El 6 de diciembre de 1977 se perdía el rastro de Antonio Enrique Piovoso Mengarelli. Fue detenido en su lugar de trabajo, pese a que no era él el objetivo. Nunca más se supo. Pasaría a ser uno más de los cerca de 30.000 desaparecidos en el país (8.753 según la cifra oficial) durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, la historia más negra de Argentina.
Un rastro intrínsecamente ligado con el fútbol del país. Nacido en La Plata el 13 de agosto de 1953, es en las inferiores de Estudiantes donde comienza a despuntar como guardameta. No es muy alto (1'77m), pero sí ágil, decidido y valiente. De la escuela de Hugo Gatti, su ídolo de la infancia. También, como él, lleva pelo largo y camisetas coloridas.
No llegará a debutar con el primer equipo, más allá de alguna convocatoria a principios de los 70. Sale por la puerta de atrás rumbo a Gimnasia y Esgrima. Allí llega como tercer portero, detrás de su ídolo Gatti, y de Daniel Guruciaga. Y ahí le llega la oportunidad de debutar en Primera División. Lo hace el 19 de abril de 1973, ante Argentinos Juniors, sustituyendo al lesionado Garaciaga en el minuto 41. Aquella temporada jugaría dos partidos más. En ambos sustituyendo al portero titular, Gatti, que debía marcharse lesionado. En ambos, con derrota.
Para la temporada siguiente Gimnasia no cuenta con él, y ahí se termina su etapa en Primera División. 2 meses, tres partidos, y el inolvidable momento de enfrentarse a algunos de los más grandes del fútbol argentino como José Pekerman o Carlos Aimar.
Tras su salida, eso sí, continua jugando. En divisiones inferiores, generalmente en Buenos Aires: Huracán de Tres Arroyos, Atlético Mones Cazón, Nación de Mar del Plata y Athletic de Azul es su trayectoria. Aquello le permite compaginar el fútbol con los estudios de arquitectura en la Universidad de La Plata.
Desaparecido a pesar de todo
En 5º de carrera, El Tano comienza a trabajar como dibujante en el estudio 2a&2i, en las galerías Williams. Ahí es donde el 6 de diciembre de 1977 sucede todo.
En el marco del denominado Operativo Escoba, un grupo de tareas acude para detener a Jorge Antonio Martina, del Partido Comunista Marxista Leninista. Ante la brutalidad de la situación Piovoso -que no tiene militancia alguna- también es secuestrado. Humberto Bernardo Moirano, compañero suyo de la facultad y presente aquella mañana en el estudio, cuenta que escuchó como decían "a vos te llevamos por pelo largo, por no haber dicho nada". Cuando se dio la vuelta, Piovoso ya no estaba.
Los meses siguientes la familia trata de buscarlo, en vano. "Lo hicimos por todas las vías. Judiciales, no judiciales... pero nunca encontramos nada", cuenta Alfredo Piovoso, hermano del guardameta, en el excelente documental "Deportes, desaparecidos y dictadura" realizado por el periodista Gustavo Veiga.
Nunca más se supo.
La suya no es la única historia de desaparecidos en el mundo del deporte argentino. Una de las más conocidas es la de Miguel Benancio Sánchez, el atleta que Videla hizo desaparecer. También la jugadora de hockey Adriana Acosta. O las nadadoras Gisela Tenembaun y Ana Moral.
Incluso hubo otros futbolistas, como el caso de Claudio Tamburrini, portero de Almagro en Segunda División, quien tras ser detenido en un centro clandestino logró escapar.
Pero él, Antonio ‘El Tano’ Piovoso Mengarelli, tiene el honor de ser el único futbolista de Primera División que sufrió en sus carnes el periodo más negro de la historia de Argentina.
En su honor, una placa en el Museo de Gimnasia y Esgrima de la Plata le recuerda. Y el fútbol argentino y mundial, también.