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La Vuelta a España, 90 años: una identidad que se renueva

La ronda española es uno de los galardonados por la APDM dentro de la décima Gala que se celebrará el próximo lunes en Madrid.

La ronda española es uno de los galardonados por la APDM dentro de la décima Gala que se celebrará el próximo lunes en Madrid.
Valverde se lleva la segunda etapa de la Vuelta a España | LD/Agencias

Noventa años después de su nacimiento, La Vuelta a España mantiene intacta su esencia. No como una reliquia del pasado, sino como una carrera viva, reconocible y en permanente evolución. La Vuelta no se explica desde la nostalgia, sino desde la coherencia de un modelo que ha sabido crecer sin perder personalidad.

Así lo entiende Javier Guillén, que habla de la ronda española con la naturalidad de quien sabe que gestiona algo que no le pertenece del todo. "La Vuelta es un sentimiento, un orgullo y una responsabilidad", reflexiona. "Es una carrera con identidad propia. No digo que marquemos tendencia, pero sí que servimos de inspiración".

Esa identidad se apoya en dos pilares que se repiten en su discurso como una convicción profunda: emoción e incertidumbre. "Seguiremos potenciando este modelo", insiste Guillén, "porque es lo que conecta con el aficionado y da sentido a la competición". No es una consigna teórica. Es una forma de diseñar recorridos, de contar la carrera y de entender su relación con el público.

Hoy, La Vuelta se ve en 190 países y alcanza a más de 400 millones de espectadores. Cifras que confirman su dimensión global, pero que no ocultan su raíz. "No hay mejor deporte que el ciclismo para dar a conocer el territorio", subraya Guillén. "Paisajes, ciudades, cultura… La Vuelta es una ventana extraordinaria de España hacia dentro y hacia fuera".

Corredores, historia y reinvención

Desde aquellos pioneros de 1935 hasta las grandes figuras contemporáneas, La Vuelta se ha construido alrededor de sus protagonistas. "Los corredores son lo más importante", recuerda Guillén, citando nombres que han marcado época y han dado prestigio a la carrera: Deloor, Rominger, Heras, Contador, Roglič o Froome. "A Chris le tengo un cariño especial por cómo se volcó con La Vuelta", añade, en una mención que habla de complicidad y compromiso.

La capacidad de reinventarse explica buena parte de su longevidad. El cambio de fechas a septiembre, la apuesta por finales decisivos, la internacionalización del recorrido o la manera de narrar la carrera desde la televisión han consolidado un sello propio. "La emoción hasta el último día no es un eslogan", apunta Guillén. "Es una manera de entender el ciclismo".

2026: continuidad y ambición

Esa filosofía tendrá continuidad en la edición de 2026, concebida -en palabras de su director- para "mantener el interés de la carrera hasta el final". Una Vuelta de marcado perfil internacional, con presencia en varios países, protagonismo de la montaña, una contrarreloj larga y etapas diseñadas para ofrecer alicientes diarios. "Será una Vuelta de calidad, pensada para el espectador, fiel a nuestra idea de emoción e incertidumbre", explica Guillén, convencido de que el recorrido volverá a enganchar a la afición.

La edición de 2026 refuerza además una idea clave: La Vuelta como gran escaparate deportivo y territorial, capaz de unir exigencia competitiva y relato. "Miramos siempre al futuro", resume Guillén, "con la ambición de ofrecer un gran espectáculo".

Madrid, vínculo permanente

En esa historia de 90 años, Madrid ocupa un lugar central. Ciudad de salidas, llegadas, celebraciones y símbolos, la capital ha estado ligada a La Vuelta desde su origen y sigue siendo una referencia estructural. "Madrid forma parte del ADN de la carrera", señalan desde la organización. No solo como escenario, sino como espacio de proyección, de cierre de ciclos y de conexión con la ciudadanía.

La relación con Madrid no es circunstancial ni episódica: es una alianza sostenida en el tiempo, que ha acompañado a La Vuelta en sus grandes momentos y que seguirá siendo una pieza clave de su identidad futura.

Un reconocimiento con significado

En este contexto cobra especial valor el reconocimiento de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid. Un premio que llega tras una edición compleja y que Guillén agradece con perspectiva. "Tiene un significado muy especial", admite. "Más aún después de lo sucedido en la última edición. Pero nada de eso puede empañar 90 años de historia".

Y concluye con una idea que resume el espíritu de la carrera: "Que la APDM reconozca a La Vuelta es reconocer a todos los que la han hecho posible durante nueve décadas. Corredores, organizadores, ciudades, aficionados y periodistas. La Vuelta es de todos. Y eso es lo que la mantiene viva".

Noventa años después, La Vuelta no se detiene. Sigue pedaleando con fuerza. Con identidad, con ambición y con la misma vocación que la ha convertido en una de las grandes citas del ciclismo mundial.

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