

En las fiestas anuales que celebra el Partido Comunista Español (PCE) no verán ustedes muchos crucifijos ni imágenes religiosas, tampoco observarán a grupos de jóvenes realizando plegarias en actitud de recogimiento, ni podrán lanzar ningún tipo de alabanza al Señor sin ser calificado de "facha". Ahora bien, si el miembro del Partido trabaja en el ayuntamiento de Córdoba a lo mejor se lo encuentran el domingo en misa.
Por increíble que parezca, la caja de ahorros andaluza que hasta el pasado sábado estaba gestionada por la Iglesia Católica no cobra créditos a Izquierda Unida y el PCE desde hace casi diez años. Resulta que la formación política consiguió el año pasado refinanciar sus préstamos y CajaSur le concedió una prórroga para seguir siendo moroso, pero legal. Lo cuenta en su portada el diario El Economista, que cifra en más de siete millones de euros los créditos impagados.
La explicación es bastante sencilla: IU gobierna en el Ayuntamiento de Córdoba y tiene por lo tanto representación en el consejo de administración de CajaSur, intervenida por el Banco de España. Esto sucede porque las cajas de ahorros son cortijos de los políticos, que sirven a intereses particulares y que esconden actividades de dudosa legalidad, con préstamos a empresarios amigos a cambio de prebendas y favores en el futuro.
Hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) exige a los partidos que saquen sus manos del sector financiero español. Como señala el editorialista de El Economista "hace falta profesionalizar la dirección de las entidades, que deben dejar de servir a objetivos políticos".
Y seguimos con el sector financiero. El Banco de España teme que el FMI y la Unión Europea descubran lo que los inversores saben desde hace mucho tiempo: que los bancos y cajas de ahorros tienen una morosidad oculta que ha sido generada por los préstamos para actividades inmobiliarias. Ahora hay que sacar los cadáveres de los armarios y deshacerse de ellos sin hacer mucho ruido y sin dejar rastro.
Para ello, el organismo que dirige Fernández Ordóñez obliga a las entidades a guardar dinero de los beneficios para afrontar la pérdida de valor de los pisos y solares embargados a las promotoras y constructoras. En el lenguaje técnico se denomina a estos fondos provisiones. Es el tema más importante del día para Cinco Días que titula: "Ordóñez exige a la banca nuevas provisiones por el ladrillo". El diario de Prisa dice que la medida "recortará un 10%" los beneficios de las entidades.
Y para que ustedes vean que el gobernador del Banco de España también se compromete con la austeridad se baja el sueldo. Ahora sólo cobrará 165.000 euros al año, para que ustedes luego se enfaden por ocultar la crisis hasta la victoria de Zapatero en 2008, si es que no se conforman con nada ¿verdad?
A todo esto, no se si se han enterado, pero resulta que "los ayuntamientos deben devolver 2.400 millones de euros a bancos y cajas este año" y, para ello, han decidido "no priorizar el gasto social". No sabemos a qué dedicarán el dinero los alcaldes, esperemos que no decidan irse a Brasil cuando salgan un momento a por tabaco.
Hoy dejamos para el final al periódico económico de referencia. Expansión destaca el "nuevo bandazo del Gobierno sobre la subida de impuestos". Zapatero sigue en sus trece y quiere clavar a las familias de clase media como sea, disfrazando la subida fiscal de una especie de tributo "a los que más tienen". De momento "los fiscalistas insisten en el riesgo de fuga de capitales", aunque más bien habría que emplear el término salida, ya que la fuga tiene connotaciones delictivas.
Y en medio de este batiburrillo sale ahora la ministra de Sanidad a desmentir una información que dio ella misma en TVE y que fue respaldada por el secretario de Estado de Hacienda. Trinidad Jiménez dice que el Gobierno no baraja el copago para aliviar el gasto sanitario. Miente, como hizo su compañera Salgado con el crédito a los ayuntamientos, pero da igual. Aquí los gobernantes hacen lo que les da la gana y no pasa nada. ¿Y qué hace el Poder Judicial? ¿Y el Fiscal General del Estado? Limpiarse la toga que se manchó por el camino.
