
Cada arranque de temporada me sobreviene la esperanza de ver un Mundial reñido, un Mundial donde el piloto marque la diferencia, donde los comisarios dejen hacer sin que tomen partido por nadie, y donde los coches puedan expresar su velocidad y tecnología en su máximo esplendor.
Por supuesto también cada año, espero que los nuestros –no nos engañemos, sobre todo Fernando Alonso– puedan disputar cada carrera, que nos devuelva un pedacito de ese 2005, 2006 incluso 2004 donde todo un país despertó y tomó el aperitivo viendo cómo un chaval de Asturias se merendaba a todo un Kaiser, siete veces campeón del mundo, Michael Schumacher.
Sé que mis expectativas son altas, y mis deseos un poco boomer, pero no entiendo el deporte de otra manera que no sea el de la emoción y la competitividad. Y sigo arrancando la temporada de F1 de la misma manera pese a que llevo ya varios años quejándome amargamente de una palabra, una estrategia que para mí es el anti-F1, la gestión.
Todo empezó por la gestión de combustible, luego de neumáticos, que nos hicieron vivir aburridas travesías por el desierto en muchos grandes premios, y ahora a estas gestiones se le suma la madre de todas ellas, la gestión de energía, no solo a una vuelta sino curva a curva.
NUEVA TECNOLOGÍA MÁS INCERTIDUMBRE
Los nuevos motores, 50 % combustión y 50 % eléctrico, los nuevos carburantes cien por cien sostenibles, la aerodinámica activa que permitirá ajustar a los pilotos tanto el alerón delantero como el trasero a cada curva o los modos de recarga o extra de energía hacen de esta F1 la más compleja de todos los tiempos.
Muchos elementos que convierten esta temporada en una de las más inciertas. Quizás sea este el elemento que termine aportando emoción. Pero, ¿y en las carreras? ¿Se traducirá esto en más espectáculo, más adelantamientos, menor distancia entre los coches? Pues sinceramente lo dudo porque mucha de esa emoción, de esa gestión y trabajo constante que tendrán los pilotos en pista y los ingenieros en el muro será imperceptible para el espectador. Ni siquiera los propios pilotos de la talla de Max Verstappen o Lewis Hamilton, están muy convencidos de los monoplazas que les han puesto entre las manos. Incluso, el calendario está en entredicho, porque ni Bahréin ni Abu Dabi están ahora mismo como para celebrar un gran premio, y debían hacerlo a mediados del próximo mes de abril.
A nivel tecnológico, los monoplazas son de una complejidad que debe emocionar a los ingenieros pero espero que no nos deje demasiado fríos al resto. En cualquier caso y a la espera de ver cómo se comporta esta nueva era de monoplazas y competición sí que hay varias certezas.
LAS CERTEZAS QUE NOS DEJA LA F1
La primera, que lo que veamos en el GP de Australia será muy distinto a lo que podamos ver después. Los equipos deberán afinar la tecnología, desarrollarla y los pilotos deberán ir acostumbrándose a un modo de pilotaje muy diferente. Estamos en el inicio de un periodo de desarrollo con mucho margen para la mejora en todos los sentidos. Puede que el coche que empieza ganando en Australia, donde Ferrari, Mercedes-Benz y Red Bull son los favoritos, cambie respecto al que lo haga pasado el verano.
La decisión de la FIA de esperar a junio para empezar a medir la compresión de los motores en caliente, para no perjudicar a Mercedes-Benz, o la terrible manera en que arrancarán equipos como Williams pero sobre todo Aston Martin, permiten pensar que veremos dos temporadas en una, aunque como siempre solo habrá un vencedor.
LOS ESPAÑOLES A LA COLA
Y un año más, y cuando parecía que los astros se alineaban que, como en la película de Cuando Harry encontró a Sally, Fernando Alonso encontró a Newey, nuestro bicampeón se va a quedar muy lejos de luchar por el Mundial. Según se acerca la hora de arrancar el coche crecen las excusas.
Primero fue que llegaron tarde, que Adrian Newey empezó tarde a diseñar el coche, que Honda tampoco ha tenido el suficiente tiempo, que por primera vez Aston Martin fabricaba su propia caja de cambios o que hubo que arreglar el túnel del viento. Ahora, y tras el escaso rodaje en las pruebas de pretemporada, siguen las excusas. Las vibraciones del motor Honda no solo dañan la batería del monoplaza sino que lo hacen inconducible para los pilotos ya que las vibraciones podrían afectar seriamente a la salud de sus manos. Tanto Newey como el propio Fernando Alonso han asegurado desde Albert Park que, el asturiano apenas podría conducir 25 vueltas sin sufrir daños y que al menos hasta después del Gran Premio de Japón, que se celebrará a finales de marzo, no habrá un atisbo de mejoría en el equipo, que se plantea dar una vuelta el domingo y plegar velas hacia la siguiente pista, la de China.
Es vergonzoso que Aston Martin, que lleva ya unas cuantas temporadas en la F1 llegue de esta manera y que otras marcas que han estado fuera del circo como Audi haya presentado un coche que si bien no es el mejor, ya ha sido capaz de hacer una simulación en carrera con cierta fiabilidad.
Espero que estos nuevos pronósticos que han hecho desde el equipo inglés sean mucho más negativos de lo que esperan y que estén intentando ponernos en el peor de los escenarios posibles para que no nos parezca tan mal si por alguna casualidad consiguen terminar la carrera del próximo domingo.

