
Solo unos pocos días después de su salida del Real Madrid —menos de 24 horas después de perder la Supercopa de España ante el FC Barcelona—, el nombre de Xabi Alonso vuelve a aparecer con fuerza en las portadas europeas. No por un fichaje galáctico, ni por la renovación de un contrato multimillonario, sino por un proyecto que a muchos podría parecer incluso extraño: la posibilidad de sentarse en el banquillo del Eintracht Fráncfort, uno de los clubes más imprevisibles de la Bundesliga.
El irregular conjunto germano, actualmente séptimo en la tabla, ha decidido prescindir de Dino Toppmöller tras una alarmante falta de solidez defensiva: 39 goles encajados en 18 jornadas y un preocupante empate 3-3 en casa del Werder Bremen, el pasado viernes, han sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia del club de Las Águilas.
Toppmöller, que había extendido su contrato hasta 2028, ha pagado con su despido una dinámica que empezó bien pero se fue desinflando hasta dejar al equipo más cerca de decepciones que de ambiciones europeas. Salvando las diferencias clasificatorias, algo parecido a lo que le ha ocurrido a Xabi Alonso, que en los primeros 14 partidos de la temporada con el Real Madrid firmó un registro de 13 victorias y una sola derrota, en el derbi ante el Atlético (5-2).
Eintracht: de proyecto volátil a desesperado
El Eintracht no es un club cualquiera. Su tradición oscila entre la épica europea (recordemos su título de la Europa League en 2022, semanas después de haber eliminado al FC Barcelona en los cuartos de final) y la fragilidad de un proyecto sin un plan deportivo claramente definido. En esa inconsistencia radica su atractivo para nombres de alto perfil: un reto exigente, con recursos limitados, donde cada victoria tiene sabor a hazaña y cada derrota es un réquiem anticipado.
Es en ese contexto donde emerge el nombre de Xabi Alonso. Según Bild y medios españoles como As o Estadio Deportivo, el director deportivo del Eintracht, Markus Krösche, estaría dispuesto a dar un golpe mediático para atraer al técnico español y darle al club un perfil de entrenador de élite capaz de elevar el proyecto a otro nivel.
¿Por qué Xabi Alonso?
La conexión de Xabi Alonso con la Bundesliga es sólida. Su anterior etapa en el Bayer Leverkusen fue una de las más exitosas en la historia reciente del club: campeón de la Bundesliga, la DFB Pokal y la Supercopa alemana, además de un estilo de juego moderno, intenso y eficaz que lo catapultó a la élite europea. Ese logro, que pocos técnicos consiguen sin el respaldo de gigantes como el Bayern de Múnich o el Borussia Dortmund, dotó al técnico tolosarra de un prestigio indiscutible en Alemania.
Su paso por el Real Madrid, sin embargo, no fue tan placentero. La etapa blanca estuvo marcada por irregularidades, tensiones internas (como la decisión de mandar al banquillo a Vinícius en más de una ocasión) y la incapacidad de imponer su visión en un vestuario repleto de egos, lo que dejó una sensación de "experimento fallido" más que de fracaso estrepitoso, pero fracaso al fin y al cabo.
¿Paso atrás u oportunidad estratégica?
Aquí está el núcleo del debate. Para muchos analistas, aceptar la oferta del Eintracht sería un paso atrás en la carrera de Xabi. Después de entrenar a un gigante como el Real Madrid y de instalarse en el radar de clubes de primera línea —desde el Bayern hasta el Liverpool, pues según algunas versiones el club de Anfield tampoco le quita el ojo al guipuzcoano— volver a un proyecto con limitaciones económicas y deportivas parece poco ambicioso.
Pero es en esos matices donde el análisis profundo se hace necesario. En un fútbol europeo cada vez más dictado por la estabilidad institucional y la paciencia en los procesos —véase el caso de Jürgen Klopp en Liverpool o Thomas Tuchel en Alemania—, la llegada de Alonso a Fráncfort puede interpretarse no como un retroceso, sino como una reafirmación de su identidad táctica. Un técnico que ha demostrado capacidad para crear estructuras atractivas y competitivas, incluso en clubes sin la alfombra roja del poder financiero.
Además, desde la perspectiva de Xabi, el contexto importa. Un club como el Eintracht, con aspiraciones europeas (a pesar de su realidad actual) y un vestuario joven con potencial (la edad media de la plantilla es de 24,8 años), puede ofrecerle más margen de maniobra que el asfixiante foco mediático de Madrid o el desgaste táctico de otros grandes clubes. No es solo reconstruir un equipo; es demostrar que su visión puede funcionar sin las ayudas habituales de un gigante del fútbol.
El desafío futbolístico y la defensa como prioridad
Si hay algo que ha lastrado al Eintracht esta temporada ha sido claramente su defensa. Y ahí es donde el perfil de Xabi Alonso puede resultar más atractivo: su estilo de juego, basado en una transición ordenada y un mediocampo sólido, podría convertirse en el bálsamo para una zaga muy endeble. No es casualidad que el Eintracht valore esa fortaleza, y tampoco es casualidad que su candidatura sea prioritaria para Markus Krösche.
El reloj avanza: decisiones que marcarán el futuro
La pelota está ahora en el tejado de Xabi. ¿Aceptar un reto exigente en un contexto menor, con el objetivo de reconducir una trayectoria que, en las últimas semanas, ha sido turbulenta? ¿O esperar al verano para negociar con clubes de mayor envergadura y esperar propuestas que se ajusten más a la proyección de un entrenador que ya ha demostrado su valía en varias latitudes europeas?
La Bundesliga vuelve a llamar a su puerta, y no es la primera vez. Pero esta vez no se trata de una aventura de ascenso con el Leverkusen, sino de un reto de reconstrucción con el Eintracht, uno de esos banquillos donde los nombres se prueban y solo los más resilientes sobreviven.
En el fútbol, como en la vida, las segundas oportunidades a veces reescriben las primeras, y la decisión de Xabi Alonso en las próximas semanas determinará no solo su propio rumbo, sino también el destino de un club que quiere volver a soñar a lo grande, casi cuatro años después de haber conquistado en el Ramón Sánchez-Pizjuán su segundo título de la Europa League (el primero fue en 1980) y el tercero en el Viejo Continente tras la Copa Intertoto de 1967.




