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Robert Raku Ponnick, la broma de mal gusto que dejó alucinado al mundo del fútbol

En Castel di Sangro no podían creer que había llegado una estrella. Y, efectivamente, no era así. Solo que nadie lo sabía... y fueron engañados.

En Castel di Sangro no podían creer que había llegado una estrella. Y, efectivamente, no era así. Solo que nadie lo sabía... y fueron engañados.
Imagen desde el interior del estadio Teofilo Patini del Castel di Sangro. | Wikipedia

Un delantero potente y goleador, recién llegado de la Premier League, que se iba a hinchar a marcar goles. Esa era la apuesta del Castel di Sangro, un modesto equipo de fútbol italiano, de la provincia de L'Aquila, que acaba de ascender a la Serie B, la segunda categoría del Calcio.

El fichaje de Robert Raku Ponnick, anunciado el 20 de noviembre de 1996, venía a suplir las carencias en ataque del equipo en su objetivo de mantener la categoría. La afición no sabía nada de aquel futbolista. Por aquel entonces no era tan sencillo indagar como ahora de quién se trata un nombre cuando no se conoce. Sólo conocen aquello que ha pronunciado su presidente, Gabriele Gravina: es una estrella nigeriana, de un físico imponente, que llega del Leicester inglés. Y para aquel humilde equipo, que tan solo llevaba 3 victorias y 5 goles en 10 jornadas, un delantero así significaba toda una ilusión.

Prácticamente todo el pueblo, de poco más de 5000 habitantes, se encuentra frente a la televisión al día siguiente para contemplar la rueda de prensa del fichaje. Sí, de la televisión. Porque es tal la repercusión que se ha alcanzado, que no son pocas las cadenas que se desplazan para poder ofrecerla en directo. Amén de radios y prensa escrita. Incluida la Agencia Ansa.

Lo que sucede en la presentación es dantesco. Por no utilizar otra palabra. Cuando le llega el turno de palabra a Ponnick mira fijamente a la cámara, y estremece a todos: "He visto la Serie B, y es una mierda. Yo marcaré más goles que cualquiera en este campeonato porque soy el mejor. Y es mejor que los habitantes de Castel nosequé estéis atentos, dejéis a vuestras mujeres encerradas en casa, porque me las voy a follar a todas. Me da igual si es la hija de o la mujer de. Tengo el pájaro más grande de toda Italia. Robert Raku Ponnick os hará divertir como nunca en vuestra vida. Dentro y fuera del campo".

El traductor del equipo, pues Ponnick solo habla un inglés perfecto, no sabe dónde meterse. Traduce a su manera, tratando de no decir ni una palabra en italiano de todo aquello que ha dicho el futbolista. Pero ya lo ha dicho.

Un estupor causado en la rueda de prensa que no será nada comparado con lo que sucede en el primer partido de Robert Raku Ponnick. Esa misma tarde el Castel di Sangro disputa un encuentro amistoso, de entrenamiento, contra un equipo amateur. El estadio está lleno. Todos se muestran impacientes por ver ya a la nueva estrella. Está, por supuesto, el presidente Gravina. Y están también las cámaras de televisión, que quieren mostrar a todo el país quién es ese fanfarrón que viene a salvar al Castel di Sangro.

Desde el primer momento se ve que algo no va bien. Tiene un físico imponente, eso es verdad. Pero corre como un pollo sin cabeza detrás del balón. Y cuándo éste le llega, apenas sabe qué hacer con él. La sensación que se genera entre el público sólo se podría comparar a la generada en su momento por Ali Dia en su debut con el Southampton. Otra historia, desde luego, imperdible.

En un momento del partido Ponnick se interna en el área rival, ante la pasividad de la defensa. Cae al suelo sin que nadie le toque. Y el árbitro señala penalti. Nadie puede creer lo que está sucediendo. El lanzador del equipo es Di Vincenzo. Pero no hay nada que hacer: Ponnick le arrebata de malas maneras el balón, y se dispone a patear él la pena máxima.

Toma carrerilla, arranca... y se cae el suelo. Fulminado. Se desvanece. Todos se acercan apresurados a ver qué le sucede. El primero, el portero. Y Ponnick cuando ve aquello, cuando ve que la portería está vacía, se levanta y marca. Lo celebra de manera exultante. Los aficionados quedan atónitos. Los compañeros de equipo no saben dónde meterse. El entrenador del Castel di Sangro cariacontecido…

El árbitro anula el gol. Y Ponnick enloquece. Protesta enérgicamente. Y es expulsado. Se marcha maldiciendo a todos camino de vestuarios, incluido un compañero de equipo, Altamura, a quien llega a golpear.

Y cuando el partido se reanuda, ya con Ponnick fuera del terreno de juego, el árbitro y los jugadores del equipo rival se dirigen juntos a la grada y saludan. Casi como si fuera el final de una obra de teatro. Porque eso había sido todo: una farsa. Ponnick vuelve del vestuario sonriente, y se une al saludo.

Robert Raku Ponnick nunca había existido. Era un actor a sueldo del programa de Mediaset I Guastafeste (Los aguafiestas). La rueda de prensa, el partido, el penalti, las peleas... todo estaba guionizado. Un truco, una broma, para ganar dinero por parte del presidente, Gravina.

Queda aún la duda, a tenor de lo hallado en la prensa italiana, de si los jugadores del Castel di Sangro lo sabían. La prensa, desde luego, no. Se lo tragó todo. Y la afición tampoco. Y no le hizo ninguna gracia. Durante días se oyeron silbidos continuos en la grada. Entendían que se había tirado por el suelo el valor del escudo y de su afición. Y la prensa dejó prácticamente de informar del equipo al no perdonar que se les hubiera hecho gastar tanto tiempo y tantos recursos por aquella patraña.

Todos, eso sí, terminaron contentos a final de temporada: contra todo pronóstico, el Castel di Sangro logró salvar la categoría por un punto.

Quizá, en Londres, el día de la salvación, Robert Raku Ponnick, o mejor dicho el actor que le encarnara, también se alegrara.

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