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El efecto Afterburn: el secreto para quemar grasa sentado en la oficina hasta 48 horas

Hacer deporte temprano mejora la sensibilidad a la insulina y libera dopamina, venciendo el cansancio crónico que sufre el 70% de la población.

Hacer deporte temprano mejora la sensibilidad a la insulina y libera dopamina, venciendo el cansancio crónico que sufre el 70% de la población.
Pexels/CC0/Los Muertos Crew

No es solo cuántas calorías quemas mientras sudas, sino cuántas sigue consumiendo tu cuerpo mientras estás sentado en la oficina. En la actual ciencia del deporte, el foco ha pasado de la duración a la intensidad, rescatando un fenómeno biológico clave: el EPOC o Exceso de Consumo de Oxígeno Post-ejercicio, popularmente conocido como efecto Afterburn. Este proceso es la clave para "resetear" el organismo cada mañana, transformando una sesión corta pero explosiva en un motor de quema de grasa que dura hasta 48 horas.

Esto es importante porque, según el Barómetro del cansancio, más del 70% de la población se siente exhausta nada más abrir los ojos. Aunque solemos culpar al estrés o al insomnio, la raíz suele estar en nuestras mitocondrias, las centrales energéticas de las células, que no están funcionando a pleno rendimiento.

De hecho, según los expertos, la capacidad de producir energía de estas células es un 40% mayor por la mañana que por la noche. Por ello, lo que hacemos en la primera hora tras despertar marca el tono metabólico de todo el día.

El protocolo de activación: Luz, frío y movimiento

Para poner en marcha estas centrales eléctricas, lo ideal es seguir un protocolo que rompe con los hábitos modernos (como mirar el móvil nada más despertar, algo que hace el 80% de la población):

  • Luz solar "sin filtros": Exponerse al sol entre 10 y 30 minutos sin gafas de sol ni cristales de por medio para sincronizar los ritmos circadianos.

  • Termogénesis por frío: Terminar la ducha con 30-90 segundos de agua fría. Esto estimula la energía celular y reduce la inflamación.

  • Ayuno estratégico: No desayunar de inmediato para alargar la reparación celular nocturna.

'Afterburn': el botón de encendido metabólico

El ejercicio matutino de alta intensidad es el estímulo definitivo para la biogénesis mitocondrial. Al realizar esfuerzos que lleven al corazón a trabajar entre el 70% y el 85% de su capacidad, obligamos al cuerpo a entrar en una fase de recuperación activa prolongada.

Durante las horas posteriores, el organismo trabaja intensamente para reequilibrar hormonas, reparar fibras y bajar la temperatura corporal, consumiendo energía extra de forma pasiva. Según estudios publicados en el European Journal of Applied Physiology, esto puede elevar el metabolismo basal hasta en un 15%. Por ello, aunque el rendimiento físico máximo (fuerza y movilidad) suele alcanzarse por la tarde debido a la temperatura corporal más alta, el entrenamiento matutino gana en constancia y salud metabólica.

¿Mañana o tarde? Comparativa de entrenamiento según la ciencia

  • Entrenamiento Matutino: Cuenta con una serie de beneficios como que es ideal para consolidar el hábito, ya que hay menos interferencias laborales o sociales. Favorece la quema de grasa si se realiza en ayunas y mejora la sensibilidad a la insulina. Además, estimula la liberación de neurotransmisores (dopamina y serotonina) que garantizan mejor humor y productividad durante el resto de la jornada. Pero también tiene inconvenientes como que el cuerpo despierta con las reservas de glucógeno bajas y los músculos más rígidos, por lo que exige un calentamiento más largo y concienzudo para evitar lesiones. El rendimiento de fuerza pura suele ser ligeramente inferior.

  • Entrenamiento Vespertino: El vespertino, por su parte, es beneficioso porque el rendimiento físico suele ser máximo, ya que la temperatura corporal es más alta y los tejidos tienen mayor extensibilidad. Es un momento excelente para el desarrollo muscular debido a picos naturales de testosterona. Ayuda a liberar el estrés acumulado durante el día. No obstante, no es positivo porque si la intensidad es muy elevada cerca de la hora de dormir, el aumento de cortisol puede fragmentar el sueño y alterar el ritmo circadiano. Además, es más fácil abandonar la rutina por cansancio mental tras la jornada laboral o por compromisos sociales de última hora.

Para quienes decidan sumarse a la revolución matutina, la clave no es la duración, sino la calidad del esfuerzo. Bastan 20 minutos de intervalos (HIIT) o una rutina de fuerza explosiva con el propio peso corporal. Como señalan los expertos, la constancia es el factor que realmente impulsa el rendimiento a largo plazo. Si logras que tus mitocondrias "entiendan" que el día comienza con energía, el cansancio crónico pasará a ser cosa del pasado.

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