tenido la osadía de ganar a Tiger en un cara a cara, de liderar todo un equipo en la Ryder, falló inexplicablemente desde la salida. Sólo pasó airoso por el 1, que es el que menos le gusta. A partir de ahí, todo se torció. Esa espiral de despropósitos, de calles falladas, de hierros deficientes y de “putts” que no entraron, le sacaron fuera del top ten, al lado de Tiger, un resultado quizás injusto para los méritos que había almacenado los tres días antes, pero un marcador inapelable. El día que vea el vídeo, y la retaila de errores que hay grabados de todos sus rivales puede que también se dé algún cabezazo contra la pared como Cink y Goosen.
El bogey ya no se lo quitaba nadie y se apresuró a acabar el metro y medio que le quedaba para no retrasar la coronación de Goosen. Pero falló. De cinco bajo par pasó a tres bajo par, al tercer puesto. La pasada noche se habrá dado cabezazos contra la pared pensando que ese putt valía el desempate.
Quedaba eso, el protocolo del desempate. Goosen tomó aire y quiso acabar como los buenos, con birdie. Pero, de momento, Retief no es de los buenos y se pasó medio metro. No dejaba de ser otro trámite, pero la bola rodó, rodó y describió una corbata. El mundo se le vino abajo al sudafricano que, aún así, tuvo arrestos para meter el ‘putt’ de vuelta y esperar que hoy tenga más vista y menos altanería.
Un mal día de golf
El final fue el sello a una emocionante jornada de mal golf, de despropósitos continuados. La empresa se había reducido a Mickelson; Sergio García; Goosen, siempre a la sombra de Els, Mediate, Cink y Brooks. El primero en descolgarse fue Sergio. Asombrosamente, el día le vino grande.
El, que ha tenido la osadía de ganar a Tiger en un cara a cara, de liderar todo un equipo en la Ryder, falló inexplicablemente desde la salida. Sólo pasó airoso por el 1, que es el que menos le gusta. A partir de ahí, todo se torció. Esa espiral de despropósitos, de calles falladas, de hierros deficientes y de “putts” que no entraron, le sacaron fuera del top ten, al lado de Tiger, un resultado quizás injusto para los méritos que había almacenado los tres días antes, pero un marcador inapelable. El día que vea el vídeo, y la retaila de errores que hay grabados de todos sus rivales puede que también se dé algún cabezazo contra la pared como Cink y Goosen.
