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Alejandro Valverde: un genio dice adiós

El 'Bala', un ciclista único, cuelga la bicicleta.

El 'Bala', un ciclista único, cuelga la bicicleta.
Alejandro Valverde, un ciclista único | EFE

Alejandro Valverde (Las Lumbreras de Monteagudo, 42 años) atravesó la línea de meta de Como en sexta posición poniendo fin a su participación a la 116 edición de Il Lombardía y a más de 20 años de carrera profesional.

Eran las 16.40 de la tarde. Momento histórico para el ciclismo español. Un "ciclista único", "El Bala", estaba diciendo adiós a una trayectoria brillante de 133 victorias.

Una retirada emocionante de un corredor que desde niño hasta nuestros días ha ido unido a la palabra "victoria". Un ejemplo de clase prematura que se confirmó hasta la retirada, de genética y de amor por la bicicleta. Son aspectos que recuerdan todos los técnicos que han pasado por la vida ciclista del ciclista, desde los 9 años, con su primer éxito, hasta los 42, cuando cerró su palmarés en O Gran Camiño el pasado mes de febrero.

"Tu pequeño será el mejor"

Un chaval gordito y de tez blanquecina, de 9 años, un tal Alex entonces, fue la esperanza de su padre, Juan Valverde, para tener un hijo ciclista. El otro de sus tres hijos, Juan Francisco, no tuvo inclinación por el ciclismo. Juan padre habló con Antonio, presidente del Club Ciclista Puente Tocinos, quien le hizo al chaval su primera licencia de corredor ciclista. "Tu pequeño será el mejor", vaticinó.

Con su padre como primer ídolo, y heredando su genética, enseguida debutó en una carrera disputada en Jumilla con un segundo puesto que le amargó el día. Quería ganar, pero "El lagarto", un niño de Cieza, lo impidió. Lejos de hundirse, Alex clamó venganza y le prometió a Antonio que ganaría él en Yecla en la próxima carrera. Dicho y hecho, ganó.

El proyecto de campeón ya estaba en marcha. Valvarde, aún Alex, pasó por la escuela de ciclismo de Santomera de los 10 a los 14 años, ganando todas las carreras. Había nacido "El Imbatido", condenando a todos sus rivales a ir a las carreras con el único aliciente de ser segundo.

A las órdenes del general López

Valverde fue dando pasos de gigante. Se enroló en el equipo cadete del azulejos Joaquín Ramos. Su primer director deportivo fue el "general" Manuel López, carpintero de profesión y famoso por su estricto sentido de la disciplina. La mejor madera cayó en sus manos, la madera de campeón. Bajar de peso se convirtió en un objetivo del técnico, que soportaba burlas de colegas de otros equipos que despejaba con ingenio. "Si os gana estando gordo, ¿para qué queréis que adelgace?.

Las primeras carreras fuera de Murcia las disputó Valverde en el País Vasco, donde acudió con el 'general' solo, sin compañeros, ya que no había recursos para llevar más corredores. En el norte ganó dos carreras y un rival le pidió, ante la sorpresa de Alex, un autógrafo porque vio en el murciano "un campeón del futuro".

"Le vi su calidad desde el minuto uno y le dije que se lo tomara en serio porque ya era profesional", relató. También el inolvidable y malogrado Mariano Rojas lo vio venir de lejos: "Manolo, cuida a este chaval porque corredores de esta raza no quedan".

López sabía lo que tenía entre manos, pero retrocediendo en el recuerdo saca alguna "pega", como recoge el libro "A por más" (Ed. Lid).

"Si hubiese tenido la cabeza de Eddy Merckx para ver y leer las carreras, su palmarés sería el doble", afirma. El técnico de aquella época explicaba que "Alejandro prefería llegar al final con más corredores para dar el hachazo y ganar, pero es que los rivales esperaban a que atacara él". López vendía lotería para sufragar los gastos del equipo.

En el primer año de cadete Valverde obtuvo 19 triunfos en 25 carreras, en el segundo el equipo del Bala ganó 34 de 36, 19 de ellas Alex. Llegaron los primeros premios en metálico. Su tutor se llevó otro disgusto: el incipiente ciclista dejó los estudios con 15 años al terminar la EGB en el Colegio Juan XXIII de Las Lumbreras. Nadie le convenció para no abandonar los libros.

Ya más estilizado y como juvenil, siguieron los éxitos, tanto en ruta como en pista. En carretera fue campeón nacional y en pista campeón de España de velocidad, persecución e individual en superficie de madera.

"Era su forma de ser, de juvenil ya era un líder inabordable. Si le dejabas oler la meta estabas perdido. Los rivales le tenían miedo porque estaban resignados a luchar por la segunda plaza", recuerda López.

Amateur con Echavarri en Banesto

Valverde pasó de juvenil a amateur en el Banesto de José Miguel Echavarri, pero solo aguantó un año en el equipo navarro. Eso de desplazarse de Murcia a Navarra para competir no le gustaba un pelo a Juan Valverde.

Surgió otro hombre clave en el proceso de creación de un campeón, Paco Moya, director del Kelme aficionado, quien tuvo que convencer al patrón de la empresa, Pepe Quiles: "Oye, Pepe, este ciclista es un cañonazo, tiene una enorme proyección, hay que traerlo ya".

Cuando se puso el maillot verdiblanco del Kelme, el patrón lo presentó así: "Con todos ustedes Alejandro Valverde, futura figura mundial". En la formación alicantina nació Balaverde, "El Bala".

