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PREVÉ UN AUMENTO DEL PIB DEL 8%

¿Manipula China sus datos de crecimiento económico?

El Gobierno chino estima que el PIB crecerá un 8% en 2009. Sin embargo, los analistas lanzan serias dudas acerca de esta previsión. Mientras que el PIB oficial sube a elevadas tasas, el consumo de electricidad cayó un 2,2% en la primera mitad del año.

Ángel Martín

Como hemos explicado desde LD en alguna ocasión, el origen de la crisis financiera se encuentra en la burbuja de crédito que fue generada por una excesiva expansión de la liquidez del sistema bancario, protagonizada por los bancos centrales. En esta fase, los bancos prestaban el dinero muy barato y alegremente, y los deudores de estas entidades no eran analizados con la suficiente cautela y prudencia.

Esta burbuja se manifestó en múltiples distorsiones en la economía real, siendo la burbuja inmobiliaria su cara más importante. Esta situación de auge inmobiliario tuvo que llegar a su fin: los precios ya eran insostenibles, y la cantidad de viviendas producidas al año no tenía ni pies ni cabeza. La burbuja pinchó y tuvimos que encarar la realidad: la aparente riqueza que se había generado durante los años pretéritos era en buena parte simple humo.

Pues bien, si aceptamos este análisis como válido, la conclusión que se sigue de la observación de algunos de los hechos que están ocurriendo en China, es que el crecimiento elevado del último año de la economía del gigante asiático es insostenible. La burbuja china acabará pinchando, lo que generará consecuencias difícilmente previsibles.

Recientemente, sin embargo, avanzábamos la opinión de Jim Rogers, que se mostraba muy optimista acerca del futuro que le espera a las economías del sudeste asiático en general, y a la china en particular. A pesar de que el Gobierno comunista está tratando de estimular la economía vía gasto público, señalaba Rogers, éste está gastando el dinero de manera más inteligente que los gobiernos occidentales, además de contar con un importante colchón de ahorro del que carece por completo la economía norteamericana.

Al contrario de lo que sostiene el gurú afincado en Singapur, la evidencia parece ir en otra dirección, como también adelantó LD haciéndose eco de las opiniones del analista Vitaliy Katsenelson, quien afirma que el crecimiento chino tras la crisis es artificial, basado en una explosión del crédito y generación de malas deudas favorecidas por el omnipotente Gobierno chino.

El agresivo estímulo chino

La economía china ha crecido durante la última década a una tasa media del 10%, llegando ésta al 13% en 2007 y bajando al 9% en 2008. Ante las preocupaciones que surgieron por la contracción en la que entró el país en el último trimestre de 2008 -basada en varios indicadores como el PIB, la producción industrial, producción de electricidad, caída de exportaciones, etc.-, los números volvieron a florecer en la primera mitad de 2009, aumentando el PIB en una tasa anual del 7% y mejorando aún más en los últimos meses del verano.

En buena parte este crecimiento se ha debido a las agresivas políticas de estímulo del Gobierno, tanto en el ámbito fiscal como en el monetario y crediticio, que según el Banco de Finlandia, han venido a reforzar el modelo productivo basado en inversión y exportaciones. Estas medidas indican la imperiosa necesidad de mantener un crecimiento alto a toda costa, ya que de otra manera las consecuencias para la sociedad china, dado el galopante crecimiento de la economía en años anteriores, podrían ser muy amplias y altamente perjudiciales. La estabilidad social está en juego.

Dudas

Así, los datos muestran una fuerte expansión en las manufacturas, estabilización de la propiedad residencial, aumento de la inversión fija, y subida del consumo debida a fuertes incentivos políticos. De hecho, la estimación de crecimiento del Gobierno chino es del 8%. Aunque la cifra parecía demasiado optimista en el segundo trimestre del año a los analistas de organismos internacionales, rebajándola en 1-3 puntos porcentuales, las más recientes estimaciones realizadas por el FMI y el Banco de Finlandia coinciden con la estimación oficial. 

