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Cinco razones para no perderse esta Super Bowl

A los atractivos habituales en esta cita se suman este año circunstancias especiales que auguran un encuentro aún más espectacular de lo habitual.

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A los atractivos habituales en esta cita se suman este año circunstancias especiales que auguran un encuentro aún más espectacular de lo habitual.
Peyton Manning se dirige a su línea ofensiva durante la final de conferencia que Denver ganó a New England. | Cordon Press

Todas las finales de la Copa de Europa tienen su encanto. Por eso, si un amigo norteamericano, que no sabe nada de fútbol (soccer) pero al que han regalado dos entradas, nos preguntase ahora si creemos que merece la pena acudir el próximo mes de mayo a Lisboa, nuestra respuesta sería afirmativa. El ambiente en la ciudad, el colorido de las aficiones, la tensión por el resultado y la fiesta de los días previos: todo eso está garantizado.

Eso sí, no todos estos partidos son iguales. Por ejemplo, con los octavos de la Champions ya sorteados, cualquiera puede ver que no es lo mismo una posible final entre el Bayern de Múnich contra el Real Madrid o el Barcelona, que un hipotético Galatasaray–Zenit de San Petersburgo. Oiga, seguro que a rusos y turcos les encantaría. Y probablemente el que no sepa nada de fútbol se lo pase en grande… pero no es lo mismo.

Pues algo así ocurre este año con la Super Bowl. El Seattle Seahawks vs Denver Broncos tiene una serie de alicientes que hacen que la final de la NFL de esta temporada sea, si cabe, un poco más atractiva de lo normal. Hay muchas razones por las que nadie (ni el aficionado ni el neófito) debería perderse este partido. Aquí van cinco.

1. Los dos mejores

La NFL es una competición muy peculiar. Es la más rica de entre las cuatro grandes ligas norteamericanas. Y al mismo tiempo la que menos partidos programa al año, la que tiene una temporada más corta (de septiembre a enero) y la que menos encuentros de playoffs acumula. Es una demostración palpable (quizás la LFP española debería tomar nota) de que no es necesario atiborrar el aficionado con cientos de partidos cada semana para sacar la máxima rentabilidad al producto.

De hecho, cada equipo juega sólo 16 partidos en temporada regular. Es evidente que esto no permite que los 32 equipos de la competición (divididos en dos conferencias de 16 franquicias) jueguen todos contra todos. Tampoco da mucho margen de error, entre otras cosas porque sólo seis equipos por conferencia se clasifican para los playoffs. Una mala racha de 3-4 semanas sin ganar se convierte en una losa dificilísima de remontar. Por si esto fuera poco, la lucha por el título se dirime en eliminatorias a partido único en casa del equipo con mejor récord en la fase regular.

¿Por qué le explico todo esto? Pues porque este formato tiene un efecto directo en los resultados. Probablemente la NFL sea la liga más difícil de prever y con los campeones más sorprendentes. Por ejemplo, en los últimos veinte años, sólo una vez los dos mejores equipos de la temporada regular se vieron las caras en la Super Bowl.

El año pasado, los campeones fueron los Baltimore Ravens, un equipo que entró en playoffs con el quinto récord de su conferencia y al que se daba por derrotado en cada eliminatoria. Los Ravens formaban un buen grupo, orgulloso y luchador, con un ataque solvente y una defensa sólida. Pero globalmente eran bastante inferiores a los rivales a los que eliminaron hasta hacerse con el título. Es casi seguro que con un formato parecido al de la NBA o la MLB, con 5 ó 7 partidos por ronda, no habrían llegado a la final. Pero esto es la NFL y aquí todo se decide en un día y a una hora determinada. Y ellos supieron aprovechar su oportunidad.

Este año, sin embargo, se han cumplido todos los pronósticos (sí, esos que casi nunca se cumplen). Los dos mejores récords de la temporada regular se verán las caras en el MetLife Stadium de New Jersey. En EEUU, donde no hay esas rivalidades históricas que existen en Europa, no se puede pedir más. Las dos plantillas más poderosas están frente a frente. Retándose. No se han enfrentado este año. Sólo se miraban de reojo, mientras acumulaban victorias frente a sus rivales.

2. Una defensa feroz

Como decimos, las temporadas de Seattle y Denver han sido espléndidas. Su récord de victorias-derrotas (13-3 para cada uno) así lo demuestra. Pero los caminos que han tomado hasta llegar a esta meta no podían ser más diferentes.

