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'La Cobra' Riccò: de ciclista dopado a heladero

El italiano, que estuvo cerca de morir por una autotransfusión, está sancionado hasta 2023. Para entonces tendrá 40 años. 

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La historia de Riccardo Riccò, conocido como la Cobra, es la de una de las mayores vergüenzas en el ciclismo moderno. Este excorredor de Sassuolo será recordado por su espectacular irrupción en el pelotón hace ya una década, cuando militaba en las filas del Saunier Duval —fue segundo en el Giro de Italia de 2008, sólo por detrás de Alberto Contador—, pero también por dar positivo por CERA (una sustancia dopante que se creía indetectable) en el Tour de Francia aquel mismo año y por una insuficiencia renal, causada por una autotransfusión, que a punto estuvo de costarle la vida en febrero de 2011, debido a que la sangre tenía casi un mes de antigüedad.

Dos años después, en enero de 2013, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) impuso una durísima sanción al ciclista: doce años de suspensión con carácter retroactivo (desde 2011), hasta el año 2023. Aquello suponía el final de su carrera porque, para entonces, la Cobra tendrá 40 años.

Riccò quiso suicidarse tras estos casos de dopaje, según reveló el propio excorredor hace años en una entrevista al diario La Repubblica. "En el fondo, sólo soñaba con ser Pantani, el Pantani del Galibier, el Pantani de Courchevel", según revelaba en aquella entrevista.

Pero los escándalos no terminaron ahí. Hace tres años y medio, en mayo de 2014, el transalpino fue detenido en Livorno al ser sorprendido por la Policía comprando EPO y testosterona en el aparcamiento de un restaurante.

Poco o nada se ha sabido desde entonces de la Cobra —en los inicios de su carrera fue apodado como Il Bisontino—, aunque ahora La Gazzetta dello Sport da a conocer su paradero: Riccò reside desde hace unos años en El Palmar, en la isla de Tenerife. Y allí trabaja como heladero en un local llamado Choco Loco. "Un amigo me enseñó el arte y ahora me dedico a ello. Incluso vendo helados para perros", admite en una entrevista al diario deportivo italiano.

Pero lo cierto es que Riccardo no es feliz haciendo helados. Lo suyo es la bicicleta y, por sorprendente que parezca, quiere volver a la competición cuando finalice su sanción en 2023, pese a que entonces tendrá 40 años. Y es que su mujer, Melissa, cree que la Cobra sólo encontrará la paz interior si vuelve al duro deporte de las dos ruedas. "Hay equipos que me querrían. Y si no, montaría yo uno", asegura el exciclista, uno de los corredores más polémicos del pelotón, a la par que talentoso.

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