Ante estos datos, han surgido dos grandes dudas y preguntas por parte de los analistas. En primer lugar, ¿reflejan los datos oficiales del Gobierno chino el crecimiento real de la producción del país o hay algún tipo de manipulación en las estadísticas? Y en segundo lugar, ¿es este crecimiento sostenible a lo largo del tiempo, o es una burbuja que estallará y conducirá a una situación mucho peor de la que están intentando evitar?

¿Manipulación de los datos y estadísticas oficiales?

Acerca de la primera pregunta, numerosos analistas y medios han levantado sospechas y dudado de la credibilidad y fiabilidad de las estadísticas oficiales del Gobierno chino.

Para ponernos en contexto, tengamos en cuenta que, a pesar de las reformas pro-mercado que se han ido produciendo desde las últimas décadas, China tiene una economía planificada, donde el gobierno central y los estatales tratan de llevar su economía con mano férrea hacia los objetivos deseados por la autoridad comunista. No es de extrañar, pues, que posea un notable control sobre los datos que se publican oficialmente, sin contar con que hay ciertos indicadores que no se hacen públicos.

A este respecto, cabe recordar cómo la extinta Unión Soviética consiguió atraer la atención de reputados economistas occidentales de su aparente de éxito económico, mediante en parte la manipulación de sus estadísticas.

Según el vice primer ministro chino Li Keqiang, tras inspeccionar la Oficina de Estadísticas China, "los fundamentos de las estadísticas chinas son todavía muy débiles, y la calidad de las estadísticas debe ser mejorada". ¿Estará haciendo China lo mismo? ¿Hasta qué punto Keqiang está siendo diplomático suavizando la gravedad del problema? Veamos lo que dicen algunos analistas independientes.

Desde The Wall Street Journal dedicaban una columna a esta cuestión, donde comenzaban comparando los datos económicos chinos con las salchichas: "Si usted es un fan, es mejor no inspeccionar cómo se hacen".

Para los analistas de The Economist, esto no sería algo nuevo en el país chino. Así señalan que "es ampliamente aceptado que el crecimiento del PIB fue exagerado durante las dos recesiones anteriores". Un ejemplo de esto ocurrió durante la crisis asiática entre 1989-99, donde China creció a una media del 7,7%, según datos oficiales, mientras que usando indicadores alternativos de la actividad económica, como la producción y consumo de energía, un investigador de la Universidad de Pittsburgh calculó que la tasa de crecimiento real era como mucho del 2%.

¿Crecimiento exagerado?

Curiosamente, como puede observarse en el siguiente gráfico proporcionado por The Economist, el mayor diferencial entre las cifras oficiales y las alternativas tuvieron lugar en 1989, año de las protestas políticas en la Plaza de Tiananmen.

Este hecho quizá daría una pista de las motivaciones de las administraciones chinas para manipular los datos: la necesidad imperiosa de hacer creer a su población que la economía va mucho mejor de lo que realmente va con el fin de evitar desórdenes civiles de calado y conflictos entre trabajadores.


El consumo de electricidad cae

También se ha observado una importante divergencia en el crecimiento chino del primer trimestre de 2009: mientras que el PIB oficial sube a elevadas tasas, el uso de electricidad, "un indicador clave en el crecimiento industrial y una medida difícil de manipular", cayó un 2,2% en la primera mitad del año: "¿Cómo pudo crecer una economía tan dependiente en las manufacturas mientras su sector industrial se redujo?", se preguntan los analistas de Foreign Policy.

Formas de registrar los indicadores oficiales

Lo primero que debería señalarse es que las estadísticas económicas de China se construyen de manera muy diferente a como lo hacen en países occidentales, como Estados Unidos, por lo que, obviamente, las directas comparaciones pueden ser engañosas.

Y es que, el dato del PIB de la economía china no se basa en el gasto -esto es, la suma entre consumo, inversión, gasto público y exportaciones netas- sino en la actividad productiva registrada; mientras que el objetivo de EEUU con su plan de estímulo es empujar el consumo o la inversión, los chinos sólo necesitan generar aumentos en el gasto en la producción.

Así, una parte del plan de estímulo chino que ha hecho incrementar su PIB a altas tasas, son grandes transferencias de fondos desde los planificadores centrales a empresas públicas y nuevos proyectos destinados a las infraestructuras.

