
La victoria de los Lakers en la pista de los New Orleans Pelicans (103-111) dejó números brillantes y sensaciones encontradas. Luka Doncic volvió a firmar una actuación digna de MVP, pero la imagen que más comentarios generó no llegó desde el parqué, sino desde el banquillo. El motivo es que, en un tiempo muerto decisivo, el base esloveno pasó por alto las indicaciones de su entrenador, JJ Redick, centrando toda su atención en protestar de forma airada a los árbitros.
Las cámaras captaron el momento con claridad. Mientras Redick trataba de dar instrucciones, Doncic gesticulaba, hablaba con los colegiados y apenas miraba al cuerpo técnico. Los comentaristas de la retransmisión no tardaron en señalarlo: gran parte del tiempo muerto transcurrió con el '77' reclamando decisiones arbitrales en lugar de atender a su entrenador.
El episodio se produjo en un partido que, lejos de ser cómodo, se había convertido en una prueba de nervios para los Lakers. De hecho, en el último cuarto, el equipo angelino llegó a ir por detrás en el marcador ante el peor conjunto del Oeste, una situación que disparó la presión en el banquillo. Era un encuentro marcado como obligatorio de ganar, y cualquier error podía tener consecuencias.
En ese escenario, la actitud de Doncic cobró aún más relevancia. No se trató solo de una protesta puntual, sino de un gesto que evidenció desconexión con el banquillo en un momento clave del partido. Para un entrenador que ya había lanzado mensajes de advertencia semanas atrás, la escena no pasó inadvertida.
El origen del enfado
Luka Doncic to the ref after Zion hit him in the groin area 😅
"He hit me in the balls... and you saw" pic.twitter.com/6hKylvuhbw
— Fullcourtpass (@Fullcourtpass) January 7, 2026
El detonante de la reacción del esloveno fue un golpe fortuito recibido por parte de Zion Williamson. Visiblemente molesto, Doncic reclamó de forma insistente una falta, llegando a expresar su enfado de manera explícita. A pesar de la intensidad de las protestas, los árbitros optaron por no sancionarle con falta técnica, lo que evitó un castigo mayor para su equipo.
Sin embargo, la ausencia de sanción no eliminó el debate. Tanto que el problema no fue la protesta en sí, sino el hecho de que se produjera durante un tiempo muerto, el espacio reservado para ajustar tácticas y reforzar mensajes colectivos. Ahí es donde el gesto adquirió una dimensión diferente.
El genio que marca diferencias
En lo estrictamente deportivo, Doncic volvió a ser determinante. Firmó 30 puntos y 10 asistencias, incluyendo un triple inverosímil en los minutos finales que terminó de sellar la victoria. Su talento volvió a aparecer cuando más lo necesitaban los Lakers, que atravesaban un tramo delicado del partido.
LeBron James acompañó la actuación con otros 30 puntos, ocho rebotes y ocho asistencias, dejando claro que el dúo funciona sobre la pista. Entre ambos sostuvieron a un equipo que necesitaba una reacción inmediata tras cerrar el año con malas sensaciones.
Liderazgo bajo la lupa
El contraste entre el rendimiento y la actitud es lo que vuelve a colocar a Doncic en el centro del debate. No es la primera vez que su relación con los árbitros genera ruido, pero en esta ocasión el foco se desplazó hacia su relación con el banquillo. Ignorar al entrenador en un momento crítico plantea preguntas sobre liderazgo, control emocional y jerarquía dentro del equipo.
Desde el vestuario, LeBron salió en defensa del esloveno, recordando que es la piedra angular de la franquicia y que el equipo debe adaptarse a su juego. Un mensaje de respaldo claro, aunque no elimina la necesidad de equilibrio entre talento y disciplina.
El triunfo permitió a los Lakers mantener su buen momento y seguir aspirando a lo más alto del Oeste, con la posibilidad de escalar posiciones en los próximos partidos. Sin embargo, la imagen de Doncic pasando de su entrenador dejó una advertencia silenciosa.
En una NBA donde cada gesto se analiza al detalle, los Lakers celebran la victoria, pero saben que el verdadero reto no está solo en ganar partidos, sino en lograr que su estrella escuche tanto como brilla.

