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Señalar el camino

Reflexión sobre las palabra de Louzán en la pasada Gala Premios APDM, anunciando que la final del Mundial 2030 se jugará en España.

Reflexión sobre las palabra de Louzán en la pasada Gala Premios APDM, anunciando que la final del Mundial 2030 se jugará en España.
El presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, en la Gala Premios APDM. | EFE

Las declaraciones de Rafael Louzán durante la reciente Gala Premios APDM no fueron un desliz retórico. Sean o no una maniobra calculada -eso quedará para el juicio del tiempo-, responden a una necesidad que el fútbol español llevaba demasiado tiempo posponiendo: señalar el camino.

Porque en una comunidad compartida, como la que integran Portugal, Marruecos y España en el marco del Mundial 2030, el equilibrio se construye. Y se construye reconociendo el peso real de cada parte. No es una cuestión de arrogancia, sino de lógica. España asume el 55 % del gasto total, frente al 30 % de Marruecos y el 15 % de Portugal. Un dato objetivo que debería traducirse, de manera natural y proporcional, en mayor presencia, mayor capacidad de influencia y mayor protagonismo en la gobernanza del proyecto. En iniciativas de esta envergadura, la responsabilidad financiera y el peso en la toma de decisiones deben avanzar en paralelo.

Delimitar terreno no es levantar muros. Es fijar un marco de convivencia claro, basado en el respeto mutuo y en la buena vecindad. Pero la buena vecindad no puede confundirse con el atropello, la dejación, ni con la mercadería. Tampoco con el regate corto en despachos donde se deciden cuestiones estratégicas. La cooperación, la convivencia, exige reglas; la ambigüedad, el dejar hacer, tarde o temprano, acaba generando fricción.

Y luego está el factor que no se puede improvisar ni eludir: el peso histórico. España no solo ha sido protagonista en el terreno de juego a lo largo de la historia del fútbol mundial, tanto a nivel de clubes como de selecciones nacionales, sino que ha demostrado, una y otra vez, una capacidad contrastada para organizar grandes acontecimientos. No todo vale. En un evento de la dimensión de un Mundial, el resultado económico es muy relevante, pero tan decisivo como este es el impacto en la imagen global, la solvencia organizativa y la credibilidad internacional del proyecto.

Que el presidente de la Real Federación Española de Fútbol lo manifieste en público no es casual. Es una señal. Un aviso a navegantes de que España está dispuesta a sumar, pero no a dejarse llevar. A compartir, pero no a desaparecer. Y, fundamentalmente, a ejercer el liderazgo que le corresponde sin complejos.

En este contexto, la FIFA no debería limitarse a observar. Como árbitro del proceso, le corresponde aplicar reglas coherentes con la contribución real de cada país, garantizar un reparto equilibrado de responsabilidades y velar para que la diplomacia no sustituya a la equidad. Porque un Mundial compartido exige cooperación; pero, ante todo, exige coherencia.


* Gerardo González Otero, exsecretario general de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), es CEO de la empresa de consultoría, comunicación y organización de eventos G2O Publisport

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