
El gigante petrolero estatal Saudi Aramco, patrocinador principal del equipo Aston Martin F1 Team en el que compite Fernando Alonso, ha detenido temporalmente las operaciones en su refinería de Ras Tanura tras un ataque con drones en la zona. La instalación, considerada la mayor de Oriente Medio, tiene una capacidad aproximada de 550.000 barriles diarios y constituye un pilar estratégico para Arabia Saudí y para el mercado energético global.
Por el momento, lo que se conoce por fuentes de agencias internacionales, es que el cierre se ha producido como medida de precaución mientras se evalúan los daños. Además, la agencia oficial saudí informó de que el incidente provocó un incendio "limitado", causado por los restos de la interceptación de dos drones en las inmediaciones de la planta. El fuego fue controlado rápidamente y no se registraron víctimas, aunque algunas unidades operativas fueron suspendidas temporalmente.
JUST IN: 🇸🇦 Iran strikes Saudi Arabia's Aramco Ras Tanura oil refinery. pic.twitter.com/eTmPGRFAY5
— BRICS News (@BRICSinfo) March 2, 2026
Ras Tanura, enclave clave del suministro mundial
La refinería de Ras Tanura no solo abastece al mercado local. De hecho, es un proveedor fundamental de combustibles como el diésel para compradores internacionales, especialmente en Europa, y produce también gasolina en menores volúmenes. Además, en sus proximidades se ubica una de las mayores terminales de exportación de crudo y productos refinados del mundo, con tanques de almacenamiento y puntos de carga marítima.
Esto hace que cualquier interrupción en esta infraestructura tenga repercusiones inmediatas en los mercados. Tras conocerse la paralización, los futuros del crudo Brent subieron en torno a un 10 %, mientras que los del gasóleo llegaron a dispararse más de un 20 %. El movimiento refleja la sensibilidad del mercado ante posibles alteraciones del suministro en una región que concentra buena parte de la producción global.
Escalada regional y temores energéticos
El ataque se enmarca en la creciente tensión entre Irán y el eje formado por Estados Unidos e Israel. Desde el inicio de las hostilidades, los mercados energéticos contemplaban dos grandes riesgos: un eventual cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor del 20 % del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado— y daños directos a infraestructuras estratégicas del Golfo.
Aunque el estrecho no está formalmente cerrado, numerosos buques han reducido o suspendido su tránsito por precaución. El ataque a Ras Tanura alimenta el segundo temor: que las instalaciones saudíes, esenciales para estabilizar el mercado, se conviertan en objetivo recurrente.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), sobre la que Riad ejerce una influencia determinante, había anunciado recientemente un aumento de producción de 206.000 barriles diarios para abril con el fin de amortiguar tensiones en el suministro. La interrupción en Ras Tanura introduce incertidumbre adicional en ese equilibrio.

