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Champions League

La final de Casemiro

El mediocentro brasileño, decisivo en la conquista de la undécima Copa de Europa del Real Madrid.

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El mediocentro brasileño, decisivo en la conquista de la undécima Copa de Europa del Real Madrid.
Casemiro roba un balón ante Saúl en la final de San Siro. | EFE

"¡Casemiro eres el mejor!", coreó la plantilla del Real Madrid en el vestuario del Estadio Giuseppe Meazza, pocos minutos después de superar al Atlético en la tanda de penaltis. El mediocentro brasileño, de 24 años, se ha ganado el respeto de todo el mundo en el club. Desde sus compañeros hasta el presidente, pasando lógicamente por el cuerpo técnico que encabeza Zinedine Zidane.

El pasado viernes, un día antes de la final, Diego Pablo Simeone ya había avisado de la importancia de Carlos Henrique Casemiro para el Madrid. "Su presencia le da una virtud para tener equilibrio defensivo y siempre mantener su fortaleza ofensiva (...) Para el equilibrio del Real Madrid es el mejor jugador sin ninguna duda".

En efecto: como había pronosticado el Cholo en la víspera, Casemiro fue clave en la
conquista de la Undécima con el equilibrio que le dio al Madrid. Aunque la UEFA eligió a Sergio Ramos como el mejor jugador del partido (Man of the Match), el paulista se erigió en el hombre decisivo de la noche. Además de robar un buen número de balones, apoyar a los laterales en las coberturas e incluso gozar de una gran ocasión al inicio del partido -antes de que Ramos adelantase al Madrid con su gol, que no debió subir al marcador por encontrarse en fuera de juego-, Casemiro dio un recital físico cuando peor lo pasaba su equipo.

El Madrid se había comido al Atlético en la primera parte, pero la entrada de Yannick Carrasco por Augusto Fernández, a la vuelta de vestuarios, dio bríos renovados a un equipo, el colchonero, que durante muchas fases tuvo encerrado a los blancos, especialmente en la segunda mitad del tiempo reglamentario. Zidane se precipitó en los cambios -había agotado los tres a los 77 minutos, cuando dio entrada a Lucas Vázquez por Benzema- y el Atlético, mejor físicamente que el rival, no tardó en empatar por medio de Carrasco.

Quedaban once minutos por delante y la posibilidad de que se jugase una prórroga -como acabaría ocurriendo- estaba cada vez más cerca. A Simeone le quedaban dos cambios (luego entraron Lucas Hernández y Thomas Partey por Filipe Luis y Koke, respectivamente, ya en la segunda parte de la prórroga) y el Atlético se presentaba como favorito para llevarse el gato al agua en ese período extra. Pero ahí estuvo Casemiro, mostrándose como un auténtico portento físico para frenar varias contras muy peligrosas del cuadro rojiblanco.

Pero la exhibición de Casemiro en lo táctico y en lo físico no es nuevo. El brasileño protagonizó un bonito duelo de mediocentros con Gabi Fernández, del que el 14 blanco salió como ganador frente al 14 rojiblanco. El capitán del Atlético sostuvo a los suyos en momentos inciertos en la primera parte y lo empujó en la segundo con su fácil lectura del partido.

El triunfo de la meritocracia

Pero acabaría siendo mejor un Casemiro que ejemplifica el triunfo de la meritocracia en el Real Madrid de Zidane. El jugador de Sao José dos Campos había tenido bastante protagonismo en la primera mitad de temporada con Rafa Benítez, aunque luego se quedó fuera en el Clásico frente al Barcelona en el Santiago Bernabéu -el técnico madrileño apostó por dar la titularidad a las estrellas-, en una decisión que acabaría levantando ampollas en un buen sector del madridismo.

Y con Zidane tampoco fue titular en sus primeros partidos. Ni mucho menos. Al francés le costó dar oportunidades al brasileño. El francés se dio cuenta del error, especialmente a raíz de la derrota contra el Atlético de Madrid en el derbi del Bernabéu (0-1), pero acabaría apostando por Casemiro como un hombre fijo en sus esquemas, acompañando a Toni Kroos y Luka Modric. Un centro del campo completísimo en el que el jugador brasileño aporta músculo, sacrificio, rigor táctico y, sobre todo, mucho equilibrio.

Todo empezó en Dortmund

Lo cierto es que Casemiro ha sido clave en la conquista de la Undécima, pero también lo fue en la de la Décima hace ya dos años. Si hubo un partido en el que el paulista ya había dejado su impronta fue el de la vuelta de cuartos de final de la Champions de la temporada 2013/14 frente al Borussia Dortmund. Los blancos habían ganado la ida por 3-0 en el Bernabéu y se veían con pie y medio en semifinales. Pero los alemanes, entonces dirigidos por Jürgen Klopp, marcaron dos goles en la primera parte del choque del Signal Iduna Park para meter el miedo en el cuerpo a los de Carlo Ancelotti.

El técnico italiano no dudó en señalar a Illarramendi, que estaba firmando un partido desastroso, y poner en su lugar a Isco a la vuelta de vestuarios. El Madrid mejoró -peor que en la primera parte no podía haber jugado-, y esa mejoría se terminaría de confirmar a los 73 minutos, cuando Casemiro entró en el campo por Di María. El brasileño sostuvo a los blancos e incluso les permitió recuperar la posesión del balón para terminar encerrando al Dortmund en el área de Weidenfeller.

Aquel día (8 de abril de 2014) fue el del nacimiento de una estrella que, pese a no brillar tanto como otras, tiene una importancia capital en su equipo. Casemiro se marchó después cedido al Oporto y allí estuvo durante una temporada -en la que fue de menos a más- para regresar a Madrid convertido en un hombre. El club ejerció la opción de recompra por el brasileño, pagando 7,5 millones de euros a los dragones, y los hechos han demostrado que no se equivocó.

Tal vez sin él la Undécima no hubiera sido posible. Al menos no este año.

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