Una de las peculiaridades más extrañas del fútbol americano es que los equipos ataque y defensa cambian por completo en función de quién tiene la posesión del balón. Por eso, es muy habitual que haya plantillas con un excelente juego ofensivo que flaquean cuando no tienen el balón en su poder. En Europa todo esto suena muy raro. Real Madrid o Barça tienen a Cristiano, Benzema, Messi y Neymar; pero también a Sergio Ramos, Xabi Alonso, Piqué o Busquets. Todos ellos están entre los mejores del mundo en su puesto. No se puede decir lo mismo de Seahawks y Broncos.

Los Seattle Seahawks han sido el mejor equipo defensivo de la liga. Han ahogado literalmente a sus rivales. Un par de datos datos son suficientes para hacernos una idea de su poder intimidador.

  • En yardas permitidas por partido, son los primeros de la liga, con 273,6. De hecho, ningún otro equipo ha logrado dejar a sus rivales en menos de 300 yardas de media en temporada regular. Es decir, Seattle no sólo lidera esta clasificación, es que lo hace por paliza. Y donde más destacan es en el juego de pase, con sólo 172 yardas permitidas por partido. Es lógico que también sean el equipo que menos puntos recibe (14,4 de media).
  • Como explicamos en el primer artículo de esta serie, en fútbol americano los robos de balón son relativamente infrecuentes. Normalmente, la posesión cambia de lado porque un equipo no logra avanzar o, por el contrario, consigue una anotación. Esto no va con los actuales Seahawks. Este equipo ha logrado 39 robos (28 intercepciones y 11 fumbles) en 16 partidos de temporada regular. Son casi 2,5 por partido. Es una auténtica barbaridad. Por supuesto, esto tiene un efecto directo en el resultado (muchas veces los robos se producen cerca de la zona de marca del equipo contrario, con lo que tú ataque lo tiene más fácil); pero aún más importante es lo que provoca en los equipos contrarios, que muchas veces tienen que cambiar de estrategia sólo por miedo a la defensa de Seattle, especialmente a su secundaria (la defensa contra el pase).

3. Un ataque devastador

Enfrente, los Broncos han practicado uno de los mejores juegos ofensivos que se recuerdan. Y hay grandes ejemplos con los que comparar. En los últimos años los aficionados a la NFL estamos de enhorabuena. Han coincidido una serie de entrenadores y jugadores que han elevado el nivel del ataque, haciendo una liga aún más entretenida, chispeante, dinámica y espectacular de lo que ya era. ¿Quién no disfruta con un partido de los Patriots de Brady, de los Saints de Brees o de los Packers de Rodgers? Pues bien, lo conseguido este año por los de Denver está entre lo mejor de lo mejor.

Manning y sus Broncos han batido casi todas las marcas posibles. Han sido el equipo con más puntos en una sola temporada: el quarterback con más pases de touchdown; y entre el juego de carrera y el de pase han logrado más yardas que nadie en la historia. Sentarse a ver un partido de Denver este año era una apuesta no sobre quién ganaría (eso se daba casi por hecho), sino sobre el margen de la victoria, los puntos que le metería al contrario y los pases de touchdown que conseguiría Peyton Manning.

Porque además, si en algo destacan los Broncos es en el juego de pase. Las 340 yardas por partido de las que presumen son un registro extraterrestre. Sólo los New Orleans Saints, otro equipo con un ataque devastador, han superado la barrera de las 300 yardas de pase de media (y se han quedado en 307, muy lejos de Denver).

Para aquel que quiera disfrutar, le recomendamos especialmente que se fije con atención en esos drives (secuencia ofensiva de varias jugadas) largos que tanto gustan a Manning. El libro de jugadas de Denver contiene una mezcla explosiva. Primero mete el cuerpo con su enorme variedad de alternativas en el pase de rango medio (10-20 yardas); estas jugadas muy son difíciles de defender en condiciones normales, puesto que duran poco tiempo y es difícil para la línea de ataque llegar a molestar al quarterback, pero cuando el ejecutor es Manning se convierten en letales. Y por si esto fuera poco, cuando el equipo rival pone todos sus esfuerzos en llenar de minas esa zona intermedia que Peyton domina como si fuera el patio de su casa, se puede encontrar con que le machacan con carreras por el centro (la evolución del running back Knowshon Moreno ha sido bastante buena) o con que el genial quarterback le coloca un pase profundo a la espalda del último defensor con la misma precisión milimétrica y frialdad con la que un espadachín avezado despacha a su oponente.

4. ¿Futuro vs pasado?