Un reciente informe del American Enterprise Institute, donde da cuenta de estos trucos y que está titulado como “China Bogus Growth” (El falso crecimiento de China), sostiene que la economía china llegará al objetivo de crecimiento del 8% que había fijado el Gobierno, básicamente porque esta cifra es muy fácilmente controlada por la propia Administración.

No en vano, señalan, una vez se anunció este objetivo, el Gobierno "comenzó a desembolsar fondos dirigidos a un fuerte incremento en el gasto en infraestructuras", desembolso que se registra como aumento del PIB.

De esta forma, las decisiones de la Administración de liberar fondos llevarán mágicamente a aumentos en el indicador económico de referencia, debido a que estas transferencias son contadas como si hubieran sido gastadas, cuando en realidad pueden mantenerse en caja durante un tiempo. Dicho de otra manera, la mera decisión de financiar un proyecto se contabiliza como si ése proyecto se hubiera llevado a cabo.

Otro aspecto controvertido de las estadísticas chinas es la forma en que se contabilizan las ventas al por menor. Aquí se utiliza el supuesto de que, como todas las mercancías serán vendidas tarde o temprano, el sólo transporte de éstas a los minoristas ya se contabiliza como ventas reales. Así se llega a la paradoja de que los inventarios y productos almacenados por los minoristas son contados como consumidos.

Otros analistas señalan además que "hay amplia evidencia de que las empresas públicas se compran bienes entre ellas mismas, simplemente moviendo los productos de un lado a otro, y que esas transacciones cuentan como ventas al por menor en las estadísticas nacionales".

El músculo de las empresas públicas

Para los investigadores del American Enterprise Institute, el problema principal de este enfoque hacia los datos económicos oficiales de China es que "puede haber retrasos sustanciales en el impacto real de los programas del Gobierno [sobre la economía], además de retrasos sustanciales en el gasto real sobre los bienes transportados a los minoristas". Esto hace dudar de las estadísticas oficiales, y genera cierta incertidumbre acerca de la situación económica real del gigante asiático.

Otro medio que ha entrado en este tema es la prestigiosa revista Foreign Policy, en un artículo titulado “How China Cooks Its Books” (Cómo China cocina sus libros). Además de señalar las distorsiones estadísticas con el PIB, habla de la manipulación de la tasa de desempleo. Mientras que el Gobierno chino sitúa la cifra de población de trabajadores fabriles que se ha quedado en paro tras la crisis en 20 millones, el economista jefe para Asia de Citigroup sitúa la cifra real entre 40 y 50 millones.

El maquillaje del paro

Esto es así porque, como señalan los analistas de Foreign Policy, el Gobierno chino ha impulsado -no de manera exquisitamente voluntaria y libre, como puede imaginarse- una nueva alternativa para los trabajadores: en vez de aceptar el despido regular y obtener la correspondiente indemnización, "dimitir" y así obtener una cantidad de dinero mayor de paga.

Una de las razones de estas manipulaciones son las presiones que se reciben desde el Gobierno central, pero también existen incentivos muy fuertes para que las administraciones locales y provinciales distorsionen los números, con el fin de aparentar que alcanzan e, incluso, superan los objetivos impuestos por el Gobierno. Así es como tienen más posibilidades de ser promocionados en el mundo político chino.

Pero las mentiras y manipulaciones, en China y en el resto del mundo, suelen descubrirse tarde o temprano. La realidad sólo se puede ocultar durante un tiempo; eventualmente llegará un aguafiestas o un evento externo inesperado que pondrá fin a la fantasía donde los manipuladores -en este caso los burócratas chinos, de quienes no se duda de que quizás tengan buenas intenciones y quieran evitar males mayores- habían tratado de refugiarse.

En una segunda parte trataremos sobre la segunda cuestión que planteamos al principio del artículo: en caso de que los datos oficiales sean más o menos fieles a la realidad y sea cierto que China está creciendo a elevadas tasas, ¿es este crecimiento sostenible a lo largo del tiempo, o es una burbuja que estallará y conducirá a una situación mucho peor de la que están intentando evitar?

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