Vicente Belda, su mentor

Primera carrera grande de Valverde, y primer tiro al aire, pues en la decimoquinta etapa de La Vuelta a España, camino del Angliru, abandonó la prueba.

Solo un año después, en 2003, Valverde fue la revelación de la temporada, tercero en La Vuelta con triunfos en Envalira y La Pandera y plata en el Mundial de Hamilton (Canadá). En total 9 victorias. El murciano ya iba desbocado. En 2004 ganó 13 carreras y recibió la llamada del Illes Balears de Echavarri y Unzue, además de un cheque de unos 150.000 euros que le llevaron de nuevo al conjunto navarro en 2005.

"Para mí ha sido el corredor español más completo de la historia, sin duda. Hay que tener en cuenta que estuvo dos años parado, si no, su palmarés sería más amplio. Hablamos del corredor más completo porque ganaba subiendo, bajando, hacía buenas cronos. Por ejemplo, Contador ha ganado grandes, pero no clásicas", comentó el extécnico alicantino.

Cumple el sueño del Tour

Todo ciclista sueña con correr el Tour algún día. Ese sueño se le cumplió a Valverde en 2005, con 25 años. Allá acudió como líder del Illes Balears, el equipo que con otro nombre encumbró a Perico Delgado y Miguel Indurain, su ídolo de siempre.

Aquel año hubo una de cal y otra de arena. En Courchevel le ganó un mano a mano a Lance Armstrong y se llevó la etapa. Un latigazo y adiós. Sin más. Tres días después se presentó la cruz. Se retiró.

Eusebio Unzué, quien ha dirigido a Valverde desde el Illes Balears hasta su retirada en Lombardía, se refiere al murciano en los siguientes términos.

"Valverde es un corredor especial, tocado por una varita mágica, diferente, único, capaz de ganar en cualquier tipo de prueba. Un corredor sin precedentes en el ciclismo español", dice el técnico navarro.

Esa capacidad de ganar se refleja en 133 victorias, de todos los colores: 1 Vuelta a España, tercero en Tour y Giro, 8 podios en las grandes, 1 Mundial, 4 Liejas, 5 Flechas Valonas, 12 etapas en la Vuelta, 4 en el Tour, 4 veces campeón nacional...Un palmarés que habla por sí mismo.

Coinciden los técnicos es que "es muy difícil encontrar un ciclista que apenas tenga altibajos desde que pasó a profesionales y que rinda de febrero a octubre". Ese aspecto diferencia a Valverde, además rentable para el equipo e inmejorable para el patrocinador.

Una estrella que conoció la oscuridad

Dice un proverbio chino que "Las estrellas no pueden brillar sin oscuridad". Valverde, antes de su tercer puesto en el Tour de Francia 2015, éxito que valora como oro puro, y de su cumbre en el Mundial 2018 disputado en Innsbruck, también conoció su periodo oscuro, e incluso sacó de quicio a algún director por sus despistes en carrera.

En la Vuelta 2008, subiendo el Puerto del Caracol, en Cantabria, asomó la lluvia. El murciano, en vez de mandar al coche de equipo a un gregario para llevarle un chubasquero, bajó él mismo. Cuando se quiso dar cuenta los rivales ya habían volado.

"Me lo hubiera comido allí mismo", recuerda Unzue. En vez de servirse de un compañero. prefirió hacer él mismo el esfuerzo.

Dos años sin competir

La Operación Puerto antidopaje frenó en seco a Valverde durante 18 meses. El CONI italiano le puso el semáforo en ámbar y la UCI en rojo. Parón del 1 de enero de 2010 hasta el mismo día de 2012. Un suplicio para una bestia competitiva, un barbecho que fue complicado de atravesar.

"Alejandro se superó en la adversidad, fue capaz de hacer tantos kilómetros como en una temporada normal de competición y además tuvo más tiempo para disfrutar de sus hijos, descubriendo los entrenamientos por la playa con la grupeta", recordaba su hermano Juan Francisco en el libro olímpico "A por más".

Aquel enero de 2012, en el Tour Down Under, volvió a competir y a ganar. En la colina de Willunga, al otro lado del mundo, se llevó la etapa reina, en la primera carrera tras el ostracismo. Volvía el "Imbatido". "Desde la categoría infantil hasta ahora he dado muestras de mi calidad", dijo.

Tour y Mundial, asignaturas aprobadas

Algo quedaba pendiente en el palmarés de Valverde, esas espinas que pinchan en el cuerpo y la mente debían ser desalojadas. El 26 de junio de 2015 Valverde se secaba las lágrimas en los Campos Elíseos de París, había terminado tercero, interpretado como un título.

Un año después logró el mismo puesto en el Giro de Italia en el año de su debut y en 2018, la locura. Llegó un maillot arcoíris en el momento tal vez menos esperado. Después de 6 medallas mundialistas, 2 de plata y cuatro de bronce, llegó el oro en Innsbruck. Tocó el cielo con las manos. Definitivamente.

Después llegaron otros momentos de bajón, de depresión, de no tener ilusión por nada, pero superó la dificultad para afrontar los últimos años de su vida profesional. "Valverde, si quiere, puede llegar a competir con 40 años", dijo Unzue antes de los Juegos de Río 2016. Con 42 acaba de decir adiós en Il Lombardía, en buen estado de forma y con buenos resultados. El Bala se detiene. Un ciclista único.

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