Probablemente todos aquellos que seguimos la NFL desde hace unas cuantas temporadas, veremos esta Super Bowl con un punto de nostalgia. Peyton Manning ha sido el mejor jugador de la liga en las últimas dos décadas (en nuestra opinión, incluso un poco por encima de otra leyenda como Tom Brady). Y los 37 años que aparecen en su ficha nos llevan a pensar que su retirada se acerca peligrosamente. De hecho, ni siquiera es seguro si jugará la temporada que viene. El jugador no ha querido desvelarlo todavía.

Siga o no siga un año más, está claro que no habrá muchas más tardes de Manning, con sus cambios de jugadas en el último segundo y los pases como flechas al corazón de la defensa rival. En este sentido, somos muchos los que querríamos una victoria para los Broncos, aunque sólo sea para que este genio se retire con al menos dos anillos y el honor de ser el único quarterback de la historia que lleva a dos franquicias diferentes al título.

Manning no sólo ha sido un quarterback genial. También es el representante más genuino de la vieja escuela. La de los directores de orquesta más bien lentos de movimientos, no muy fuertes y que basan su juego en la visión de los espacios, casi siempre desde dentro del pocket (el espacio que queda detrás de sus gordos).

Enfrente, Russell Wilson dirige un ataque completamente diferente, aunque también muy atractivo. Los elogios que se ha llevado la defensa de Seattle no deben hacernos olvidar que su equipo ofensivo se ha mostrado muy solvente, especialmente en el juego terrestre. Wilson es uno de los mejores exponentes del nuevo tipo de quarterback que cada año va ganando terreno en la liga. Son jugadores mucho más atléticos que Manning, Brady o el recordado Montana. Rápidos, fuertes, escurridizos, con un buen brazo para el pase y muy buenas piernas para correr cuando hace falta. Su versatilidad es un reto dificilísimo de resolver para cualquier defensa. El propio Wilson se lanza a correr una media de seis veces por partido (y logra 5,6 yardas por carrera, un registro excelente).

Por eso, el planteamiento es como de película de Hollywood. La vieja gloria, cerca de la retirada, contra la estrella emergente. El jugador más clásico de la liga, contra el nuevo tipo de quarterback. ¿Pasado contra futuro?

5. El factor X

En un deporte como el fútbol americano, con tantas acciones y tantos actores involucrados, es casi imposible hacer un pronóstico. No se recuerda ninguna Super Bowl sin una jugada que rompa el partido de forma inesperada. Un gran pase de 50 metros, un retorno de field goal para touchdown, etc… Es el factor X, que hace este deporte aún más apasionante.

No puede saberse ahora qué será lo que decida la Super Bowl. Eso sí, sabemos que será la más frías de la historia. El MetLife es un campo abierto y las temperaturas previstas en Nueva York para el día 2 apuntan a algunos grados bajo cero. Parece que no lloverá, pero en este ambiente, los errores tontos y los accidentes pueden aparecer con más frecuencia que en un partido normal. Los dos equipos tienen mucha presión encima: unos porque podría ser su última oportunidad (si Manning se retira habrá que reconstruir el equipo) y los otros porque no se han visto en otra igual (es sólo la segunda vez que Seattle alcanza el último partido de la temporada).

No podría haber una presentación mejor para una final. Un ataque imaginativo, valiente y atrevido contra una defensa agresiva, que no se contenta con mantener posiciones y busca el robo y la presión en todos los sectores del campo.

¿Quién ganará? Los favoritos en las apuestas son los Broncos, pero por muy poco, incluso eso podría cambiar de aquí al domingo. Todo está igualadísimo. Probablemente la respuesta la tengan los jugadores de los que menos se hablará durante el partido: las líneas ofensiva y defensiva de cada equipo. Sí, esos tipos gordos que se agachan unos enfrente de otros al comienzo de cada jugada. Muchas veces pasan desapercibidos, pero son los cimientos sobre los que sostener cualquier victoria. Fíjese en ellos, especialmente cuando ataquen los de Colorado.

Si la línea ofensiva de Denver logra proteger a Manning unos segundos, los necesarios para que escanee el campo, ni siquiera la gran secundaria de Seattle podrá detenerlo. Si, por el contrario, los pesos pesados de los Seahawks superan a sus oponentes y ponen cerco al veterano quarterback (ya sabemos que la movilidad nunca ha sido lo suyo), se verá obligado a arriesgar en el pase, con lo peligroso que ya hemos visto que es eso contra la defensa que tendrá enfrente. En este caso, Seattle tendrá todas las bazas en su mano.

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