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Mundial de Rugby: Supersábado de Súper Rugby

Si nada cambia, Sudáfrica se encontrará en cuartos con el vencedor del Irlanda-Escocia. Australia y Francia tienen un pie en la siguiente ronda.

A. O'Mullony
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Si nada cambia, Sudáfrica se encontrará en cuartos con el vencedor del Irlanda-Escocia. Australia y Francia tienen un pie en la siguiente ronda.
Lance del partido entre Nueva Zelanda y Sudáfrica. | EFE

Día dos de la Copa del Mundo de Rugby. Con sólo el partido inaugural disputado, llegó la jornada más interesante de la fase de grupos. Sobre el papel, la combinación de encuentros más atractiva del calendario. Los cuatro grandes del hemisferio sur, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia y Argentina, junto a Francia y Fiyi. Decenas de jugadores repartidos por las 15 franquicias del Super Rugby, la mejor liga de equipos del mundo. Dos de esas selecciones, All Blacks y Springboks hacían presagiar uno de los enfrentamientos de más calidad del rugby actual. "Final anticipada" o "mejor partido del mundo" fueron algunos de los calificativos más recurrentes entre la prensa internacional durante la semana. Tras el pitido final, como mínimo, es razonable afirmar que no fueron excesivamente exagerados.

Antes, la jornada comenzaba con un Australia-Fiyi en el que los bicampeones del mundo tuvieron que sufrir para arrancar una victoria contra una selección del Pacífico cada torneo más seria y conjuntada. Los campeones olímpicos de rugby a siete ya no son aquel grupo de amigos que se junta cada cuatro años para jugar un Mundial. Radradra, Tuisova o Yato son jugadores de primer nivel mundial, indiscutibles en sus equipos del Top 14 francés.

Los fiyianos de hoy son velocísimos, con un juego de descarga incomparable, inalcanzable incluso para sus vecinos neozelandeses. Llegan con una fuerza al contacto que Australia se vio humanamente incapaz de contrarrestar, como se hubiese visto cualquier otro combinado presente en el torneo. Durante la primera mitad fueron imparables. En la segunda, la historia cambió paulatinamente. La capacidad e intensidad física dejaron paso a la imprecisión, y el mayor oficio y juego en equipo de los actuales subcampeones del mundo acabaron por imponerse hasta dibujar un marcador (39-21) que no refleja la realidad de un partido, durante al menos 50 minutos.

Tras la primera batalla, el Francia-Argentina empezó con unos niveles inferiores de dureza y apuntaba a estar visto para sentencia al descanso (20-3). Por fin, a Francia parecía funcionarle el plan, como casi nunca en los últimos Seis Naciones. Los primeros 40 minutos fueron de absoluto dominio galo, de aquel "rugby champán" de antaño, llevado a su máxima expresión. Enfrente, unos Pumas desarbolados, inoperantes, como casi nunca en los últimos Rugby Championships. Como nunca en la Copa del Mundo. Una primera parte en la que siquiera el hecho de compartir vestuario durante todo el año en los Jaguares parecía reflejarse en la actuación conjunta de unos jugadores albicelestes poco menos que irreconocibles.

A la vuelta de los vestuarios todo cambió. Argentina recuperó su juego de delantera habitual, su carácter, y en el minuto 53 ya había logrado dos ensayos de maul, que no frenaron su crecimiento. Francia, a lo suyo, hacía recordar aquella derrota ante Irlanda del año pasado en Paris o el 16-0 remontado por Gales de hace unos meses, especialmente cuando Urdapilleta pateó un golpe entre palos para colocar a los Pumas 18-20 a 12 minutos del final. Alcanzar la ventaja por primera vez en el encuentro dio tranquilidad a los albicelestes y necesidad de
arriesgar a los bleus que, a las puertas de una nueva derrota en los últimos minutos del partido, anotaron un drop por medio de su apertura, Camille López. Los tres puntos dejaron el marcador en el definitivo 21-20, invariable tras los golpes fallados por Ntamack y Boffeli desde 50 metros en el último minuto.

Al fin, aunque al segundo día de campeonato, el partido más esperado de la primera fase del Mundial. Dos estilos antagónicos, todos los tópicos utilizados y por utilizar. Al cabo, los actuales campeones frente al equipo más en forma del primer nivel internacional. El rugby total de los de Hansen ante el físico de los de Erasmus. Así se desarrolló el partido: empuje aplastante de los Springboks en cada fase del encuentro, contrarrestado por uno de esos cambios de marcha implacables de los All Blacks, que anotaron dos ensayos en un sublime pasaje de cinco minutos. 17 puntos fugaces que pudieron ser más y no sólo eclipsaron el 0-3 inicial, sino que además cimentaron el 23-13 final.

Juego colectivo, eléctrico, de continuidad, con el mejor jugador del mundo en 2016 y 2017 como jefe absoluto de operaciones. Ni siquiera la cada día más cimentada propuesta sudafricana –primera vez repetía convocatoria en 51 partidos–, asfixiante en defensa a ratos, resultaba suficiente cada vez que Beauden Barrett, que cedió el 10 a Richie Mo'unga y jugó de zaguero, se acercaba al oval y lo alejaba de los delanteros boks. Salvo sorpresa inimaginable, habrá que esperar al menos otros cuatro años para que los neozelandeses pierdan su primer partido en la fase de grupos en la historia de la Copa del Mundo.

Si nada cambia, Sudáfrica encontrará en cuartos al vencedor del Irlanda-Escocia. Por su parte, Australia y Francia tienen un pie en la siguiente ronda. No tan propicio es el panorama de Fiyi, que tendría que vencer a Gales y esperar que los británicos hagan los propio ante Australia, mientras que Argentina se la jugará ante su enemigo íntimo, Inglaterra, en dos semanas.

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