
Más allá de la competición profesional y de figuras como Rafa Nadal, Roger Federer, Carlos Alcaraz o Novak Djokovic, el tenis se ha ganado un lugar destacado en el ámbito de la salud. Diversas investigaciones realizadas en los últimos años, señalan que practicar este deporte de forma regular se asocia con una mayor esperanza de vida y con mejoras notables en la calidad de esos años.
Tanto es así que estos estudios apuntan a que quienes juegan al tenis con frecuencia pueden llegar a vivir varios años más que las personas sedentarias, e incluso superar en beneficios a practicantes de disciplinas tan populares como correr, nadar o montar en bicicleta. La clave no está en un único factor, sino en la combinación de exigencia física moderada, variedad de movimientos y un fuerte componente social.
Un entrenamiento físico muy completo
Desde el punto de vista corporal, el tenis es una actividad especialmente rica. El motivo es que combina esfuerzos aeróbicos y anaeróbicos, alternando momentos de alta intensidad con pausas breves de recuperación. Este patrón, similar al entrenamiento por intervalos, favorece la salud cardiovascular y mejora la capacidad pulmonar.
Pero no solo eso, sino que, al mismo tiempo, fortalece el sistema musculoesquelético. Los cambios de dirección, los desplazamientos laterales y los golpes repetidos estimulan la musculatura de todo el cuerpo y ayudan a mantener la masa muscular funcional. Esto resulta clave a medida que envejecemos, ya que contribuye a prevenir la pérdida de fuerza, la fragilidad y el riesgo de caídas.
También se ha observado que la práctica regular de tenis mejora el equilibrio, la coordinación y la agilidad. Estas capacidades no solo influyen en el rendimiento deportivo, sino que son determinantes para conservar la autonomía en edades avanzadas.
Beneficios para el corazón y el metabolismo
La evidencia científica relaciona el tenis con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Al tratarse de un ejercicio que eleva la frecuencia cardíaca de forma repetida, ayuda a mantener la elasticidad de los vasos sanguíneos y a mejorar la circulación.
Además, se asocia con un mejor control de factores de riesgo como la presión arterial, el colesterol y el peso corporal. El esfuerzo intermitente estimula el consumo de oxígeno y favorece un metabolismo más eficiente, aspectos fundamentales para reducir la probabilidad de padecer diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos.
Mente activa y menor estrés
El tenis no solo exige al cuerpo; también es un reto constante para el cerebro. Durante el juego, el deportista debe tomar decisiones rápidas, anticipar movimientos del rival y ajustar su estrategia en cuestión de segundos. Esta estimulación favorece la memoria de trabajo, la velocidad de procesamiento y la flexibilidad cognitiva.
A ello se suma un efecto positivo sobre la salud mental. Practicar un deporte dinámico y entretenido ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. Algunos estudios incluso han señalado que el sonido rítmico de la pelota al golpear la raqueta puede tener un efecto relajante.
El valor de lo social
Uno de los factores que más distingue al tenis de otras actividades es su dimensión social. Rara vez se practica en soledad: implica rivales, compañeros de dobles, entrenadores o grupos de juego habituales. Esa interacción frecuente fortalece los vínculos sociales y combate la sensación de aislamiento.
La ciencia ha demostrado que mantener relaciones sociales activas es un elemento protector frente a la depresión y un factor asociado a una vida más larga. En este sentido, el tenis combina ejercicio físico con conexión humana, dos pilares del bienestar. En conjunto, esta disciplina no solo ayuda a sumar años, sino a vivirlos con mayor vitalidad física, mental y emocional.

