
L D (EFE)
En el partido entre portugueses e ingleses, Elizondo expulsó al punta Wayne Rooney, sanción que dispuso porque el delantero británico dio un pisotón en los testículos al defensa Ricardo Carvalho. Elizondo, que es bonaerense, nació el 4 de noviembre de 1963, mide 1,83 metro, pesa 81 kilogramos, es profesor de educación física y escribe poesías y juega al golf en sus horas libres. Fue también obrero metalúrgico y lanzador de jabalina.
Es árbitro desde enero de 1994 y dirigió por primera vez un partido internacional en 1996, el Ecuador-Colombia, disputado el 9 de octubre. Ha dirigido partidos de las eliminatorias de los tres últimos mundiales. Llegó al arbitraje por casualidad. "Cuando estaba en el profesorado, me tocó arbitrar un partido de balonmano entre mis compañeros. Al finalizar, mi profesor me felicitó por la manera de aplicar el reglamento", recordaba recientemente. "De allí me anoté en el curso de AFA, y sentí que la sangre corría por mis venas. No lo pude dejar. Con el tiempo descubrí que el arbitraje reúne tres cosas fundamentales en mi vida: deporte, docencia y justicia", agregaba.
Debido a sus buenas actuaciones, Elizondo vivió un hecho insólito durante las eliminatorias del Mundial de Corea-Japón 2002. El 1 de septiembre de 2001, en el estadio de Mestalla, arbitró el encuentro del Grupo 7 entre España e Israel. "Fue una experiencia inolvidable, el mejor recuerdo que tengo de mi carrera. El partido fue simple, con apenas 18 infracciones y una amonestación", recordaba. "Pese a que ganó España (4-0), el presidente de la Asociación de Austria nos regaló una plaqueta a cada uno con nuestros nombres", añadía.
En un momento de su carrera arbitral tuvo que recurrir a tratamiento psicológico para corregir un defecto grave en un árbitro: no se atrevía a pitar penaltis, por más que la infracción fuera evidente. El psicólogo descubrió que esa mácula estaba ligada a una situación personal inestable: estaba separándose de su pareja. Después de los partidos, Elizondo acostumbra a comer carne para matar la tensión con el movimiento de los músculos masticadores, ni más ni menos que cualquier otro argentino.
Al llegar a Alemania el mes pasado dijo del partido inaugural de Alemania 2006, para el cual ya había sido designado, que era el "acontecimiento más importante" de su vida. "Los árbitros tenemos que intentar, en este Mundial, establecer un equilibrio entre lo permitido y lo inadmisible, y no podemos sacar tarjetas amarillas o rojas porque sí", indicaba. Ahora pitará la final en el estadio Olímpico de Berlín entre Italia y Francia.
Es árbitro desde enero de 1994 y dirigió por primera vez un partido internacional en 1996, el Ecuador-Colombia, disputado el 9 de octubre. Ha dirigido partidos de las eliminatorias de los tres últimos mundiales. Llegó al arbitraje por casualidad. "Cuando estaba en el profesorado, me tocó arbitrar un partido de balonmano entre mis compañeros. Al finalizar, mi profesor me felicitó por la manera de aplicar el reglamento", recordaba recientemente. "De allí me anoté en el curso de AFA, y sentí que la sangre corría por mis venas. No lo pude dejar. Con el tiempo descubrí que el arbitraje reúne tres cosas fundamentales en mi vida: deporte, docencia y justicia", agregaba.
Debido a sus buenas actuaciones, Elizondo vivió un hecho insólito durante las eliminatorias del Mundial de Corea-Japón 2002. El 1 de septiembre de 2001, en el estadio de Mestalla, arbitró el encuentro del Grupo 7 entre España e Israel. "Fue una experiencia inolvidable, el mejor recuerdo que tengo de mi carrera. El partido fue simple, con apenas 18 infracciones y una amonestación", recordaba. "Pese a que ganó España (4-0), el presidente de la Asociación de Austria nos regaló una plaqueta a cada uno con nuestros nombres", añadía.
En un momento de su carrera arbitral tuvo que recurrir a tratamiento psicológico para corregir un defecto grave en un árbitro: no se atrevía a pitar penaltis, por más que la infracción fuera evidente. El psicólogo descubrió que esa mácula estaba ligada a una situación personal inestable: estaba separándose de su pareja. Después de los partidos, Elizondo acostumbra a comer carne para matar la tensión con el movimiento de los músculos masticadores, ni más ni menos que cualquier otro argentino.
Al llegar a Alemania el mes pasado dijo del partido inaugural de Alemania 2006, para el cual ya había sido designado, que era el "acontecimiento más importante" de su vida. "Los árbitros tenemos que intentar, en este Mundial, establecer un equilibrio entre lo permitido y lo inadmisible, y no podemos sacar tarjetas amarillas o rojas porque sí", indicaba. Ahora pitará la final en el estadio Olímpico de Berlín entre Italia y Francia.

