
En el nuevo capitalismo del fútbol ya no mandan ni los presidentes carismáticos ni los socios de carnet gastado, sino los fondos de inversión, los holdings con nombre de ave rapaz y los multimillonarios que juegan al Monopoly con escudos centenarios. Uno de los nombres que mejor simboliza esta nueva era es el del magnate estadounidense John Textor, fundador, principal propietario y cabeza visible de Eagle Football Holdings, una red de clubes que se extiende por Europa y América y que tiene más tentáculos que un nautilo.
Olympique de Lyon, Botafogo, Crystal Palace y RWD Molenbeek son solo las piezas más visibles de su imperio. Detrás de ellas, sin embargo, se esconde una maraña financiera en la que aparecen tiburones, pirañas y fondos de inversión con un apetito insaciable. Y, como suele ocurrir cuando se mezclan fútbol, deuda y poder, los damnificados no siempre están en los despachos.
El sueño americano… con dinero prestado
Textor, de 60 años, no llegó al fútbol con una cartera modesta ni con un proyecto romántico. Llegó con mil millones de dólares bajo el brazo. O, mejor dicho, con la promesa de invertir esa cantidad. Porque buena parte de ese capital procedía de ARES Management Corporation, uno de los fondos de inversión más agresivos del planeta en el negocio del deporte.
ARES, junto a sus dos hombres fuertes, Mark Affolter y James Miller —figuras de las que ya hemos hablado en Libertad Digital—, financió la expansión de Eagle Football Holdings como quien echa gasolina a una hoguera.
Con ese dinero, Textor se lanzó a comprar clubes como si no hubiera un mañana. Su compra fue obsesivo-compulsiva porque no se limitó exclusivamente a comprar clubes, sino que además incluyó una gran cantidad de jugadores de primer nivel. Así, en tan solo dos años realizó los siguientes movimientos:
Crystal Palace: invirtió 125 millones de dólares para hacerse con un 40% del accionariado del equipo de la Premier League.
Botafogo: destinó 90 millones para comprar el 90% de las acciones del club brasileño.
Racing White Daring Molenbeek: con unos 20 millones de dólares compró aproximadamente el 80% de las acciones de este equipo, que milita en la segunda división de Bélgica.
Olympique de Lyon: invirtió 800 millones de dólares -se dice pronto- para adquirir el 77% de las acciones. ARES le concedió un crédito que alcanzó los 400 millones.
Comprar es fácil cuando te prestan el dinero. El problema llega cuando hay que mantener un equipo, pagar nóminas y competir. Eso ya es otra historia.
Botafogo: la boca demasiado grande
Textor no solo es conocido por su chequera, sino también por su lengua. En Brasil, tras perder el Botafogo una liga que tenía prácticamente ganada, el estadounidense explotó. Acusó públicamente a árbitros, dirigentes y a la propia liga de amaños y falta de transparencia. Un ataque frontal al sistema que acabó en los tribunales deportivos.
Sin pruebas que respaldaran semejantes acusaciones, Textor tuvo que tragar. Para evitar una suspensión de hasta dos años como dirigente, aceptó una multa que acabó siendo la mayor de la historia del fútbol brasileño: 171.000 dólares. Una cantidad que podría ser media hipoteca para cualquier mortal pero que, sin embargo, es un castigo menor para alguien que maneja cientos de millones.
Deudas, sanciones y el caso Thiago Almada
El verdadero problema de Eagle Football Holdings no está en las declaraciones altisonantes, sino en la falta de liquidez. O, dicho de otra manera, en los impagos. El Vélez Sarsfield llevó al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) al Botafogo por una deuda cercana a los 3 millones de dólares por el traspaso del centrocampista argentino Álvaro Montoro. Pero el caso más grave es el de Thiago Almada, hoy jugador del Atlético de Madrid. El Atlanta United, club de la MLS, reclama al Botafogo unos 30 millones de dólares por su venta.
Aquí entra en juego uno de los episodios más turbios de esta multipropiedad: Almada fue fichado por el Botafogo, pasó de manera fugaz por el Olympique de Lyon —otro club del holding—, con una extraña cesión por media temporada entre enero y junio de 2025, y acabó recalando en el Atlético el pasado verano. Una operación con olor a ingeniería financiera, diseñada para mover el activo dentro del grupo y facilitar una venta final.
El resultado ha sido devastador: el TAS ha impuesto al Botafogo una prohibición de fichar durante tres ventanas a partir del 1 de enero de 2026. Textor, acorralado, ha tenido que volver a pedir dinero a Ares Management. Y, cómo no, Miller y Affolter han vuelto a aparecer como los salvavidas del excéntrico magnate de Misuri… previo pago de intereses y poder.
ARES es el auténtico tiburón
Porque si Textor es el rostro visible del imperio, ARES es el verdadero dueño de la pecera. El fondo no solo financia, sino que condiciona decisiones, exige garantías y, llegado el caso, ejecuta. En el mundo de la multipropiedad, los clubes no son más que activos que deben generar plusvalías. Si no lo hacen, se venden, se trocean o se exprimen.
Ese modelo es el mismo que ha empezado a salpicar a clubes españoles como el Real Zaragoza o el Atlético de Madrid —entidades, como ya vimos en su día, conectadas por figuras como Miguel Ángel Gil Marín, Joseph Oughourlian, Pablo Jiménez de Parga Maseda y Mariano Aguilar, entre otros—, donde los fondos y los intermediarios ya juegan un papel cada vez más relevante en la compra, venta y circulación de futbolistas.
Puentes con el fútbol español
Según ha desvelado a Libertad Digital el investigador deportivo Luis Serrano, el nuevo director de cantera del Botafogo, Augusto Oliveira, viajó a España el pasado mes de diciembre junto a dos ayudantes con el fin tejer alianzas con las canteras del Atlético de Madrid, Real Madrid y FC Barcelona, estudiar métodos de trabajo y abrir canales de cooperación. En Segunda División, uno de los clubes implicados sería el Real Zaragoza.
Nada es casual. Eagle Football Holdings busca convertir sus clubes en nodos de una red global de talento, donde los jugadores circulan de Brasil a Bélgica, de Francia a España, y de ahí al mercado que más pague. El fútbol deja de ser un deporte para convertirse en una cadena de montaje.
Un imperio inestable
John Textor quiso ser el nuevo magnate del fútbol, el dueño de una multinacional del gol, pero se metió de lleno en un acuario plagado de tiburones con más colmillos que él. Endeudado, sancionado y bajo la tutela de ARES, el imperio del magnate estadounidense parece cada vez más frágil. Y mientras tanto, clubes históricos, aficionados y competiciones nacionales quedan atrapados en una partida financiera donde lo único que importa es el beneficio.
La próxima semana, en la segunda parte de este capítulo sobre la figura de John Textor y la influencia de ARES Management, veremos cómo este poderosísimo fondo norteamericano —a través de sus hombres fuertes, Affolter y Miller— gestiona sus acciones para hacerse con importantes plusvalías pasando por encima del presidente de un holding o un equipo de fútbol como el Atlético de Madrid, así como otra operación que el propio club rojiblanco ha realizado con el Botafogo y el mapa de relaciones de dos grandes grupos: Eagle Football Holdings y Alliance Global Partners.





